El discurso autobiográfico en El País bajo mi piel

El discurso autobiográfico: una práctica para la resistencia. Una lectura de El país bajo mi piel de Gioconda Belli

Claudio Patricio Cid

En las postrimerías del siglo XX,  discursos que se tenían como válidos empiezan a ser puestos en tensión produciendo un cambio de enfoque en el momento de leerlos. A sí mismo, los grupos que hasta ese momento fueron minorías, que poseían un discurso que estaba en los límites de la esfera hegemónica, comienzan a reclamar sus derechos y un puesto  en la sociedad para ser reivindicados. Dentro de estos encontramos agrupaciones raciales, políticas, sexuales, etc.;  lo que demanda una posición en el momento de hacer una mirada sobre ellos.

Estos cambios plantean reformulaciones en el concepto de identidad que la alejan de concepciones  deterministas. A partir de ahora la identidad debe ser vista no como algo dado, impuesto por herencia ni como determinismo social; sino que es “una construcción nunca acabada, abierta a la temporalidad, a la contingencia, una posicionalidad relacional sólo temporariamente fijada en el juego de las diferencias”[1]

En el nuevo contexto de “construcciones de la identidad”, el género de la autobiografía, hasta entonces bajo el dominio de una cultura patriarcal, era de uso prácticamente exclusivo del hombre, cobra protagonismo la mujer no sólo en la voz autorial sino también en el mundo referenciado  . Después de los años 80  comienza  la producción de autobiografías de mujeres donde ellas son parte del discurso, desde el protagonismo, en oposición a las autobiografías masculinas donde la mujer estaba dentro de ella como sostén o acompañantes del hombre.

Antes de continuar queremos aclarar que no estamos acotando la aparición de la mujer en la producción de autobiografías a una determinada década, sino que es en ese momento donde la mujer aparece con más fuerza, recordemos que ya desde el barroco hispanoamericano hay producciones importantes de este género.

Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho vamos a tomar una obra y una autora como referente, que si bien no es muy trabajada en los ámbitos académicos, sí es muy leída en los círculos donde se realizan estudios de género como es el caso de Gioconda Belli.

Gioconda Belli nace en Nicaragua, es una escritora que se desarrolló tanto en el campo de la poesía durante la década del 70 como en la narrativa durante los 80 y los 90. En el año 2001 publica El país bajo mi piel. Memorias de amor y de guerra, obra que abordaremos a continuación.

Para nuestra lectura nos posicionaremos desde el concepto de alegoría, donde podemos señalar dos ejes semánticos: uno de carácter personal y otro desde lo colectivo. Al unirse ambos ejes se puede ver una relación directa entre mujer, pueblo y revolución; es decir, ver cómo se produce una simbiosis desde lo individual con lo colectivo y cómo los dos inciden mutuamente.

Vemos necesario nombrar los títulos que la componen porque desde el principio hay una marca de la dicotomía a la que hacía referencia anteriormente: en el título de la obra El país bajo mi piel. Memorias de amor y de guerra encontramos la alegoría que rige a la obra , y la vemos en la fusión sexual entre el país, territorio, y la mujer, sujeto de la enunciación;  en el subtítulo encontramos el término “memorias”, la memoria es dentro de la clasificación de los textos biográficos o autobiográficos,  el discurso que tiene como fin plasmar los acontecimientos que le suceden a un colectivo social con el objetivo de dar testimonio, en oposición a los autobiográfico que centran su enunciado en el “yo” individual. Pero estas son  memorias de amor y de guerra, que si lo vemos desde un sentido simbólico son las memorias de Venus y de Marte, de lo femenino y lo masculino, de la vida y de la muerte, pero que en ambas se encuentran regidas por una fuerza interior como es la “pasión”, lo que mueve al amor y a la guerra son las pasión de quien las lleva a cabo y cree ciegamente en ellas.

Los títulos de cada capítulo engloban un concepto bastante relacionado con el  tema mitológico como es el del viaje mítico del héroe, un viaje de autodescubrimiento; que está estrechamente  relacionado con el autodescubrimiento del país, refiriéndonos al colectivo, al pueblo que va enfrentar transformaciones que desde una primera mirada van a ser trascendentales y que luego se van a cuestionar.

Veamos en que contexto se enmarca su vida y su posición como mujer en Nicaragua; ya sabemos dónde nació, pero ahora veamos cuál es su referente social: Belli pertenece a una familia conservadora y burguesa en la época de la dictadura somosista, pero que no comulgaba con dicho régimen, recibe una formación tradicional en un colegio católico y estudios universitarios en Filadelfia graduándose como publicista, se casa joven pero su carácter no es compatible con la monotonía del matrimonio.

Tomando como referente  la familia, Belli construye su discurso identitario a partir de la oposición con el discurso materno.

“Poco antes de que yo saliera de la recepción hacia la luna de miel me llamó aparte.

Una mujer debe ser una dama en su casa, pero no en la cama. En la cama con tu marido podés hacer lo que quieras. Nada está prohibido. Nada. – recalcó.

Desde que yo era pequeña me habló siempre del cuerpo humano con reverencia.   Decía cuerpo humano con la misma entonación que otras señoras, amigas de ella, decían Jesucristo, o sea, como refiriéndose a algo sagrado.[2]”

Pero Gioconda ve la sexualidad como una liberación, como una bendición de la Naturaleza que la hace sentirse orgullosa de ser mujer y eso lo siente con su primera menstruación

“En la adolescencia, cuando se dio cuenta que la luna, las mareas y las hormonas estaban a punto de revelarme los secretos que la Naturaleza reserva a las mujeres, me llamó a su cuarto una tarde a mi regreso del colegio… Aunque su intención era seguramente inculcarme la responsabilidad de la maternidad, sus palabras acerca del poder de la feminidad en una mente joven y sin prejuicio como la mía, despertaron ecos que trascendían la mera función biológica. Yo era mujer… Eramos la obra maestra de la Naturaleza[3]”

Esta concepción que tiene del cuerpo,  de la sexualidad y su relación con la Naturaleza, combinación bastante frecuente en los escritores latinoamericanos, hacen que se pueda leer el cuerpo como un territorio en términos de  Delleuze y Guatari[4], territorios donde se pueden escribir una cartografía, el territorio del cuerpo se extiende a su país.

Una vez casada, siente que su vida está falta de sentido, que el matrimonio la ahoga,  y comienza a trabajar en una agencia publicitaria, a relacionarse con sus compañeros y allí con la disidencia; ve que su vida puede completarse ayudando a romper las ataduras de la dictadura del país al que ama; luchando contra la tiranía, las reglas de la sociedad conservadora que imponen definiciones en el imaginario social a las cuales las minorías deben estar sometidas y al patriarcado.

Al unirse a la Resistencia, comienza una nueva etapa de su vida, una nueva formación que dista mucho de los paradigmas burgueses y católicos, comienza la lectura de Galeano, Chomsky, Frantz Fanon, Marcuse, y todo tipo de literatura contrahegemónica, y  comienza también su incursión en la poesía:

“No se en qué orden sucedieron las cosas. Si fue primero la poesía o la conspiración. En mi memoria de ese tiempo las imágenes son luminosas y todas en primer plano. La euforia vital encontró cauce en la poesía. Apropiarme de mis plenos poderes de mujer me llevó  a sacudirme la impotencia frente a la dictadura y la miseria. No pude seguir creyendo que cambiar la realidad era imposible. Me poseyó un estado de ebullición. Mi cuerpo celebraba su afirmación. El simple acto de respirar me daba placer . me tragaba el mundo por la nariz y la sensación de plenitud era tal que dudaba que mi piel pudiera contenerme.[5]

Y es en este momento cuando se identifica con el Quijote, ella se autoproclama  como una “Quijota”, y vamos a ver al final que está homologación está relacionada íntimamente con ella.

Una vez dentro del Frente Sandinista , y su actuación activa en el mismo ,  primero como correo, luego realizando reuniones en su casa; empieza a ser perseguida por las fuerzas de seguridad del gobierno que la  llevan al exilio; cuando llega a esta situación su matrimonio ya había terminado hacía tiempo y tenía una relación muy importante con uno de los cabecillas de este grupo, el único hombre que hasta el momento la había hecho sentir una mujer, un hombre que “exploraba su ser”. El exilio va a significar la separación de su familia , pero todavía sigue convencida de sus ideales.

En1979, año trascendente en la vida de Nicaragua y también en la suya. Es en este año que concluyen cuarenta y cinco años de dictadura y se conforma un gobierno provisional del Frente Sandinista, cuya presidente es Violeta Chamorro, una mujer, todo esto embargaba de expectativas al País y a ella, pero es a partir de este momento que se produce un cambio en su vida y los ideales que cimentaron todos estos años empiezan a ceder . Lo que más le impacta son las posturas encontradas dentro del partido sandinista y sobre todo un viaje que realiza a la Unión Soviética, cuna de la ideología marxista que tenía como cabecera la Revolución,  encuentra que este centro anticapitalista, donde teóricamente todos eran iguales, conoce dos caras de una misma moneda, por un  lado las instalaciones del gobierno eran fastuosas como así sus cenas, donde los personajes importantes vestían de gala , los militares con el pecho cruzado por condecoraciones y los popes con trajes ortodoxos[6]. Pero lo que más sintió fue que en el momento de alojarla , a los hombres se los ubicara en la planta alta y a ella en una habitación pequeña de la planta baja, la pregunta era dónde estaba aquella igualdad que profesaban y los diferenciaba de los liberales contra los que ellos combatían. Y la mujer en los países socialistas la ponían de nuevo en la casa, separada del poder político, pero sus ilusiones  eran otras

“En Nicaragua no sería lo mismo, me decía, nosotros encontraremos la fórmula  para lograr el balance entre lo individual y lo colectivo, construiríamos un sistema en el que coexistieran distintas formas de propiedad, diversos partidos políticos. Ése sería nuestro aporte a estos ensayos de utopía que no conseguían despojarse de aires lúgubre y coercitivo.[7]

Su vuelta  a Nicaragua no fue precisamente la que  esperaba, donde podría empezar a forjar sus sueños de un país distinto. Las actitudes del gobierno hacia los habitantes cambiaron totalmente, se despojó de armas a la población  y de revolucionarios pasaron a ser empleados públicos, y los dirigentes empezaron a discriminar a los burgueses que se habían unido a la Revolución  se les cobraba la cuna de donde venían, y lo peor que esta cobranza venía de parte del hombre con el que compartía su vida.

Pero estos hechos son los que la llevan a replantearse su papel como mujer, que hasta el momento lo creía tener claro y sobre todo su postura frente al amor y a los hombres.

“No sabía estar sola. Me había arriesgado a las balas, a la muerte, traficado con armas, pronunciado discursos, ganado premios, tenido hijos, tantas cosas, pero no sabía como era la vida sin que la ocupara el pensamiento de un hombre, el amor de un hombre. No sabía quién era yo sin la referencia de alguien que me nombrara y me hiciera existir con su amor. No iba a renegar de los hombres , pero ya no quería depender afectivamente de ellos o dotarles de un poder de vida o muerte sobre mí.[8]”

Como señalamos anteriormente, ella se siente una Quijota y actúa como tal luchando por ideales y  teniendo como objetivos el amor y el país, pero al igual que al Quijote llega un momento que despierta a la realidad y lo que tiene a su alrededor la decepciona. Y de su sueño por una nación distinta se aboca  a su “yo”  pero esta vez desde lo individual.

Lo paradójico  de su vida es cuando conoce a un periodista norteamericano, Carlos, su actual esposo, con quien se relaciona estando dentro de la vida política nicaragüense, y que en un determinado momento tiene que tomar una opción, y es la de vivir en Estados Unidos, país con el cual se encuentra enfrentada ideológicamente, pero nuevamente es un hombre el que la lleva hacia allá.

Habiendo hecho un paneo a lo largo de la vida de Gioconda Belli, tomando los puntos más relevantes en su trayectoria en la política y en la vida privada podemos arribar a las siguientes conclusiones:

La autora se construye, a lo largo de su narración, desde dos ejes: primero el eje personal, donde se establece una lucha interna entre lo conservador y lo radical , con una idea clara de no ser parte de un sistema social que  la sumerja dentro del “eterno femenino”; desde el eje colectivo refleja una  rebelión pero esta vez desde lo político , también desde la resistencia oponiéndose a un sistema dictatorial. Ambos ejes responden a un dispositivo netamente patriarcal.

Dentro de ese eje colectivo nos encontramos con otro elemento que hace que entre en tensión , y comience una crisis interna: el Poder. Su pregunta radica en si una mujer es capaz de entrar en el círculo del poder, sin encontrarse obstaculizada por su condición sexual, y la respuesta es NO, no porque por más que de un sistema dictatorial, patriarcal y tirano, este nuevo sistema , que estaría del lado de los subyugados, oprimidos, ve que el poder sigue siendo un sustantivo masculino.

En cuanto a la construcción de la sexualidad, esta pseudo independencia sostenida por sus actividades revolucionarias, se ve quebrada, al momento de quebrarse su País, porque  Nicaragua es su espejo, el que muestra los cambios que van teniendo. Si bien hay una unión, en un primer momento con su tierra, la decepción es por partida doble , el incumplimiento de sus ideales políticos y el fin de sus relaciones con los hombres de la revolución a los cuales estaba ligada sentimentalmente, la vuelven a poner en un dilema: debe nuevamente autodefinirse como mujer y mudarse a una nueva tierra, se produce una desterritorialización, poniendo en marcha nuevos sentimientos y trazando nuevos mapas en su vida.

Siguiendo a Lipovetsky[9] la mujer de los últimos tiempos tiene la capacidad de autocrearse, esto no significa que su imagen haya tenido un vuelco de 180 grados con respecto a la mujer de principios de siglo, en la que los “posibles” han reemplazado a los paradigmas colectivos; esto producto de una sociedad abierta en que las normas al ser plurales y selectivas enmarcadas en las estrategias heterogéneas que permiten opiniones y arbitrajes individuales.

Para finalizar le vamos a dar la palabra a la autora:

“El futuro es una construcción que se realiza en el presente… Mis muertos , mis muertes , no fueron en vano. Ésta es una carrera de relevos  en un camino abierto. En Estados Unidos, como en Nicaragua, soy la misma quijota que aprendió, en las batallas de la vida, que si las victorias pueden ser un espejismo, también pueden serlo las derrotas.[10]

Bibliografía consultada y citada

AMÍCOLA, José (2007) Autobiografía como autofiguración . Estrategias discursivas del YO y cuestiones de género. Beatriz Viterbo Editora, Rosario

ARFUCH, L. “Problemáticas de la identidad”; en ARFUCH (Comp) (2002) Identidades, sujetos y subjetividades. Prometeo Libros, Bs. As.

BELLI, Gioconda, (2001) El país bajo mi piel. Ed. Plaza – Janés

DELLEUZE, Gilles ; GUATTARI, Félix . (1980) Mil Mesetas. Ed. Pre- Textos.

LIPOVETSKY, Gilles. (1999) La tercera mujer. Ed. Anagrama. Barcelona.

ROBIN, Regine (1996) Identidad, mito y relato.  Cuaderno de posgrado 5. CBC.  Facultad de Ciencias Sociales.

Buenos Aires.

(2002) “La autoficción: el sujeto siempre en falta”; en ARFUCH (Comp) (2002) Identidades,

sujetos y subjetividades. Prometeo Libros, Bs. As.

RODRÍGUEZ, Ileana.(1996) “Conservadurismo y disención: el sujeto social (mujer/pueblo/etnia) en las

narrativas revolucionarias” Revista Iberoamericana n° 176 – 177. Julio –

Diciembre


[1] ARFUCH, L. Problemáticas de la identidad; en ARFUCH (comp.) (2002) Identidades, sujetos y subjetividades. Prometeo Libros, Bs. As. p 21

[2] BELLI, Gioconda, (2001) El país bajo mi piel. Ed. Plaza – Janés. p. 45

[3] BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 46

[4] DELLEUZE, G; GUATTARI  . (1980) Mil Mesetas. Ed. Pre- Textos.

[5] BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 62

[6] BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 366

[7] BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 367

[8] BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 377 – 378

[9] LIPOVETSKY, G. (1999) La tercera mujer. Ed. Anagrama. Barcelona. P. 218 – 221

[10] BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 411

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