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ENTREVISTA Diario La Prensa: Gioconda Belli “Esto va para monarquía”

Ver video de introducción en el siguiente link:

La escritora habla de sus años en el Frente Sandinista, de la inminente cuarta presidencia de Daniel Ortega y de la primera vicepresidencia de su examiga, Rosario Murillo.

Por Fabrice Le Lous

Bajo cielo encapotado, la terraza llena de verdor de la casa de Gioconda Belli, a las afueras de Managua, es el lugar perfecto para escribir. La semana pasada, sin embargo, la poetisa y novelista se escapó a un paisaje insuperable para enfrascarse de lleno en su nueva novela: una isleta de Granada. “Avancé mucho”, dice, y aunque no quiere revelar de qué trata el manuscrito, adelanta que el personaje principal es un ancestro suyo. Belli comenzó a escribir novelas en 1985. En esos años era militante del Frente Sandinista y amiga de Rosario Murillo. Consideraba enemigos a quienes criticaran el partido y pensaba que Nicaragua iba hacia el mejor de los caminos. “Para mí la revolución terminó en 1990”, dice ahora.

 

En esta entrevista, desde la blanca y cómoda sala de su casa, Belli recuerda los tiempos de la revolución y su degradación. Ofrece su punto de vista sobre la Nicaragua actual, con Daniel Ortega todavía presidente y su esposa, Rosario Murillo, candidata a la Vicepresidencia en los comicios de noviembre próximo, y asegura que eso que llamó hace unos años “la dictablanda de Ortega”, ahora no es dictadura, sino “monarquía”. Antes, eso sí, la autora nos cuenta de su actualidad y de su regreso a Nicaragua en 2013, pues vivió por más de 20 años en los Estados Unidos.

 

¿Qué hace hoy Gioconda Belli? ¿Sigue escribiendo?
Estoy trabajando en una novela que se desarrolla en el siglo XIX. Es sobre un ancestro mío que vino de Francia, entonces he tenido que meterme a estudiar bastante, pero no te puedo decir más.

 

¿Ya está viviendo aquí? Porque entiendo que vivió un tiempo en los Estados Unidos…
Sí, de 1990 a 2013 viví en Los Ángeles, pero venía cada tres meses. Nunca me despegué de Nicaragua. Tengo una relación muy profunda con este país. Es bien difícil vivir en un idioma y escribir en otro.

 

¿Por qué se fue a Los Ángeles?
En el 90 me fui con mi esposo (Charles Castaldi) porque yo tenía un trabajo portátil, él ya no quería ser periodista y quería seguir su sueño, que era el cine, y aquí no podía. Él y yo nos conocimos aquí porque yo era vocera del Frente Sandinista en la campaña de 1984, encargada de la publicidad, y él era periodista de NPR (Radio Pública Nacional de los Estados Unidos). Yo atendía mucho a la prensa extranjera y me entrevistó. Nos caímos bien. Me entrevistó de nuevo y nos caímos mejor, y así fue (ríe).

 

¿Cómo encontró a Nicaragua en 2013?
Es que yo quisiera dejar bien claro que jamás sentí que me fui de Nicaragua. Durante todo ese tiempo yo estuve constantemente viniendo a Nicaragua y pasaba la mitad del tiempo allá y la mitad del tiempo aquí, entonces yo no siento que hubo un rompimiento de mi afecto con Nicaragua. Por eso no es como que vine y de repente me encuentro con un país así. Además yo estuve involucrada políticamente con muchas cosas. Trabajé en la campaña de Herty (Lewites) por ejemplo, en 2006. Trabajé en la campaña de 1996 con Sergio Ramírez, del MRS (partido Movimiento Renovador Sandinista).

 

Cuando se fue a los Estados Unidos, ¿ya tenía reconocimiento por sus novelas?
Escribía más poesía. Empecé a escribir novelas en 1985. Después de las elecciones del 84 yo sentía una gran necesidad de escribir algo diferente de la poesía. Entonces decidí tomar medio tiempo en el trabajo, porque me dije: “Lo que escribo nadie más lo puede escribir. El trabajo que hago lo puede hacer otra persona”. Yo estaba en el Sistema Nacional de Publicidad, después de las elecciones. Hacíamos las campañas del Estado, de salud, pero también con la empresa privada. No me gustó el trabajo de administrar, porque yo soy bien creativa. Me gusta el trabajo de la publicidad creativamente. Trabajé mucho en la propaganda del Frente (Sandinista).

 

¿Qué sintió cuando las instrucciones pasaron de hacerle propaganda al Frente a hacérsela a Daniel Ortega?
A mí me parecía que lo original de la revolución era precisamente que no había una persona en la dirección, sino que era una dirección colectiva. Ese fue un aporte de la revolución nicaragüense a la historia de las revoluciones. Entonces en 1984 cuando se plantea que vamos a romper ese esquema y vamos a concentrarnos en una persona de los nueve, yo tuve mis contradicciones, pero después uno hacía lo que se decidía colectivamente.

 

¿Cómo se fue degradando la revolución?
Lo fui sintiendo en diferentes momentos. Por ejemplo cuando empezamos a relacionarnos con los Estados Unidos, yo veía que la actitud de los compañeros era dispuesta a confrontarse con ellos. En ese momento teníamos el apoyo del mundo, porque era una revolución joven, una revolución que se ganó el cariño de muchísima gente, sin embargo empezamos con una actitud confrontativa. Dejamos de estudiar textos de Sociología, hasta de marxismo, que era una de las cosas importantes del Frente durante su etapa de lucha. Cuando triunfó la revolución, al poco tiempo se comenzó a decir: “Ya no estudien eso, ahora vamos a estudiar los discursos de los comandantes”. Entonces, los comités de base pasaron de ser círculos de formación a ser círculos de vigilancia. Quién se estaba portando bien y quién mal. No sabíamos lo que era la democracia, para serte sincera. Habíamos vivido una dictadura de 45 años y para nosotros lo importante era romper con la injusticia social, con la represión. Y el Frente iba a hacer eso. Todo el que entorpecía el camino no tenía derechos.

 

¿Usted llegó a sentir desprecio por aquellos que no pensaban como usted?
Por los Contra sí. Porque ya cuando se armó la guerra era el enemigo. Pero en vez de tener una actitud más madura, Daniel Ortega decía, por ejemplo: “Nosotros no queremos hablar con los perros. Queremos hablar con el dueño de los perros”. Que era Reagan. Al final acabaron hablando pero después que se murió un montón de gente.

 

Los perros eran nicaragüenses, eran hermanos…
Exacto… Y una de las maravillas que yo sentí cuando se terminó la revolución, que para mí fue en 1990, fue la capacidad de conciliación que tuvimos los nicaragüenses. Y yo eso se lo atribuyo a doña Violeta. Yo creo que ella maternizó a los nicaragüenses, fue capaz de lograr con un ejercicio muy femenino del poder, que no nos matáramos entre nosotros. Y creo que Daniel al principio, cuando estaba luchando por volver al poder, trató de mantener ese espíritu, cuando puso a Jaime Morales Carazo de vicepresidente.

 

¿Y ahora?
En términos estrictos, ahorita estamos en un sistema prácticamente monárquico. Porque es un sistema que está ungido. Hasta eso se ha dicho ¿no?, que Dios eligió a los diputados. Está ungido por Dios. Así pasaba en la Europa medieval, donde los reyes pasaban el poder que recibían de Dios a sus hijos, a la reina. Hay una visión de fortalecer el poder, no una visión de país. O sea, está bueno que le den zinc a la gente… El populismo tiene su lado bueno, que venga un gobierno que dé cosas es importante, ¿pero a cambio de qué? Restarle libertades a las personas, concentrar el poder y convertirse ellos en los que deciden lo que está bien y lo que está mal. Y es una sociedad bien extraña. Se recibe el dinero de la empresa privada, se les respeta, pero no se les da voz ni autoridad para que opinen sobre cómo hacer para que el país produzca más.

 

¿Usted piensa que en eso Ortega ha aprendido, que continúa con el populismo pero no descuida la relación con la empresa privada?
Yo pensaba que habían tenido una actitud bastante inteligente, hasta cierto punto. Pero pienso que ya se enredaron. En este momento que estamos viviendo ya vamos para la destrucción.

 

¿Por qué destrucción?
Porque vamos hacia un país con miedo. La gente no va a poder hablar. Ya el poder va a estar tan concentrado que no habrá posibilidad de diálogos. ¿Por qué tuvieron que cancelar a los partidos políticos más importantes? Los han ido cancelando uno por uno, a los que realmente son oposición. ¿Por qué tuvieron que crear esa ficción de oposición? ¿Por qué tuvieron que quitar a los diputados que habían sido elegidos con el 30 por ciento de los votos? Eso a mí me pareció inaceptable como nicaragüense.

Gioconda Belli. LA PRENSA/Jader Flores.

Gioconda Belli. LA PRENSA/Jader Flores.

Esas preguntas son válidas porque incluso en la práctica esos opositores no lograban mucho porque los sandinistas tienen mayoría absoluta en la Asamblea desde hace mucho.
Yo pienso que perfectamente pudieron haber seguido. Y era muy sano para el país tener una oposición real.

 

Que de todos modos no hacía gran cosa…
No importa, porque les fueron quitando lugar. Desde que le quitaron la personería jurídica al MRS en el 2008, ahora le quitan la legalidad, entonces la gente dice: “Es que la oposición es desordenada”, ¡pero en realidad la oposición no ha podido actuar! Yo pienso que esta campaña de la oposición hubiera sido importante para consolidar la oposición. Tal vez por eso los quitaron.

 

Sí, porque miedo a perder las elecciones no hay porque el Consejo Supremo Electoral lo controla el Frente.
Eso es lo que yo no entiendo… Yo pienso que por ejemplo Rosario ha sido en parte víctima de un poder que está basado en la inseguridad y la necesidad de control. Daniel Ortega le debe su poder, en gran medida, a la capacidad de organización que tiene Rosario. Ella ha logrado convocar a los jóvenes, maquillar al país, que eso ha tenido un impacto psicológico bien importante en la gente. Pero yo me pregunto, ¿cómo es posible que este hombre (Ortega) que ya sabía que ella iba a ser vicepresidenta, no la proclamara el 19 de julio? ¿No le diera a ella el gusto de que esa plaza la saludara? Y la llega a inscribir a la última hora del último día que se podía inscribir un vicepresidente. ¿A qué atribuís eso? Yo lo veo como machismo. Como estarle regateando. Y quién sabe cuántas cosas pasaron para que ella pudiera aspirar a ese cargo. Ahora, ese cargo, constitucionalmente, es de decoración. Ella le va a dar otro significado.

 

Sí, porque si pensamos en Halleslevens, casi no se le recuerda en algo importante en los últimos 10 años.
Sí, pero ella legalmente debería renunciar a su puesto de secretaria de Comunicación y Ciudadanía, que es inventado, pero que funciona como un ministerio. Ahora como vicepresidenta va a poder sustituir a Daniel en foros internacionales.

 

Y también lo va a poder sustituir en caso de que le pase algo malo a su salud.
Claro, y eso es algo que se anda diciendo. Que a lo mejor Daniel sabe que le va a pasar algo y le está dejando el poder arreglado.

 

Rosario Murillo será la nueva vicepresidenta, ¿pero no era ya algo así como la presidenta en funciones?
Pues sí. Era como copresidenta. Eso ya lo tiene claro todo el mundo. Yo pienso que mejor ella hubiera sido la candidata a presidenta porque al menos hubiéramos cambiado de cara. Pero es como darle poco, a pesar de que ella ha sido el motor del poder de Daniel Ortega.

 

¿Usted conoció bien a Rosario Murillo?
Yo la conocí desde que estábamos conspirando contra Somoza porque yo llegaba a La Prensa a dejar mis poemas y ella estaba ahí, de secretaria. Y después ella empezó a escribir poesía.

 

¿Llegaron a ser amigas?
Sí, éramos amigas. Incluso cuando ella se fue al exilio en Panamá, que acababa de tener al niño que se llama Tino, que es de Carlos Vicente Ibarra. O sea, Daniel no había aparecido todavía, ella estaba en una situación muy difícil y yo le dije: “Venite para Costa Rica, te hospedás en mi casa y yo te voy a ayudar”. Entonces ella estuvo en mi casa dos meses con Zoilamérica, Rafael y Tino. ¡Así éramos de amigas! (sonríe).

 

¿Cómo era ella entonces?
En ese tiempo Rosario se quería separar del Frente. Quería ir a estudiar cine a París. Ella después cuando ya se va a trabajar a otro lado y se va de mi casa, ahí es cuando se empata con Daniel Ortega. ¡Salió de mi casa y se enredó! (ríe). Rosario es una persona muy complicada, muy personalista, muy de que ella tiene la razón. No es muy democrática en su corazón y cuando los escritores empezamos a plantear asuntos críticos de su gestión y nos opusimos a que transformaran la Unión de Escritores ASTC en una institución gubernamental de un día para otro, ahí tuvimos un enfrentamiento grande los escritores y pintores con Rosario Murillo. Y nos acusaron de estar dividiendo a la revolución, de estar dividiendo al Frente. Así era como se acallaban los conflictos, pero nosotros seguimos hasta que nos amenazaron con expulsarnos del Frente y tuvimos que ceder. Para nosotros en ese momento la militancia era un valor muy importante.

 

Por aquellos años, ¿qué creencias espirituales se le notaban a Rosario Murillo?
Esa es otra cosa bien rara para mí. Ella tiene un lenguaje bien mesiánico y bien complicado. Era una mezcla de supersticiones. Yo no sé qué es ella. Cuando ella empezó a salir en política, ya al lado de Daniel, ella hablaba eso que llaman “New Age”. La era de acuario, la energía y todo eso. Sus primeros discursos no eran religiosos. Y ella escribía artículos de opinión en los periódicos y firmaba como “Luna Llena”, “Luna Cuarto Menguante”. Estaba completamente metida en otra onda. Y de repente se metió en la onda religiosa. No sé si hubo una conversión… Normalmente la gente cuenta su conversión. Yo creo que se dio cuenta que así conectaba con el pueblo pero creo que no tiene mucho fondo.

 

¿Usted ve a Ortega y Murillo como una pareja sentimental o una alianza política?
Yo creo que las dos cosas. La relación de pareja cuando le metés el proyecto político común, ya es más profundo. Es como una argolla que cierra la relación de pareja. Se puede afectar pero los mantiene unidos el proyecto político en común. No sé cuán felices sean pero yo pienso que la felicidad para ellos no es la pareja, es seguir trabajando en ese proyecto político y lograr lo que quieren. Desafortunadamente yo pienso que los dos son muy inseguros. Los dos tienen miedo porque no se puede entender de otra manera, psicológicamente, lo que está pasando ahorita con Nicaragua. Es un miedo que no tenían. Estaban actuando no de manera regia, yo nunca he estado muy feliz con lo que ha pasado, pero por lo menos veía que tenían una actitud más abierta. Pero ahora pienso que perdieron la cordura. ¿Por qué llevar al país a esta situación, cuando lo tenés tan controlado?

 

¿Cree que es un miedo político a ser reemplazados o es un miedo a la muerte?
Yo pienso que es un miedo político porque uno no piensa que se va a morir hasta que te dicen que estás moribundo. Pero tiene que ver con esa visión de que el pueblo no se salva sin ellos. Si te ponés a pensar es triste. ¿Cómo este país en 37 años no ha producido un recambio de liderazgo en el Frente? Ortega cree que nadie puede reemplazarlo. Ni siquiera la Rosario Murillo, que es la persona que más comparte su proyecto político. No ha creído.

 

¿Ortega y Somoza son la misma cosa?
Yo pienso que la similitud tiene que ver con el ejercicio del poder. Con esto que está haciendo Daniel, ahorita, quedarse en una Asamblea con solo partidos aliados de él a los que les paga por estar ahí; haber borrado la no reelección de la Constitución, haber elegido a su esposa como vice. Todo eso tiene que ver con el ejercicio del poder y así era en los tiempos de Somoza. La represión todavía no está al nivel de tiempos de Somoza. Esperemos que no llegue a ese nivel, pero ya ha habido represión. Ocupa INSS, las manifestaciones, las deportaciones… Ya se va pareciendo más. Pero los dos eran poder absoluto. Y el ciudadano se queda sin ningún instrumento para cuestionarlos. Entonces el que está en el poder puede decidir por la vida y la muerte de todos nosotros.

 

¿Ya podemos llamar Nicaragua una dictadura o sigue siendo una palabra fuerte?
Yo hablé de la “dictablanda” pero creo que van para la monarquía. Están dictando lo que va a pasar aquí. ¿Qué tan dura es? Para los que queremos opinar, los que queremos votar por alguien de nuestra elección, está dura.

“Es un sistema ungido. Se ha dicho que Dios eligió a los diputados. Está ungido por Dios. Así pasaba en la Europa medieval, donde los reyes pasaban el poder que recibían de Dios a sus hijos, a la reina”. Gioconda Belli. LA PRENSA/Jader Flores.

“Es un sistema ungido. Se ha dicho que Dios eligió a los diputados. Está ungido por Dios. Así pasaba en la Europa medieval, donde los reyes pasaban el poder que recibían de Dios a sus hijos, a la reina”. Gioconda Belli. LA PRENSA/Jader Flores.

Plano personal

Gioconda María Belli Pereira, de 67 años, se describe con humor como “una mujer en avanzado estado de juventud”.
Su tendencia política es “la izquierda democrática”.
Tiene tres hijas y un hijo de tres matrimonios y su última alianza está por cumplir los 30 años.
En sus ratos libres se divierte leyendo, viendo series como House of Cards o Outlander, haciendo ejercicios, yendo al cine o saliendo a comer con amistades. “Soy fácil para divertirme”, dice.
Entre sus libros preferidos están Los Cuatro Cuartetos, de T.S. Elliot y Rayuela, de Julio Cortázar.
Su comida favorita es el sushi.
No cocina pero asegura que el pollo al curry le queda rico.
Le gusta la frase de Mark Twain: “Dejar de fumar es fácil. Yo ya lo dejé unas cien veces”, y la practica. “Hoy dejé de fumar, de hecho”, dice.

DW entrevista a Gioconda Belli

Gioconda Belli: “Ortega y su esposa mandan absolutamente”

 

¿Quiénes son “los 27” intelectuales y políticos opositores que llaman al “abstencionismo activo” en las elecciones presidenciales de Nicaragua? DW habló con una de ellos, la novelista y poetisa Gioconda Belli.

A Gioconda Belli se le conoce, sobre todo, como poetisa y novelista. Se le recuerda, también, como luchadora antisomocista, exmilitante y exfuncionaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Pero Belli se desligó del “Frente” en 1994, cuando se convenció de que “Daniel Ortega estaba tratando de usurpar el poder para sí mismo”.

Junto a otros prominentes escritores nicaragüenses como Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez, Belli apoyó en lo sucesivo al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y ha criticado abiertamente al Gobierno de Ortega, últimamente, como Cardenal, desde el llamado “Grupo de los 27”.

DW: ¿Qué une a “los 27”, entre los que aparecen nombres como el suyo o el de Cardenal, pero también el de Enrique Zelaya, exjefe de la “contra” que combatió al sandinismo en la década del 80?

Gioconda Belli: El grupo se formó a partir de una memoria que había, de 1974, cuando un grupo de organizaciones se juntaron para sacar un comunicado que decía “¡No hay por quién votar!”, a partir de una elección de (Anastasio) Somoza. Se decidió que había que revivir esa memoria, puesto que estábamos enfrentados con una situación similar, cuando Daniel Ortega cerró las oportunidades para que hubiese una observación electoral independiente y también porque se canceló la personalidad jurídica de la fuerza de oposición más importante del país, el Partido Liberal Independiente (PLI), segundo en las elecciones de 2011.

Igual que otros destacados literatos nicaragüenses como Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal (foto), Gioconda Belli apoyó al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) durante las elecciones de 2006. Igual que otros destacados literatos nicaragüenses como Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal (foto), Gioconda Belli apoyó al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) durante las elecciones de 2006.

En este caso no son organizaciones gremiales. Son personas que han tenido una posición crítica con relación al Gobierno de Ortega. Y sí, hay de todo. Hay gente que estuvo en la “contra”, en la oposición, en el sandinismo. Las cosas han cambiado en Nicaragua y nos encontramos con enemigos del pasado que tienen posiciones similares a las nuestras, que somos gente de izquierda que no estamos satisfechos con la forma en que está procediendo este Gobierno, porque está aboliendo toda la institucionalidad del país.

¿Qué esperan obtener con el “abstencionismo activo” que promueven?

El abstencionismo activo tiene que conducir a llamados a la población. Como no hay observación electoral, nos hemos constituido en un grupo que va a tratar de pronunciarse frente a diferentes atropellos a la libertad que existen en el país en estos momentos. Entre los atropellos está el hecho de haber descalificado a toda la oposición que tenía más posibilidades de sacar un buen número de votos (que sacó más del treinta por ciento en las elecciones pasadas).

Dentro de una maniobra hecha a través de la Corte Suprema de Justicia, le quitaron la personalidad jurídica al PLI, en el que una coalición grande se iba a juntar para poder participar en las elecciones, y lo sustituyeron por unos grupos que no tienen ningún peso ni representatividad política en el país en este momento. Aquí históricamente se les ha dicho “zancudos” a esos grupos, iguales a los que usaba Somoza para hacer parecer que existía una oposición, pero es una oposición totalmente irrelevante, infiltrada, montada y financiada por el Frente Sandinista.

“Los 27” hablan de la “mascarada electoral que ensaya la dictadura”. ¿Cómo describiría usted el estado de la democracia a las puertas de las elecciones en Nicaragua?
El estado de la democracia está muy golpeado por una centralización del poder que ha roto la división Estado-Partido, que ha dominado todas instituciones de poder en Nicaragua: el Consejo Supremo Electoral está controlada por Daniel Ortega, la Corte Suprema de Justicia, el Ejército, la Policía, la Contraloría, todas las instituciones que deberían supervisar al Ejecutivo y crear un control y balance de poder están anuladas.

El resultado es que se está violando la Constitución, que se empezó a violar cuando Daniel Ortega se reeligió por segunda vez, pese a que en la Constitución estaba declinado ese derecho. No se podía acceder a una reelección continua sino que había que esperar un período. Él hizo una demanda y −con este dominio que tiene sobre la Corte Suprema−, como “cualquier ciudadano tiene derecho a elegir y ser electo”, apeló contra la Constitución y la Corte Suprema le dio el derecho a reelegirse, violentó a la propia Constitución del país. Por eso nosotros hablamos de una situación que se parece a la situación que tenía Nicaragua durante el régimen de Somoza.

¿”Los 27″ comparan al Gobierno de Ortega con la dictadura de Somoza?

Yo personalmente pienso que es diferente, que no es la misma cosa en términos de represión, de manejar, por ejemplo, al Ejército contra la propia población. Eso no se ha dado todavía. Ha habido momentos en que ha habido represión de la policía hacia la ciudadanía. Han expulsado del país a varias personas. Yo no lo compararía en términos represivos con el régimen de Somoza, pero en términos institucionales están creando una situación similar.

El grupo habla también de las “pretensiones dinásticas del régimen”…

Sí, este es un Gobierno donde el presidente y su esposa concentran todo el poder y se ha pasado a las bases esta idea de que son ungidos por la Historia y por Dios para estar en el poder. Y en ese sentido es que yo comparo la situación que tenemos ahora con una idea monárquica, de monarquía absoluta, no de una monarquía constitucional, porque están concentrando el poder a un nivel tan intenso que Ortega y su esposa mandan absolutamente en el país… O sea, “el Estado soy yo”, de Luis XIV, es más o menos lo que está pasando aquí.

Ernesto Cardenal ha descrito a Daniel Ortega como “un traidor de los ideales del héroe Augusto César Sandino”. ¿Cómo describe usted hoy a Ortega, el hombre y el político?

Daniel Ortega es una personalidad compleja que pienso que tiene una profunda inseguridad y miedo de que exista una oposición conformada en el país. Nosotros creemos que tiene que ver un poco con su relación con Venezuela, que está viendo lo que pasa cuando hay una oposición con arraigo y posibilidad de optar a cargos públicos. Entonces parece que él decidió que no hubiese oposición en Nicaragua, “cortarla por lo sano”.

En 2008 ya le había quitado la personalidad jurídica al Movimiento Renovador Sandinista, un partido que formamos en 1996 los que nos salimos del Frente Sandinista en 1994. Ese partido se ha tenido que aliar con el Partido Liberal Independiente para tener opción a usar una casilla electoral. Pero ahora al PLI le quitaron su casilla. Le quitaron su casilla al Partido de Acción Ciudadana. Han dejado sin voz y sin voto a la oposición.

¿Cómo se describe usted, a sus 67 años, en esta Nicaragua, frente a este FSLN y este Ortega?
Me defino como una persona que sigue empeñada en lograr lo que queríamos lograr cuando hicimos la revolución: un país democrático, un país progresista, un país que tuviera una Justicia fiel a nuestros principios. Pero también hemos evolucionado, no podemos comparar el sandinismo que triunfó en 1979 con las aspiraciones sandinistas que hemos tenido después.

Después de la derrota electoral (en 1990) hubo un examen de conciencia. Había pasado la perestroika, había caído el Campo Socialista. Un grupo de nosotros planteó una democratización profunda del partido y una adaptación a una izquierda más moderna y más democrática, internamente y hacia afuera.

Ahí ocurrió el gran choque que tuvimos con Daniel Ortega, porque él todavía tiene la ideología de esa izquierda del 60 y 70, que todavía piensa en la “dictadura del proletariado”; aunque ha sido muy hábil en lograr una gran coalición con el sector económico más fuerte (que tiene mucho miedo de hablar porque cree que va a perder los privilegios que Ortega le ha concedido).

¿O sea que Ortega no tiene que temer a lo que Nicolás Maduro llama, en Venezuela, “la guerra económica”?

Depende, porque cuando se cierran todas las avenidas políticas, empieza a crearse un sentimiento de incertidumbre alrededor de qué es lo que la clase política va a hacer, y eso va a afectar sin duda su matrimonio con la clase económica dominante… Puede ser que Ortega se esté preparando también para el cese de la ayuda económica de Venezuela hacia Nicaragua, que eran 3.500 millones de dólares. Eso va a afectar también a la economía del país.

*El último manifiesto del llamado “Grupo de los 27” está firmado por: Ernesto Cardenal, Adolfo Bonilla, Fabio Gadea Mantilla, Gioconda Belli, Carlos Tunnermann Bernheim, José Luis Velásquez Pereira, Frank Lanzas, Enrique Zelaya (Doctor Henry), Edmundo Jarquín, Gabriel Álvarez Arguello, Sofía Montenegro, Sergio Boffelli Acosta, Cirilo Antonio Otero, Julio Icaza Gallard, Edipcia Dubón, Monique Ninette Blanco Sarria, Roger Arteaga, Enrique Sáenz, Azahalea Solís, Carlos Langrand Hernández, Michele Najlis, Alejandra Castillo, Moisés Julián Castillo Soza, José Antonio Peraza Collado, Octavio Ortega, Ana Margarita Abaunza Sedda. En los anteriores firmaba también Vidaluz Meneses, recientemente fallecida.

¿OVEJAS TODOS?

por Gioconda Belli

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Como dice el dicho: “No es lo mismo verla venir que platicar con ella”. Era obvio que la cúpula del Orteguismo estaba calculando las opciones a las que podrían recurrir para lograr superar los obstáculos que inhibían la reelección de Daniel Ortega. La manera en que se sacaron la solución de la manga, sin embargo, fue tan fulminante y tan absolutamente indiferente al precedente que sienta, que uno no puede menos que recordar esa entrevista de Tomás Borge, donde dijo que a ellos no les importaba pagar cualquier precio con tal de mantenerse en el poder. Claro que el problema de fondo no es el precio que pagan ellos, sino el que nos toca pagar a todos los nicaragüenses.
La acción perpetrada por los magistrados danielistas el Viernes, a las 5 de la tarde, es a mi juicio, la culminación del proceso de desmantelamiento del estado y sus poderes. Se ha cercenado de un plumazo el papel moderador y mediador de las instituciones esenciales para el ejercicio de la democracia. Para todo propósito práctico, el estado ha quedado reducido a un instrumento del Presidente, que es quien ordena y manda en todas sus instancias. Que algo tan fundamental como la restitución de la reelección presidencial se pueda lograr con una orden de Ortega a los magistrados, significa que éste bien puede decir, como Luis XIV: “El estado soy yo”. Aunque vale decir que Daniel se le fue arriba a Luis XIV porque este nuevo monarca criollo nuestro, no sólo piensa que es el estado; también considera que es el pueblo y es de allí de donde saca la justificación que le permite pensar que todo cuanto hace es justo y necesario.
Precisamente allí radica el daño y el precedente nefasto que nos está legando en su afán por imponer su visión de país. Y es que un sistema que depende absolutamente del arbitrio de un gobernante y que carece de los mecanismos para contrarrestar los errores o desviaciones en que suele caer quien ostenta un poder sin límites, deja de lado los derechos de todos los ciudadanos y los convierte en resignado y obediente rebaño. Habrá ovejas dóciles y ovejas negras; unas comerán pasto y gozarán de sombra y las otras quedarán agrupadas en el corral de “los malos”; pero al final, obedientes y rebeldes serán reducidas al papel de rebaño.
Así estamos entonces. Cuélguese cada quién su campanita y salude el advenimiento del total absolutismo. Lloremos como cobardes, lo que no hemos sabido defender como valientes.
Octubre 20, 2009