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Navidad

Winter Leaves

La Navidad llega sin falta cada año. Me trae recuerdos de flores amarillas y viento en las carreteras de Nicaragua. En los setentas, Managua se llenaba de pintas que pedían “Navidad sin reos políticos”.

Nací en Diciembre y amaba ese mes, pero sufrí de una racha de cosas tristes desde  el terremoto de 72, un 23 de Diciembre: en 74 me tuve que ir dos meses de Nicaragua por la represión después del asalto a la Casa de Chema Castillo por el FSLN ; en 75, salí al exilio un 20 de Diciembre, en 76 lloraba la muerte de Eduardo Contreras un 7 de Noviembre, cuando cayó asesinado por la Guardia somocista…mi mamá murió un 29 de Diciembre…. mi abuelo un 31…

Quizás por eso no dejo de sentirme ambivalente con estas fiestas. Oscilo entre la melancolía y el gozo de los olores y colores de la época. Lo de los regalos se ha vuelto un poco cansado. No acabo de entender la estampida hacia las tiendas.Trato de conservar mi convicción de que los regalos tendrían que ser leves y especiales. No está mal  que una vez al año nos forcemos al test que significa adivinar lo que haría feliz a la gente que queremos. Es un buen ejercicio para saber cuan bien los conocemos, cuan atentos hemos estado a sus placeres, sus gustos o disgustos.  La sorpresa de los regalos es linda cuando uno los abre y siente que quien regala ha sabido adivinar esas cosas que a uno le dan felicidad: los chocolates perversos, el verso, la pluma, la flor, como decía Rubén, porque, pese a todo, de eso se trata: de celebrar la amistad, la familia…los niños propios y ajenos.

De allí que se me ocurra compartir este poema y unas flores.

LOS AMIGOS

Mis amigos me rodean como una falda de agua

que detiene las rocas que la vida me lanza

Son la barrera donde se estrella la tristeza

y la campana que me llama a la esperanza.

Mis amigos construyen sus casas

y las arreglan: se casan y descasan

siguiendo las migas de pan que la felicidad

les riega en medio de los bosques oscuros

de la incertidumbre humana.

Son mis dioses y mi religión.

Sus palabras son para mí tan sagradas

como los Evangelios

y su risa vale más que el diamante más grande

del Topkapi.

Amo a mis amigos y los celebro con chischiles

y tambores

Sin ellos, no sería más que un eco que nadie escucha

una noche sin sol que la redima

un ruiseñor

sin su rosa.

Gioconda Belli