No hay internet (Anecdotario 5)

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Anecdotario

Febrero 3, 2015

“No hay internet”
Admito que temo oír esas palabras. Me he acostumbrado a la rutina diaria del correo, a su eficiencia para lidiar con miles de asuntos, a las noticias que trae: las buenas y las malas; a la agenda a la que me somete. Lo maldigo a menudo, pero ya se convirtió en pan nuestro de cada día. La dieta de internet es de las más duras que hay. Pues bien, el fin de semana mi internet se marchó por la ventana. Pasé sábado y domingo incomunicada con el mundo que a diario visito: El País, el NYTimes, este espacio, el otro, mis correos. Decidí no sufrirlo y leer. Tenía varios libros pendientes, así que me tiré en la cama en un silencio hermoso y me zambullí en la lectura.¿Adivinen cuántos libros leí en dos días? Tres. Uno detrás del otro. Y la pasé muy bien sábado y domingo. Pensé mucho, hice anotaciones, escribí un artículo…Ahhh pero el Lunes, el Lunes tampoco había internet. Y empecé a llamar por teléfono a Claro, la compañía que me lo provee. Y a llorarle a los operadores telefónicos. Por favor, estoy incomunicada, me urge. Lo lindo de Nicaragua es que los poetas tenemos cierto poder y a media mañana apareció un técnico simpático y zas, por obra y gracia de no sé qué tuercas que tocó, otra vez se cargaron los correos, el Google y volvió la normalidad a mi existencia. ¿Que somos ya?
¿Seres que nos prolongamos en la interconección de nuestras neuronas, solitarios pulsores de comunidades cibernéticas? Pero no. Podemos existir sin estas cosas, pero ya no somos los mismos. Nosotros los de entonces ya no somos los mismos.

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One thought on “No hay internet (Anecdotario 5)

  1. Kiko

    Vedctor on 27 abril 2011 Bueno, se dice que Handel compuso El Mesedas en 24 dedas, y que Vivaldi era capaz de cbnecoir y escribir un concierto completo en menos tiempo de lo que tardaba el copista en copiarlo. Lo cierto es que estas ane9cdotas simplifican el complejo proceso de creacif3n de una obra extensa (como una f3pera), que en aquella e9poca era poco me1s o menos una amalgama de nfameros independientes que podedan af1adirse, recortarse y montarse en buena medida, a gusto del pfablico y para lucimiento de los divos de entonces. Probablemente, Mozart y Handel ya tenedan por ahed un montf3n de esbozos musicales, ideas germinales y piezas en desarrollo, antes de incluirlas en su proyecto (los compositores suelen anotar sus temas e ideas cuando se les ocurren, y luego los desarrollan y adaptan cuando los necesitan).Para re9cord el de Telemann (actual Guinness en volumen): Su obra (casi tan genial e inspirada como la de Bach o Handel) no ha sido afan catalogada por completo, no digo ya publicada, y si se interpretara toda seguida llevaria a1af1os! hacerlo y eso que parte se ha perdido. Es tan inmensa que cuesta explicarse cf3mo pudo hacerla un solo hombre durante una sola vida a1y no era precisamente un hombre desocupado! Era multi-istrumentista, dirigeda un teatro y teneda numerosos cargos musicales y responsabilidades cortesanas; escribeda, editaba y publicaba mfasica, tratados y poeseda; era abogado de carrera y bote1nico aficionado; ensef1aba a diversos alumnos; viajaba constantemente por Europa (cuando eso se haceda en un carruaje por senderos mierdosos llenos de bandoleros), era amigo de Handel y Bach, y crif3 nueve hijos de sus dos desastrosos matrimonios (su faltima mujer le dejf3 despue9s de plantarle los cuernos y enmarronarle con enormes deudas de juego).Y ahora, la mayor parte de los mfasicos famosos se tiran dos y tres af1os rasce1ndose los huevos para sacar doce temillas en un CD, y a vivir del cuento.

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