La Sabiduría de Mandela

SAFRICA-MANDELA-PEOPLE-HEALTH-FILESPOR GIOCONDA BELLI          

 

La memoria de Nelson Mandela reavivada por su muerte en la conciencia del mundo, es una buena ocasión para meditar sobre los conflictos sociales y el rol del liderazgo.

En los años 90, a partir de la crisis de los partidos socialistas y de la izquierda, tomó auge entre los movimientos sociales la idea de que debía rechazarse el rol individual de los líderes y optar por esquemas horizontales.  Del extremo del caudillismo, se intentó pasar a la negación tajante del papel que juegan las cualidades personales en construir liderazgos capaces de inspirar y dirigir los flujos y reflujos de la historia.

Esta posición tiene sus raíces en una reacción comprensible al autoritarismo  que lleva implícito el esquema leninista con que funcionaban las organizaciones de izquierda y los regímenes del llamado “socialismo real.” El socialismo, ese sistema utópico de justicia e igualdad que, sin embargo, fracasó estridentemente en Rusia y los países del Este, adolece a nivel político de una falla esencial: la negación del derecho y el papel que juegan las minorías como actores fundamentales dentro de la dinámica social.  En una sociedad democrática, el poder tiene siempre que vérselas con sus opuestos y tiene siempre que tomar en cuenta a quienes disienten de su visión o actuación. Las minorías, organizados o no, juegan el papel de control y balance del poder. Los gobernantes están siempre bajo la mira de un sector de la sociedad que los adversa y por lo mismo están obligados a justificar lo que hacen, a dar explicaciones y a someterse a las consecuencias de sus propias acciones, ergo, a perder el poder si no lo ejercen adecuadamente.  El socialismo, en cambio, en su versión leninista, afirma la supremacía de UN grupo, el Partido, que, en representación del pueblo, debe ejercer el poder absoluto para garantizar los derechos populares, sin someterse al juicio de sus gobernados. La democracia al interior del Partido se concibe como una formalidad regida por  el “centralismo democrático” La premisa es que pueden discutirse los asuntos al seno del partido pero una vez que se llega a una decisión mayoritaria, ésta debe ser acatada por todos, sin derecho a cuestionarla. A eso se refiere la “disciplina partidaria” de la que se habla en los partidos de izquierda tradicionales. Por supuesto que, en la práctica, este principio del centralismo democrático, debido a la centralización del poder en los líderes del partido y a la manera de concebir la obediencia y lealtad (véase Dirección Nacional, ordene!) no es más que teoría. En realidad, la idea del centralismo democrático es, si se estudia la historia, un concepto autoritario, contrario al crecimiento, a la dialéctica, a la filosofía materialista que plantea que el crecimiento se da a partir de saltos de calidad que se producen en la lucha de contrarios.  Aplastar las minorías, centralizar el poder, manipular las leyes y los principios de estado para otorgar carta blanca a la dirigencia de un partido, deja a la sociedad absolutamente sometida a la voluntad y personalidad del dirigente máximo de éste. Sin minorías con acceso al poder, a la comunicación, a la organización, el partido reinante se convierte en una pesada maquinaria que aplasta cualquier posibilidad de balance social y de rendición de cuentas.

Nelson Mandela surgió de un partido de izquierda que profesó estos principios. Su estatura, su sabiduría, estuvo precisamente en trascender y modificar su partido para romper  con la visión excluyente y reconocer al otro –en el caso de Sudáfrica, al blanco opresor que había segregado y excluido a la población negra mayoritaria- como merecedor de participar en el proceso de emancipación de todo el pueblo. Mandela no puso su liderazgo al servicio de la hegemonía absoluta de su partido, lo puso al servicio del país en su conjunto, de blancos y negros por igual. Supo que para garantizar una unidad de esa naturaleza era necesario fortalecer  instituciones electorales, de justicia, de control, que no se plegaran a políticas partidarias, sino al imperio de la ley y que, por lo mismo, garantizaran el ejercicio para todos de los derechos políticos y sociales. Nelson Mandela tuvo el tino de crear una realidad social independiente de la de su propio partido.

El Congreso Nacional Africano sin Mandela ha caído en fallas serias de transparencia y eficiencia en su gestión de gobierno, pero la realidad de Sudáfrica y el hecho de que existen los medios para pasarle la cuenta a sus líderes, impedirá que sean impunes al juicio popular de blancos y negros. Los líderes del partido no son absolutos, ni ejercen el poder sin cortapisas. Esa realidad es el legado de Mandela, de un hombre, de un líder excepcional.

Queda claro de esa experiencia la significación e impacto positivo que puede tener un líder que sepa como él trascender  su propia importancia para legarle a su pueblo, las mayorías y minorías, el poder de ejercer su libertad; es decir un sistema diseñado no para sus adeptos, ni para quienes votaban por el CNA, sino para todos por igual.

Los líderes son definitivamente importantes cuando tienen esa visión. Cuando no, las estatuas y los símbolos de su poder, acaban siendo derribados tarde o temprano.

 

Managua, Diciembre 16, 2013

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2 thoughts on “La Sabiduría de Mandela

  1. Levis

    And so we need faith. What else is there to protect us? When you see loss so deep, or feel it yorseulf, faith is all that’s left because, frankly, everything else is gone. Thank you my ever present Lord for the GIFT of faith!

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