Dolida por París, pensando en Nicaragua

libertad

El fanatismo religioso, la revancha, viejas cuentas, la noción de ser dueños de la única verdad, todas estas son razones agazapadas detrás de la violencia desatada en los ataques en París.

 

Mientras Europa acoge a miles de refugiados que huyen de ISIS, esta organización manda un claro mensaje: sus partidarios están dispuestos a llevar la violencia a cualquier parte y para hacerlo no necesitan de mucho más que su fanatismo, un arma y la libertad de movimiento de la que gozan la mayoría de los seres humanos en cualquier ciudad del mundo.

 

Estamos viviendo el fin de esa libertad. Si el 11 de septiembre cambió para siempre la manera en que viajamos, pronto estaremos atravesando barreras de seguridad para entrar en cines, salas de fiestas, malls. La sola idea de pensar cómo nos protegeremos reta la imaginación.

 

En estos tiempos parece que pocas zonas del mundo quedarán exentas de la precariedad de una seguridad cuyo velo puede ser rasgado violentamente en cualquier momento.

Los atentados de París han sucedido una semana antes de que en Nicaragua se proceda a discutir y aprobar, con los votos disciplinados de la bancada de ese nuevo FSLN en cuyo seno ya no se discute, una ley de Seguridad Soberana que crea una suerte de anillo constrictor de las libertades públicas y lo pone en mano de las instituciones, ahora politizadas, del Ejército y la Policía Nacional.

 

Esa ley pondrá la vida de todos nosotros, ciudadanos de este país, bajo el control de gente armada con una mentalidad, ya no deliberante o crítica, sino absolutamente obediente, al servicio de un gobierno que solo admite la libertad de los demás mientras esta no constituya un cuestionamiento o una amenaza a la hegemonía de su poder. Ya hemos visto las desproporcionadas reacciones oficiales o policiales ante el más pequeño intento de protesta ciudadana. El mensaje es bien claro: mientras ellos lo quieran aquí no habrá espacio para que surja o se consolide una oposición.

 

Toda oposición se enfrentará a obstáculos mayúsculos en todos los ámbitos: será golpeada si sale a la calle, comprada, infiltrada, dividida, ilegalizada, sus votos no se contarán, será desprestigiada y vilipendiada por todos los medios al alcance del poder. Podrá existir, decir, escribir, pero sus derechos políticos llegarán hasta donde este nuevo FSLN decida.

 

El partido gobernante y sus medios no tienen reparos en satanizar cualquier oposición. La legítima aspiración de otro partido de tomar el poder con otra propuesta, es calificada ante la población como un atentado del enemigo, una traición de personas desalmadas que quieren hacerle daño a la Patria o que hacen la voluntad del recurrido imperialismo.

 

Dado que estas han sido las reglas del juego hasta ahora, no puede ser menos que sospechoso que se intente pasar una ley donde acusaciones como esas que mencioné puedan calificarse de “amenazas a la seguridad nacional” o “traición a la Patria”

En los setentas, yo fui, como muchos otros, condenada en un tribunal militar somocista precisamente por traición a la Patria, o sea por ser sandinista. ¿Cómo no ver paradójico que este nuevo sandinismo quiera establecer las condiciones para hacer lo mismo que hizo Somoza?


¿Por qué ahora? ¿Por qué a las puertas de un proceso electoral? Con encuestas que les dan un porcentaje de aprobación tan alto, ¿qué saben ellos que no sabemos nosotros del verdadero estado de opinión dentro del país?

 

Y si la intención de pasar esta ley es insólita, además de preocupante, ¿cómo no ver la conexión entre esta y el hecho de que a la par se plantee una reforma judicial que permitiría que cualquier ciudadano fuera retenido para investigación de la policía por sesenta días, antes de pasar —efectivamente— ante un juez.

 

El hábeas corpus y la intervención del juez no desaparecen técnicamente pero en la práctica se faculta a la policía a que se tome hasta dos meses para realizar la investigación y pasar el caso ante el juez. Cualquier ciudadano que sea detenido podría pasar dos meses en una de las cárceles sucias y malolientes de nuestro derruido sistema penitenciario o de El Chipote, antes de que se le declare inocente o de que su caso sea procesado.

 

Lo que está sucediendo, lo que se planifica en el Estado en estos días, es muy serio y va a tener serias consecuencias. Los sandinistas no deberían pasar esta ley, ni cambiar el sistema judicial. No deberían hacerlo si quieren ser mínimamente fieles a la historia y a todos los que lucharon y sufrieron las consecuencias de leyes como las que se quieren reeditar.

 

Empecé con los atentados de París porque este es un momento difícil, porque estamos en un mundo donde están desapareciendo las libertades, amenazadas por fanatismos religiosos y fanatismos políticos, por la violencia, el individualismo y la intolerancia. Es un momento para reflexionar sobre la necesidad del respeto al derecho ajeno como piedra angular del progreso, la paz y la armonía social.

 

Los poderes surgidos de la violencia, de la imposición, de las amenazas, tarde o temprano engendran monstruos. La democracia es un sistema imperfecto, hagámosla mejor, pero no la cambiemos por la dictadura.

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