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Sherezada o la palabra como fuente de vida

El 7 de Septiembre, 2011, fui invitada por la IPS y la Agencia de Cooperación Española a dar una charla en el contexto de la Semana de la Cooperación Española en Madrid. Aquí les dejo el texto de la charla.

En la larga historia de las palabras que empieza con Homero, hay una figura femenina que brilla con luz propia: Sherezada, la narradora de Las Mil y Una Noches. El origen de este libro no ha podido ser dilucidado totalmente. Las primeras traducciones se hicieron en Francia en el siglo XVII, de un manuscrito sirio del siglo XIV, pero los estudiosos han encontrado en la Sinagoga del Cairo, referencias a los cuentos que datan del siglo X y se ha especulado si la versión árabe puede haber sido una traducción del persa o incluso del Sánscrito.
Según la descripción que se hace de Sherezada en el libro: “Ella conocía los libros, anales y leyendas de los Reyes anteriores y las historias, ejemplos y casos de personas y eventos del pasado; de hecho se decía que ella había coleccionado mil libros llenos de historias relativas a las razas antiguas y a los gobernantes desaparecidos. Ella conocía las obras de los poetas de memoria, había estudiado filosofía, artes y los logros científicos y era agradable, cortés, sabia y ocurrente, bien leída y bien criada”
Lo curioso e irónico y por desgracia bastante común, es que aunque dentro del libro, los cuentos se atribuyen a Sherezada, esa mujer que suena tan fascinante e ilustrada, ella no ha pasado a los anales de la literatura universal como la autora oficial del libro. El crédito de las portadas lo atribuye a un autor anónimo. Sherezada ha pasado a ser parte de los cuentos que recopiló; ella misma convertida en un personaje de ficción.
(En la antigüedad parece ser que tampoco valía aquello de que hay que darle al César lo que es del César, si el César resultaba ser mujer.)
En las Mil y Una Noches, Sherezada es la hija del visir del Rey Shariyar, quién después de matar a su esposa por infiel, decide que sus matrimonios durarán una sola noche. Su visir, el padre de Sherezada, debe escoger todos los días una hermosa joven para que se despose con el Rey, sólo para que éste pase la noche con ella y al amanecer la envíe al verdugo para que le corte la cabeza. Angustiada por la muerte de tanta mujer inocente, Sherezada urde una estratagema para salvar a las mujeres de su tierra y le pide a su padre, el visir, que le permita a ella casarse con el Rey. El padre trata de disuadirla, pero ella persiste en su empeño hasta que logra ser elegida para desposarse con el rey Shahriyar. Sherezada le pide al Rey que permita que su hermana Dinarzad se quede con ellos esa noche, no para un “menage a trois”, sino para despedirse de ella. Siguiendo las instrucciones de Sherezada, después de que los esposos hacen el amor, Dinarzad, que está debajo de la cama, le pide a la hermana que, para ayudarle a pasar la noche, le cuente uno de sus cuentos. Sherezada le pide permiso al Rey, él asiente. Sherezada se lanza a narrar, pero llega la mañana y el cuento no ha concluido. Si el Rey quiere saber el final del cuento tiene que perdonarle la vida para que ella le cuente el final a la noche siguiente. Creo que sabemos el resto: los maravillosos cuentos de Sherezada, su arte de narrar, la palabra, en fin, no sólo le salva la vida, sino que, tras mil y una noches, hace que el Rey se enamore de ella y la conserve como su amada esposa.
Es admirable y femenina la intuición de Sherezada y su convicción de que la belleza de sus palabras seduciría al Rey. Otra en su lugar, en una versión moderna o Hollywoodiana del asunto, habría escondido una daga entre sus ropas y lo habría matado aludiendo defensa propia, pero ella no. Ella no confía su suerte, ni a las armas, ni a sus poderes de seducción; ella usa el recurso más antiguo de nuestra especie: los cuentos; la palabra en su más gozosa expresión de portadora de fantasías, paisajes y personajes imaginarios.
Imaginemos nosotros por un momento a esa mujer hermosa y valiente, sentada en el diván frente al cruel Califa, mientras afuera empieza el cielo a clarear. Imaginemos su voz cantarina narrando sin prisa pero con pasión las historias que espera la salvarán la vida.
¿Qué haríamos? ¿Qué le diríamos?
-Corre Sherezada, ¿cómo se te ocurre que contándole cuentos te vas a salvar del cadalso? ¿Es que te volviste loca?
No creeríamos que pudiese lograrlo sólo con palabras. Somos hijos de una era diferente; una era donde las palabras han dejado de concentrar en sí mismas todo el poder de la imaginación. Antes, no importaba quién hubiese creado tal o cual personaje: mi Sherezada, mi Remedios La Bella, mi Doña Ximena del Cid Campeador, no se parecería a la de ustedes. Cada uno de nosotros construía las imágenes según su repertorio interior. Hasta las noticias, apenas ilustradas por una fotografía o escuchadas por radio requerían de nuestra complicidad para completar la imagen mental del suceso que anunciaban. Confiábamos en el acto de presdigitación y magia imaginativa que nos suscitaban las palabras. Ellas nos obligaban a comprometernos con el limitado conocimiento del mundo que nos brindaban.
Ahora en cambio tenemos tantas fuentes de información al alcance de una tecla, tantas diferentes interpretaciones del mismo suceso presentadas de manera simultánea y con imágenes inmediatas que la energía que dedicábamos a la imaginación la debemos dedicar a la selección de lo que queremos leer y a evaluar la credibilidad o no de lo que nos suplen esa miríada de fuentes y opiniones. Estamos saturados de información, Vivimos en un interregno entre la realidad cotidiana y esas otras realidades que todo el día se filtran por los Ipad, Iphones, los ordenadores, la televisión. Somos la generación del deslumbre: de la pantalla de plasma con su luz brillante y fantasmal. Nuestra fascinación es comprensible. ¿Cómo no encontrar fascinante el rostro del amigo en Skype? ¿Las conferencias TED en You Tube? ¿Google? ¿Facebook? ¿Twitter? Los pod-casts, los libros electrónicos? Estamos seducidos por las posibilidades de la interconexión y nos dejamos llevar por esa marea de bytes hacia una modernidad que muchos de nosotros pensó que jamás vería en otra cosa que no fueran las películas de ciencia ficción.
Como poeta, no me he resistido a ese embrujo. Permítanme que use la poesía para decírselos:

¿Cómo evitar la seducción de la electricidad, la superconductividad,
las infinitas circunvalaciones de un microprocesador?
Me tienta el zumbido erótico del espacio cibernético.
La promesa de expansión, el plausible don de la ubicuidad, la naciente orgía del conocimiento, el laberinto de infinitas ramificaciones donde otras mentes se interconecten con la mía.
Combinarme, compartirme, ser pura energía, calentar con mi pasión de animal de pelos largos el frío metal de circuitos intrincados. Ponerle música de cumbia o merengue, movimientos de caderas a los bytes -mordiscos minúsculos en los que viaja la palabra. Abrir dentro del espacio virtual puertas insospechadas por donde se cuele la esperanza. Por donde penetren los ruidos del hombre y la mujer martillando el yunque del mundo. Impulsos eléctricos por donde viaje la alegre promesa de un cielo en la tierra.

¿Cambiará mi oficio ese cuadrilátero celeste que brilla sobre mi mesa de trabajo?
¿O será a mí a quien corresponda inspirar rebeliones
cuando mis palabras agiten alas en habitaciones distantes
y el ordenador huela a canela y transmita lirios,
mientras baten a rebato los cursores como pequeños ecos del corazón?

¿Seré cibernauta en una era de exploraciones
donde se develen los territorios amplios de la conciencia,
las infinitas combinaciones de lóbulos y parietales interactuando?
¿Asistiré a la danza impredecible de millones de mentes reflejándose entre sí, expandiéndose y volviéndose a reflejar;
Una infinita cantidad de neuronas estimulando, acariciándose, haciéndose el amor?

Comunidades convocadas con el leve pulsar de una tecla
cohabitando en el espacio común de una misma inteligencia.
Los barcos en la niebla del ciberespacio sonando sirenas de navegantes.
La sigilosa desaparición de cercos y alambradas.
La palabra como principio vital. ¿Los números su alimento primigenio?

¿No será acaso nuestro sino el de implantar la armonía
en esas regiones trasparentes abandonadas a la casualidad
o a la sagacidad de adelantados mercaderes?
¿Ganarle terreno al cinismo y la ironía que niega al Verbo su carnalidad,
su olor a magnolias. Que intenta separar el heliotropo
de su sobrecogedora fragancia nocturna?
¿No estaremos llamados a afirmar la redondez del cuerpo o la manzana
en un mundo de fisonomías esquivas, de rostros intercambiables
de culturas que amenazan con perder sus bordes, derretirse, terminar al fondo del perol oxidadas o convertidas en hollín?

La curva de mi imaginación vislumbra prados
donde corrientes eléctricas evoquen en mi piel
el placer de una inteligencia multitudinaria
acoplada a las terminales y puertos de mi cuerpo.

Eva irredenta no vacilo en arrancarle al oscuro árbol del conocimiento
esta nueva manzana lustrosa e impredecible.
Para morderla. Para dejar que me corra su jugo entre los dientes.
Y entregarme a la “kibernitis”
ese suave bamboleo del remero corrigiendo el rumbo,
de donde nos viene “cibernética”
la máquina moviéndose entre el uno o el cero.
Aspiro el zumo híbrido de la fruta prohibida
que se ofrece a la ávida ciudad de mi intelecto.
Me deleito en el placer digital,
en el tacto que palpa y descifra
el ritmo de un orgasmo matemático.

Navegando por los vastos espacios interconectados
Afirmaré sobre el teclado la nostalgia por las quimeras
y la irrenunciable permanencia de los gozos esenciales:
El rosa oscuro de los cuerpos. Su fusión nuclear gestando el Universo.
La eternidad de los columpios en los parques.
La urgencia de llorar ante el dolor ajeno.

Así daré testimonio de la raíz.
Me alzaré hacia nuevos Universos
llevando en los labios el sabor áspero de la Tierra
madre nuestra en medio de los electrones,
única placenta insustituible.

Lo que leí es un fragmento de un poema que escribí en 1999, al borde del año 2000. Se llama “La Escritora de cara al Milenio”. Recuerdo que, entonces, hubo quienes en la audiencia no entendían aún ciertos términos: cursor, bytes, terminales… Hoy día nadie ignora qué significan esas palabras. Yo, como muchos, intuía ya entonces las enormes posibilidades comunicativas que nos traía el siglo XXI. Como digo premonitoriamente en el poema -pues fue antes de que se lanzara Facebook en 2004 y de que existieran las redes sociales- habría “Comunidades convocadas con el leve pulsar de una tecla/cohabitando en el espacio común de una misma inteligencia.” Y existiría la posibilidad de convocar multitudes, de. “abrir dentro del espacio virtual puertas insospechadas por donde se cuele la esperanza. Por donde penetren los ruidos del hombre y la mujer martillando el yunque del mundo. Impulsos eléctricos por donde viaje la alegre promesa de un cielo en la tierra.”
Ciertamente que hemos visto colarse la esperanza por el ciberespacio. Millones de personas en todo el mundo se manifestaron el 15 de Febrero de 2003 contra la guerra de Irak, convocadas por correos electrónicos; el derrocamiento de Ben-Ali en Túnez, de Mubarak en Egipto, de Quaddafi en Libia, la revuelta que ha puesto en jaque al Partido Baath y a su Presidente Bashar Assad, y otras que han sacudido Yemen y Bahréin, han aprovechado las posibilidades organizativas que brinda la Internet. Lo mismo ha sucedido en Italia con el movimiento de mujeres “Si no ahora, cuando”, en Chile con los estudiantes e incluso aquí en España con el movimiento de los indignados.
Las comunidades y posibilidades cibernéticas aumentan exponencialmente la posibilidad de conocer y cambiar nuestro mundo. El asunto es si tendremos la imaginación para hacerlo.
Mi percepción es que estas grandes fuerzas desatadas por las posibilidades comunicativas se han topado con estructuras que no han logrado adaptarse al ritmo vertiginoso de los avances tecnológicos. El modelo democrático y el régimen de partidos políticos que, hasta ahora, ha sido el cauce para las demandas ciudadanas y para efectuar los cambios que demanda la sociedad no logra satisfacer el ímpetu del espíritu innovador que es el “zeitgeist” moderno. Es palpable que hay un vacío que media entre el poder ciudadano que se está expresando en las calles y plazas del mundo y las posibilidades reales de que ese empuje pueda engendrar una institucionalidad renovada que dé paso y organice ese nuevo modelo político, económico y social que pugna por surgir. Hace falta la imaginación para encauzar las nuevas y viejas aspiraciones y trazar la línea luminosa del horizonte compartido. Falta la imaginación para poner juntos los mil pedazos dispersos de la realidad que nos inunda a través de la televisión y las pantallas de todo tipo de aparatos. Hace falta la imaginación para evitar que la falta de claros derroteros nos conduzca, por defecto, a caer en los brazos de quienes amparados en tradiciones fundamentalistas o valores ultra-conservadores propondrán sus viejas fórmulas como las únicas capaces de restaurar la comodidad predecible.
La imaginación requiere de la palabra; no de la palabra utilitaria, esa que usamos para los mensajes de texto o la que llenamos de símbolos para que quepa en los 140 caracteres de un Tweet.
“Venerad el libro, santuario de la palabra, la palabra que es la excelsitud del homo sapiens” escribió mi abuelo Pancho, un viejo inefable que congregó a sus hijos y nietos cuando cumplió 80 años, entregó a cada uno una esquela con esas palabras y nos anunció que ésta era su herencia. Desde la Ilíada y la Odisea de Homero, la Biblia, el Corán, la Tora, la Enciclopedia de la Ilustración, el Capital de Marx, The Wealth of Nations. de Adam Smith, los seres humanos hemos buscado las palabras sagradas o profanas que iluminen nuestro paso por la Tierra y le den sentido a nuestras vidas. Pero cada vez leemos menos. Es cada vez menor el tiempo que le dedicamos a la reflexión. No quiero sonar como una Casandra augurando mala fortuna, ni como la abogada de los libros que, obviamente, soy por desviación profesional, pero así como admiro la navegación internautita también creo que no podemos perder de vista el efecto adormecedor y hasta el aislamiento que, paradójicamente, acompaña el vivir en la realidad virtual.
Porque la dura realidad es que habitamos un mundo que es a la vez globalizado y tribal. Y mientras celebramos ese extenso cordón umbilical que nos mantiene conectados, no podemos si no lamentarnos de la indiferencia de tantos que viven de espaldas, en este siglo, al sufrimiento de los condenados de la tierra, esos cuyas tragedias irrumpen en sus casas a través de todas esas encendidas ventanitas al mundo que han hecho nido en nuestros hogares. ¿Sera que no tenemos más alternativa que la de ser testigos, minuto a minuto, de los atropellos, las masacres, las injusticias y catástrofes que sufren nuestros semejantes?
Permítanme que recurra de nuevo a la poesía:

Iraq. La bomba estalla en el camino.
Los cuerpos vuelan.
El muchacho suicida
Grita en el momento de la explosión: Alá es grande.
El soldado norteamericano. El muchacho rubio y rosado, cambia el juego
Electrónico por la metralla en el barrio en Falúa. Entra al combate oyendo
Heavy metal. Robot, vestido de camuflaje. Torso protegido y miembros
Yaciendo destrozados en las carreteras de Bagdad.
¿Cuántos muertos van ya?
¿Cuánto hambre hay en Nigeria o Tanzania?
¿Cuántos niños murieron de SIDA hoy?
En Nueva York, las pasarelas muestran las modas de otoño.
Mujeres ordenan por computadora abrigos y jeans
Que cuestan el presupuesto de cinco escuelas
En cualquier país del Tercer Mundo
La opulencia de las metrópolis
Persiste. Las enormes tiendas abren sus puertas
A la ancha marea de consumidores
No hay parqueo en los centros comerciales.
Sesenta años después de Hiroshima
las bombas hoy se esconden en las mochilas de los estudiantes
Que no tienen mejor razón para vivir
Que morir públicamente
Sus identidades develadas en las noticias de la tarde.
Rostros morenos y rubicundos sin ninguna atadura
Que los detenga.
El cielo es mucho más prometedor.
En la tierra, en cambio, el bochorno de ser arrimado
de emigrar y confiarle la lengua materna al recuerdo.

Las madres negras lloran en la portada de voluminosos diarios
con sus anuncios a todo color
La globalización entra por las fronteras
como un ejército invasor conquistando sin balas
a punta de avaricia y de ofertar el look de los bien comidos.

Tiembla el pulso del escritor cuando quiere denunciar
¿quién oirá sus palabras? ¿quién ignora lo que tiene que decir?
Estamos todos en el secreto. Todo se sabe hoy en día
Con los blogs y los despachos y el diario pregonar
De los asqueados.
Pero ya nada da asco. El asco es un valor obsoleto.
En cualquier farmacia, en cualquier lugar de alquiler de videos
Se venden las medicinas para olvidar las muertes violentas
de otros semejantes menos vistosos. Los anónimos entregan sus vidas
sin marchas fúnebres, ni elegías de nadie, o himnos
Se prohíben las fotos de los ataúdes, de los cuerpos mutilados.

Las guerras de hoy son asépticas en su horror
Sus señales tenues como humo que se lleva el viento
Los cadáveres han perdido su olor a carroña
Ahogados por el perfume de lociones escandalosamente caras
Que prometen la belleza eterna, el fin de la vejez
Los pomos de cosméticos. La industria que no cesa de ofrecer
La juventud.
Pero sólo los viejos quieren ser jóvenes ya.
Los jóvenes no saben qué querer.
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¿Qué mundo es éste que hemos creado
Descalabrado y despalabrado
Un mundo lleno de boquetes
Por donde caen los indefensos?

¿Cómo podrá una sucesión de palabras
De meditaciones
De versos enhebrados con fina aguja
Crear la red para salvar a los incautos?

¿Qué tiempo es éste donde todos oyen
Mientras nadie escucha?

Tiempo de correos electrónicos de celulares de computadores
De voces que van y vienen sin respeto a la geografía
El mundo como un pañuelo
-sólo que un pañuelo ensangrentado?

Desde que cayera la Cortina de Hierro y terminara la Guerra Fría, muchos como yo albergábamos la ilusión de que el mundo se volcaría hacia las zonas olvidadas del planeta. Pensábamos que la galopante globalización marcaría también el fin de la idea de que era posible que coexistiera el hambre a la par de la abundancia. Nada en el mundo estaría ya lejos ya o aislado. La teoría del caos, eso de que el batir de las alas de una mariposa en China puede desatar tormentas en el Caribe, demostraría su irrebatible acierto. El futuro de todos dependería ahora de la salvación de todos.
Bastó sin embargo una fecha: el 11 de Septiembre de 2001, para que aquellas esperanzas se hicieran trizas y el mundo iniciara un período oscuro de sospechas, persecución e intervenciones. Hoy por hoy, todos somos ciudadanos vigilados, más temidos mientras más exótica sea nuestra procedencia. No importa que hayamos conducido bien y honestamente nuestras vidas, la geografía nos marca e intenta apartarnos de lo que se considera el mundo civilizado. Como nicaragüense, he estado muchas veces en consulados y embajadas solicitando visas para entrar a países ricos. El escrutinio es feroz y la indignidad que uno debe soportar, abundante. En las filas que se arman en esos recintos, uno sólo se encuentra a los pobres del mundo, los mal vistos, los segregados por su atraso, su pobreza, cuando no por el color de su piel o el corte de sus vestiduras. Lo que George Bush llamara “la guerra contra el terror”, al igual que la Yihad, ciertamente que han causado incontables muertes y daños, pero hay también otra guerra, una guerra silenciosa y vieja infiltrada dentro de la otra. Sus armas son la incomprensión, la discriminación, el mal trato, las creencias que asignan a unos seres humanos más valor que otros, la arrogancia y el desconocimiento. Es la que ha llevado a los poderosos a imponer su cultura y su manera de actuar a otros en nombre de su propia definición de lo que está bien o mal. Como ciudadana del Tercer Mundo, yo he sabido en carne propia, igual que Sherezada, lo que es sentir en el aire la vibración de la espada que viene a cortarnos la cabeza. Tras las elecciones de 1984 en Nicaragua, con el pretexto de que la Revolución Sandinista estaba recibiendo MIGS soviéticos, la Administración de Ronald Reagan nos recetó una semana de vuelos de su avión súper-sónico de guerra, el Pájaro Negro o Blackbird, a través de nuestro espacio aéreo. A la hora del desayuno, con mis hijas pequeñas vestidas de uniforme escolar sentadas a la mesa, el paso de aquel avión al romper la barrera del sonido generaba una explosión que hacía temblar ventanas, vasos, la tierra misma, y me ponía a mis niñas sobre la falda, colgadas como animalitos asustados. La amenaza de aquel poderío militar nos mantuvo por años con el alma en vilo y fue en gran parte responsable de la derrota electoral sandinista en 1990.
Ahora somos muchos, tanto en el Primero como en el Tercer Mundo, los que vivimos con el alma en vilo y padecemos de la sensación de que hay espadas que penden sobre nuestras cabezas y a las que les tiene sin cuidado que seamos o no inocentes. El famoso dividendo de la paz del que tanto se habló y que tanto esperamos al final de la Guerra Fría, nunca se hizo realidad.
Seré tal vez romántica, pero yo estoy convencida que los seres humanos no somos por naturaleza indiferentes. La paradoja de este tiempo que vivimos es que aún no avizoramos la manera en que ese potencial que hemos venido acumulando: las palabras, la tecnología, los recursos humanos y materiales podrán conjugarse para salvarnos. De manera que vivimos en la contradicción de sentirnos enormemente capaces y poderosos, pero también impotentes.
Pensarán que es fácil para mí hablar ante ustedes de la necesidad de la imaginación y de que no nos perdamos en los vericuetos de nuestras mismas invenciones, que las usemos sabia y juiciosamente. Pero muchos de ustedes tienen el poder de los medios de comunicación y de los recursos y, si están aquí, es también porque tienen la sensibilidad y la preocupación de usarlos para construir ese futuro democrático, no excluyente al que muchos aspiramos.
Pero, como nicaragüense, no me queda más que advertir sobre los espejismos, porque yo fui parte de una revolución triunfante, un sueño posible que en 1979, en Nicaragua, convirtió al ejército de jóvenes guerrilleros que libraron al país de una larga dictadura, en los gobernantes de esa pequeña nación centroamericana. Nuestros grandes sueños nos hicieron acometer enormes tareas. Nos pusimos a alfabetizar un país que, en el campo, tenía cifras de analfabetismo superiores al 90%, eliminamos plagas como la malaria en jornadas masivas de vacunación, repartimos la tierra que era propiedad –un 60% del país- de la familia gobernante, Somoza, pero tras cuarenticinco años de dictadura, poco sabíamos de democracia, poco sabíamos de la importancia de dejar que usaran su libertad las minorías descontentas. Poco a poco nuestros sueños se convirtieron en la pesadilla de quienes no pensaban como nosotros. Los perseguimos, les negamos la palabra en nombre de la voluntad de la mayoría. Ellos se armaron, recurrieron a los Estados Unidos y en otra guerra, la llamada guerra de la Contrarrevolución, nos convirtieron de ejército guerrillero, idealista y bien intencionado, en un ejército regular dispuesto a cualquier cosa para conservar el poder que nos habíamos ganado. Forzados por la presión militar, nos atrevimos, en 1990, a las elecciones democráticas pensando que el pueblo nos recompensaría el esfuerzo; las perdimos. Ahora en Nicaragua, está de vuelta en el poder quien fuera el Presidente Sandinista durante la revolución, Daniel Ortega. Tras dieciséis años fuera del poder, obsesionado con su retorno, Daniel Ortega se despojó de todo escrúpulo y ha sido capaz de aliarse con Dios y con el Diablo para que le sigan llamando Presidente y le saluden con el himno nacional cuando descienda de los aviones en los que viaja con toda su familia en periplos absurdos que cuestan al segundo país más pobre de América Latina, millones de dólares. Los que hicimos con él la Revolución, lo repudiamos y es contra nosotros contra quien él despliega sus armas más afiladas. Ortega ha demostrado una gran habilidad para utilizar las formalidades más superficiales de la democracia, mientras la socava y gesta una dictadura. Los símbolos e instrumentos de aquella rebelión, vaciados de contenido, se usan ahora para venderle a jóvenes, devotos y obedientes al Caudillo, la idea de que son una juventud rebelde. La esposa de Ortega que es el poder al lado del trono y que alguna vez fue hippie, ha revivido los símbolos y música de los 60 y 70, los emblemas y colores sicodélicos de esos tiempos para invocar un idealismo que manipula de manera oportunista. Martí decía que era más fácil para el hombre morir con honra que vivir con orden. Desafortunadamente, ha sido una constante de los Caudillos en Latinoamérica el mantener a sus ciudadanos en pie de guerra, para que la testosterona no les permita desarrollar el raciocinio, el auto-examen y la tolerancia que se requiere para vivir con orden.
Las democracias emergentes, lo mismo que las viejas instituciones del Primer Mundo requieren de una imaginación que nos permita usar el potencial ciudadano que ha empezado a germinar y que rechace las falsificaciones que hace que las revoluciones engendren los mismos monstruos que se proponían eliminar.
Como imaginadora profesional que soy, quiero terminar contándoles, como Sherezada, una historia. En mi novela más reciente pude, por fin, hacer realidad un deseo nacido de una de las mejores experiencias que viví durante el Sandinismo. Como suele suceder, aunque las mujeres tuvimos una participación militar y política destacada en la lucha, una vez que se tomó el poder vimos como nuestras reivindicaciones quedaban relegadas en la agenda nacional. Como respuesta, un grupo de nosotras, cada una de las cuales, ocupaba puestos importantes en el partido o el estado, decidimos formar un grupo clandestino al que llamamos, en broma, PIE por Partido de la Izquierda Erótica. Las del PIE nos reuníamos, ideábamos estrategias comunes y luego las aplicábamos en nuestras distintas áreas de influencia. Mi novela, El País de las Mujeres, revive esa experiencia, sólo que en ella, las mujeres del PIE logran tomar el poder en su pequeño país tropical. Ellas deciden que no basta que las mujeres lleguen al poder porque como éste es una creación masculina, las que lo logran no tienen más remedio que adaptarse y jugar con las mismas reglas del juego que los hombres. De manera que ellas lo que se plantean es ejercerlo de otro modo. Lo primero que hacen es declarar que su ideología no es ni el capitalismo, el socialismo o el comunismo, sino el “felicismo” y que como la felicidad empieza por casa, su prioridad es cambiar, por un lado la manera como funciona la familia y por otro lado, como ésta se relaciona con la sociedad. Como en el país, el humo tóxico de un volcán en erupción ha afectado los niveles de testosterona de los hombres, mandan a todos los funcionarios y trabajadores del estado a descansar a sus casas por seis meses con gozo de salario. A sus mujeres, por otro lado, las emplean en el estado pues muchas de ellas tienen títulos universitarios. Para estimular a los nuevos amos de casa, crean un programa de TV tipo Sobreviviente en que los hombres compiten para ser Campeones Domésticos. Las mujeres del PIE crean, además, la asignatura de “maternidad” en las escuelas secundarias, para hombres y mujeres, aludiendo que es la tarea de mayor responsabilidad que uno tiene en la vida y la única para la cual no hay preparación, ni estudio previo. En todas las instituciones del estado y en las empresas, se habilitan guarderías bien atendidas, salones de lactancia y cubículos familiares. En todos esos espacios, madres y padres pueden tener cerca y bien cuidados a sus hijos mientras ellos trabajan. Las empresas reciben incentivos fiscales para la construcción y manutención de estos espacios. También se habilitan guarderías de barrio para que las mujeres u hombres que tienen vocación maternal, cuiden a los hijos de quienes no tienen acceso a las guarderías por trabajar en pequeños comercios. Para mejorar la democracia, eliminan las Vice-Presidencias y en el parlamento –donde sólo fueron electas mujeres pues los partidos de oposición, ante el empuje de la campaña del PIE también llenaron sus listas con mujeres- hacen una reforma para crear lo que llaman “votantes calificados”, un 10% de la población, elegida al azar, que recibe a lo largo del año reportes pormenorizados de cómo marcha el país, cursos sobre ciudadanía y constitución y todo aquello que les permita votar de una manera bien informada. Los votos de estos ciudadanos cuentan doble y, además, por medio de comunicación electrónica, ellos tienen participación de voz en las discusiones del Parlamento. A los violadores y abusadores los exhiben los fines de semana en jaulas en las plazas públicas para que pasen la vergüenza que pasan las mujeres violadas…y bueno, se proponen eliminar el ejército, pero para empezar mandan a pintar todo el equipo bélico de rosado… ¡ah! Y también cambian el concepto de ciudadanía por el de CUIDADANIA. Introducen en la sociedad la ética del cuido, esa ética que suele reservarse para el ámbito privado, pero que tanto necesitamos en la vida pública.
No necesito decirles que la novela es una sátira política muy divertida, pero –modestia aparte- lo que propone, aunque es producto de mi imaginación, es también muy realista. La verdad es que en todas estas discusiones sobre cómo mejorar la democracia o cambiar el mundo, casi siempre se omite hablar del efecto profundo que tendría y que tiene para cualquier sociedad el que las mujeres se involucren plenamente, tanto en el trabajo como en la administración del estado. Está comprobado que una de las cosas que tiene efecto inmediato en la mejoría del nivel de vida de una comunidad, es la educación de las mujeres y su participación en la producción. Las mujeres somos las portadoras, no sólo de la ética vital, sino de la ética erótica de la que habló Marcuse. El erotismo al que me refiero es el de la idea Platónica que lo concibe como el deseo de belleza, la unificación de la experiencia corporal con la experiencia intelectual, en oposición a la mentalidad cartesiana que separa la razón de la emoción y que siempre ha sublimado lo masculino como racional y ha denigrado lo femenino por sentimental.
Imaginar otro mundo pasa por re-imaginar el rol de la mujer en el mundo. Este es un principio ignorado por las democracias formales del siglo XX que no podemos darnos el lujo de seguir olvidando si queremos imaginar nuevas formas democráticas en el siglo XXI. No es concebible una democracia que no logre incorporar plenamente a la sociedad ese 50% de seres humanos hasta ahora relegados a un segundo cuando no un menor plano. Mi novela parte de la idea de que lo que se requiere es un pensamiento audaz que vaya más allá del pensamiento economicista y más allá de la configuración social.
Yo los insto a ustedes también a usar el poder de la palabra y de la cooperación en pro de políticas audaces que desafíen el mundo como es para construir el mundo que debería ser. Las culturas, por muy milenarias o entronizadas que sean, que insisten en el poder sólo para una minoría, sea ésta partido, religión o grupo étnico; o que se niegan a permitir que la mujer, la mitad de su población, haga uso pleno de sus capacidades y la obligan a ocultarse y a desaparecer, ya sea en el hogar, ya sea detrás de velos que les niegan el disfrute del aire sobre la piel, del viento despeinándoles el cabello, tienen que saber -nos corresponde a todos decirlo- que nuestro compromiso con la felicidad, la libertad, el futuro y la imaginación, nos impide ser sus cómplices.
En mi país, la Cooperación Española ha financiado en los últimos años, además de muchos proyectos de construcción de ciudadanía y democracia, el más bello y pujante Festival de Poesía en Latinoamérica: el Festival Internacional de Poesía de Granada. Ese Festival, hoy por hoy, es una expresión independentísima de la cultura nicaragüense que mantiene viva una tradición poética que, desde Rubén Darío, ha gestado poesía de la más alta calidad en el continente. Por una semana, todos los Febreros, los poetas invadimos el país con nuestros cantos y les recordamos a todos su lado femenino, su lado tierno y visionario, su lado inconforme y transformador. No quiero terminar esta charla sin agradecerles ese apoyo y pedirles que nos sigan apoyando porque si en algún lugar empieza el futuro, ese lugar es la palabra, ese lugar es la poesía.

Muchas gracias.
Gioconda Belli

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Hervidero de Letras

Texto publicado en el diario EL PAIS de España, Agosto 15, 2011

Sentada en una mecedora contemplaba la hierba en el jardín de mi casa en uno de esos estados semihipnóticos con que se asocia el calor del verano a mediodía o esa cierta inquietud del espíritu que no encuentra donde posarse, cuando de pronto la frase aquella apareció en el recto horizonte de mi sopor moviéndose sinuosa como una serpiente que imitara al conejo de Alicia pidiéndome que la siguiera a un árbol imaginario en el que iba enroscándose a medida que nuevas palabras se sumaban apareciendo todas ellas perfectamente articuladas en los anillos del cuerpo reptil que me tentaba como habrá tentado a Eva el tristemente célebre ofidio del Paraíso Terrenal. Recuerdo que yo tenía las piernas cruzadas encima del brazo de la mecedora y que me miré los pies, no sé por qué, ligeramente deslumbrada de que mi mente con el solo estímulo del sol derramándose sobre las hojas de hierba del jardín hubiese empezado a producir la cinta-serpiente de palabras cuya rara levedad y sonoro contoneo claramente contenía una idea, un mundo misterioso que tomaba forma frente a mis ojos reverberando en la luz perpendicular como un animal de espejismo que imperioso me pedía le concediera la vida y no lo dejara marchar. ¡Atrápalo!, me pedía un instinto que ignoraba hasta entonces poseer tironeándome el cuerpo fuera de la modorra y así fue que, cual si llevara en los brazos la sinuosa frase movediza, corrí con ella al estudio, encendí la ruidosa máquina de escribir eléctrica que sin prever ningún destino literario había comprado con el salario inaugural de mi vida de adulta y descargué aquel ruido de palabras, aquel reptil de anillos amarillos y hermosos sobre el blanco papel que mis manos introdujeron a toda prisa en el tambor del aparato y dejándome llevar por la angustia iniciática de la creación escribí de una vez casi sin respirar las frases entrecortadas que se desenroscaban dentro de mí con un aliento que me dictaba -corte aquí, pausa allá- palabras apresuradas que salían ansiosas como si hubiesen estado encerradas sin oxígeno y estuvieran ahogándose a punto de sucumbir y cuya vida dependiera de la rapidez de mis dedos tecleando furiosos con la urgencia de un inminente naufragio alfabético que yo debía evitar, llevando cada una sobre mis hombros, nadando sin tregua hacia la playa del papel en blanco que poco a poco se iba cubriendo de símbolos mientras dentro de mí el espacio desalojado de lenguaje se llenaba de una alegría extraña, de un aire limpio y soleado como el que sueña quien tiende una línea de ropa mojada rogando que la lluvia no llegue a estropearle la amorosa labor de fregar los pantalones sucios de los hijos. Tres o cuatro páginas después, extenuada y feliz, hojeé los papeles, contemplé lo hecho y supe que por primera vez había mordido la serpiente y escrito poesía.

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Notas sobre los ángulos efímeros

Foto de Cartier Bresson

Julio 31, 2011

Poemas a voluntad. Extraño que no se me ocurriera hasta ahora que, igual que conjuro las ideas para una novela, podría conjurar ideas o temas para los poemas. Seguramente así lo hacen quienes sólo poesía escriben. Yo, en cambio, todos estos años, he vivido pendiente de la inspiración, de que “vengan a mí” y últimamente vienen pero como espíritus muy leves, casi sombras que revolotean a mi alrededor, coquetean conmigo y se van. Antes era difícil evadirlos. Me perseguían por días, me quedaban viendo desde el espejo, me demandaban con sudores y angustias que los escribiera. Sentirán mi desgano quizás, mi sensación de no tener mucho nuevo que decir? ¿Será verdad lo que una vez me dijo una mujer mucho mayor que yo? “Llega un momento en que uno ha probado todas las emociones y no queda ninguna por descubrir”. Me resisto a imaginarlo. Me parece una falta de recursos fantásticos porque a mi manera de ver hasta lo más viejo puede de pronto ser otra cosa; una sensación puede tener otra vida, igual que una emoción puede revivirse desde otro aspecto y ser, por tanto, otra cosa.
Es un asunto de los ángulos, de la manera de ver. Si uno siempre ve desde el mismo lugar, sin duda que no tiene nada nuevo que ver, pero si uno se mueve –y siempre nos estamos moviendo en el tiempo y el espacio- lo que vemos se altera sutilmente. Estuve, por ejemplo, en Los Ángeles, en la filmación de una película con Ben Stiller y Rachel Weisz. Me invitó Mary, que es una super “line producer”. Fue mi primera incursión en un set. Me senté en la caseta del director, al lado de Christopher Walken, que esperaba su turno. Los actores estaban frente a las cámaras y el director frente a una pequeña pantalla donde se ve el recuadro igual que se verá en la película. La primera llamada es un grito que anuncia “picture’s up” y que se va repitiendo a través de todo el set. Quiere decir algo así como “va la película”, entonces todo mundo hace silencio, suena el clic de la tablilla que marca la escena y empieza el rodaje: Ben y Rachel están frente a un garaje, con Cristopher Walken, que se levantó de la silla a mi lado y apareció en la pantalla del director peleando con el personaje de Stiller. “Corten”, gritó el director antes de que yo me enterara qué era lo que se había dicho o lo que pasaba. En eso entró a la tienda de lona del director bajo la cual estaba yo, el cómico Larry David (creador de Seinfeld y de Curb your enthusiasm), en cuya historia se basaba la película. Grandes saludos, pero en el rodaje el tiempo es oro de modo que otra vez va la película. Se situaron los actores y entonces rodaron la escena desde un ángulo ligeramente distinto al anterior. Esto se repitió no sé cuántas veces, cada vez el ángulo era diferente. Ahora que ya he ido a otros rodajes, sé que ese es el método: no importa lo maravillosa que haya quedado una toma, la vuelven a filmar una y otra vez desde la derecha, la izquierda, el centro. Hay que verlo para darse cuenta de por qué los actores y actrices, si bien ganan demasido dinero, tendrían que ser muy bien pagados de todas formas para hacer lo que hacen, porque están rodeados de gente, de cámaras, de todo tipo de parafernalia y tienen que hacer la escena más dramática o desgarradora REPITIENDOLA desde muchos ángulos distintos. De que es un trabajo duro, no hay duda.
En la vida, no nos filman, ni nadie nos pide que veamos la realidad desde otro ángulo, La literatura quizás sea eso, simplemente tomar la experiencia y moverla ligeramente a la derecha o la izquierda como si fuera un mueble en un salón: ¿cómo se vería esta situación, esta vida, vista de allá o acá? ¿qué habría pasado si esta persona hubiese estado en otro sitio en este instante? ¿cuál hubiese sido el resultado?
De manera que concluyo por no estar de acuerdo con quien dijo que le quedaban pocas emociones por experimentar. Es una visión chata, unidimensional, poco imaginativa, porque cada cosa podría haber sido otra dependiendo el ángulo, la inclinación, hasta la hora del día…de manera que no debería pensar que me repito escribiendo porque en todo caso el problema sería el no moverme, el quedarme mirando desde la mirada anterior en vez de ver desde el tiempo y el espacio de hoy, desde este yo que soy por unas horas y que no será igual mañana.

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La justicia arrebatada

Por BITÁCORA DE GIOCONDA BELLI | El NueBlog Diario, 24 Julio, 2011

Nunca había escuchado yo que la pérdida de control que suele acompañar los estados de embriaguez pudiera aducirse como factor mitigante en un delito de violación. Una gran parte de los abusos sexuales, violaciones y apaleadas que sufrimos las mujeres son cometidas por los hombres cuando éstos han ingerido licor.

Es por eso precisamente que el hecho de que la Corte Suprema de Justicia de nuestro país, en el caso de Fátima Hernández contra Farinton Reyes, usara este argumento para reducirle la pena al acusado de seis a cuatro años de cárcel, adquiere una especial gravedad. Significa en esencia que ha quedado establecido, nada menos que por el más alto tribunal encargado de impartir justicia en Nicaragua, que un hombre que viole a una mujer en estado de “arrebato” (así lo llamaron) causado por la ingestión de licor, es menos culpable que el que la viola sin tomarse un trago. En el país donde vivimos este tipo de razonamiento es monstruoso verdaderamente y una vergüenza para los y las magistrados de la Corte Suprema (a excepción de la Magistrada Yadira Centeno, quién se opuso). Uso este fuerte adjetivo de “monstruoso” porque fallos como éstos no son válidos nada más para este caso. El sistema de justicia funciona mediante “precedentes”, es decir que los abogados pueden aducir que la Corte falló tal o cual manera en tal o cual caso, para exigir un fallo similar en otro juicio o apelación semejante. O sea que, de ahora en adelante, en Nicaragua se podrá defender a un violador borracho, bajo el razonamiento de que violó a X o Y persona “en estado de arrebato”.

Encima de eso, se acusa a la víctima de “permisividad colaborativa” una absurda figura pues de haber existido ésta no se trataría de un delito de violación, si no de un acto sexual por mutuo consentimiento. Sería como acusar a una mujer de estar en posición horizontal cuando la violan, no importa si está así porque el hombre se le tiró encima.

Este caso ha sido emblemático gracias a la valiente actitud de la víctima y su familia. Ellos han exigido justicia por todos los medios, apelando incluso a repetidas huelgas de hambre de Fátima Hernández. Así se han opuesto y sacado a luz la protección y el favor del que goza el acusado por sus vínculos de parentesco con personas allegadas al poder. El poder ha hecho cuanto ha podido por eximir a Farinton Reyes del delito del que fue acusado. Al no poder lograr este desenlace por la amplia demostración de su culpabilidad y la actitud inclaudicable de Fátima, quién se negó a arreglos al margen, no les ha quedado más camino que sacarse de la manga los atenuantes ya mencionados para lograr la reducción de la pena, una vez el reo fue hallado culpable.

Como ciudadanos, mujeres y hombres, no debemos permitir manipulaciones como ésta cuyo objetivo es satisfacer los intereses individuales de personas influyentes o poderosas. Estamos asistiendo a la malversación y desmantelamiento de la legitimidad de nuestro sistema de justicia y aceptando que se establezcan interpretaciones antojadizas de la ley que dañan nuestros derechos. Este es un claro ejemplo del daño PERMANENTE que se está haciendo a los derechos de las mujeres y a las leyes que defienden estos derechos.

Un caso semejante se produjo con el desmantelamiento del principio Constitucional de la no-reelección, que esta misma Corte impugnó para beneficio de Daniel Ortega.

Las leyes y disposiciones Constitucionales se supone que rijan la vida social y la justicia de un país independientemente de quién ejerza el poder. Son el instrumento de nosotros, los ciudadanos, para protegernos de los abusos precisamente del poder. Si se convierten en papel mojado, en veletas que giran de acuerdo a las órdenes de quién más sopla, ninguno de nosotros está a salvo ni puede contar con que se haga justicia cuando nos toque a nosotros demandarla.

Es por esto que reclamar que este fallo sea impugnado y que se cambie la redacción del mismo, es una demanda que nos corresponde hacer a todos, no sólo a las mujeres.

No importa si Farinton Reyes pasa cuatro años en vez de seis en la cárcel. No es el ánimo vengativo lo que debe movernos, si no la defensa de una legalidad que no puede estar al servicio de quien tenga “buenos contactos”.

Fátima Hernández se merece justicia. Las mujeres de Nicaragua no podemos pagar los platos rotos de un hombre que no supo controlar su “arrebato”, ni podemos aceptar que semejante argumento atenúe el gravísimo delito de violación.

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En el barrio de Virginia Woolf

Londres, 15 de Junio, 2011

 

Asì como muchos peregrinos visitan La Meca, el Vaticano, los santuarios de Fátima o de Lourdes, hoy en Londres, mapa en mano, salimos Carlos y yo en bùsqueda del nùmero 46 de Gordon Square en el distrito de Bloomsbury. Allí viviò Virginia Woolf. Su casa ya no està. Fue destruida en la guerra, pero sì está la casa donde se reunía el Bloomsbury Group, en tertulias amenas donde discutían de lo humano y lo divino y a las que asistían como parte integrante y fundadores del grupo, Virginia Woolf y su marido Leonard. Para ir a visitar el aire de Virginia, tomamos el “underground” en Victoria Station y nos sumergimos en las entrañas de Londres donde se extienden los ramales de las diferentes lineas de metro. Emergimos cerca del Museo Britànico y luego anduvimos calles y callecitas, cruzamos bellos parques pequeños y encerrados por enrejadas bardas negras, hasta llegar a la hilera de casas blancas de pòrticos idènticos que bordea Gordon Square. Hay un parque en el centro, con àrboles llamados “plane trees” y un bello roble japonés, de hojas rojo oscuro. Sentada en una banca del parque, imaginé a Virginia leyendo o caminando por allí. Cerrè los ojos y le pedì que me inspirara a respetar la palabra con la belleza y el arte con que ella aprendió a hacerlo.
Más tarde, seguimos caminando hasta el Museo Britànico al que entramos a visitar el cuarto de lectura, the Reading Room, que, tiempo atrás fue el sitio donde llegaban a consultar libros personajes como Carlos Marx y la misma Virginia. El Reading Room ocupa ahora el centro de la plazoleta cubierta por un techo de vidrio gigantesco, diseñado por el arquitecto Norman Foster, en la remodelaciòn moderna del miuseo.
Allì dentro anduvimos por las galerìas que exhiben la colección de objetos de Mesopotamia, con las tabletas de escritura cuneiforme de la biblioteca del rey Nabucodonosor de Babilonia. La escritura cuneiforme fue la primera en el mundo y es la que lograron descifrar con la Piedra Rosetta.
Una de las tabletas más destacadas es la que cuenta la historia del Diluvio; una historia igual a la de la Biblia con otros protagonistas. Recordè que cuando hice la investigación para mi novela: El Infinito en la Palma de la Mano, leì de còmo muchas de las historias bíblicas tienen su origen en la mitología de Mesopotamia porque muchos antiguos hebreos provenían de allì. Esa área es Irak ahora…y muchos de estos tesoros fueron destruidos en la reciente guerra auspiciada por EEUU contra Saddam Hussein: un pecado de lesa humanidad, en más de un sentido.

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GIOCONDA’S ITALY BOOK TOUR/ GIRA ITALIANA

Gira Italiana de Gioconda Belli para presentar su novela:
EL PAIS DE LAS MUJERES
GIOCONDA BELLI´S ITALIAN BOOK TOUR INTRODUCING:

Nel paese delle donne

 

Jueves, Junio 23, 2011
Thursday, June 23rd
MILAN

18:30 Presentación en la Mega-Librería Feltrinelli
18.30 Book presentation at the Feltrinelli Megastore in Milan
Piazza Piemonte, 2

Viernes, 24 de Junio
Friday, June 24th
POLIGNANO

21:30 Presentación especial con antelación al Festival de Polignano,
“El Libro es Posible” (precede al Festival que va del 6 al 9 de Julio)
21.30 Preview of the Polignano Festival “Il libro possibile”
(The festival takes place from July 6th to 9th but the presentation will be a preview event of the festival)

DOMINGO 26 DE JUNIO
SUNDAY JUNE 26TH
NAPOLES

19:30 “Un aperitivo con Gioconda Belli” en la Mega-Feltrinelli
19.30 Book presentation at the Feltrinelli Megastore in Napoli
“Un aperitivo con Gioconda Belli”
via S. Caterina a Chiaia, 23

Lunes, Junio 27
Monday, June 27th
ROMA

18:00: Presentación del libro en la Mega Librería Feltrinelli de Roma
18.00 Book presentation at the Feltrinelli Megastore in Rome – Galleria Colonna
Piazza Colonna, 31/35

Martes 28 de Junio
Tuesday, June 28th
BOLZANO

18.00 Presentación del libro en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo
18.00 Book presentation at the Museion – museo d’arte moderna e contemporanea Bolzano
Via Dante 6

With Francesco Comina – Centro per la Pace Bolzano-, mayor Luigi Spagnolli
Cornelia Dell’Eva – Libera University press office -
Reading by Mara da Roit

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¡A la Italia con Feltrinelli!

En pocos días viajo a Londres y luego a Italia, al lanzamiento de El País de las Mujeres en italiano. Lo publica Feltrinelli, una editorial de larga historia en Italia. Fue fundada a fines de 1954 por Giangiacomo Feltrinelli. Hijo de una notable familia de mucho dinero, Giangiacomo se interesó desde joven por los trabajadores y abrazó la causa de la izquierda. Fue miembro del Partido Comunista Italiano, del que lo expulsaron cuando publicó, por primera vez en el mundo, la obra de Boris Pasternak, Dr. Zhivago.
Kruschev, el dirigente del PCUS protestó ante el partido italiano por las relaciones entre Feltrinelli y Pasternak provocando la sanción. Feltrinelli publicó también Trópico de Cáncer de Henry Miller, cuando este libro estaba prohibido en Italia. Viajó a Bolivia a conocer a Regis Debray y publicó las obras del Ché, de Ho Chi Minh. Fue un hombre apasionado por el Tercer Mundo y las revoluciones. En 1972 fue encontrado muerto al lado de una torre eléctrica de alta tensión con materiales explosivos con los que, aparentemente, intentaba sabotear la torre. Fue el tiempo del surgimiento de movimientos armados en Italia, entre ellos las Brigadas Rojas.

La esposa de Giangiacomo, una mujer llena de fuerza, vitalidad y belleza, es alemana. Se llama Inge Feltrinelli. La conocí en Italia en un viaje que hice en los años 80. Me mostró, en la casa Editorial, la bóveda de Fundación con manuscritos muy valiosos. Allí vi manuscritos de Marx, Lenin y la bandera de la rebelión conocida como la Comuna de París, en la que participó Carlos Marx.

Mi viaje por Italia me llevará a Milán, Roma, Bari, Nápoles, Puglia y Verona. Publicaré las fechas y sitios de las lecturas en breve en este sitio. Espero que mis amigos-lectores italianos y los que viven en Italia, vengan a conocer este libro que cae como anillo al dedo de esta Italia moderna donde las mujeres se empiezan a rebelar contra el reinado de un “macho” descontrolado, que se llama Berlusconi.

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