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	<title>Official Site of Gioconda Belli &#187; Bibliography</title>
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	<description>Official Writings, Books, Articles, and Blog of Nicaraguan award winning author, Gioconda Belli.</description>
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		<title>El evolucionismo y el idealismo en &#8220;El Infinito en la Palma de la Mano&#8221;</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Nov 2011 04:01:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gioconda Belli</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por Guillermo Cortés Domínguez (*) En la novela “El infinito en la palma de la mano”, su autora Gioconda Belli pareciera otra persona, muy distinta de la que realmente es, no porque aborde el tema de los primeros habitantes de la Tierra y del Paraíso Terrenal y la desaparición de éste, sino que por su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Por Guillermo Cortés Domínguez (*)<br />
</em><a href="http://www.giocondabelli.org/el-finito-reviews/elinfinitoenlapalma/" rel="attachment wp-att-378"><img src="http://www.giocondabelli.org/site/wp-content/uploads/2009/08/Elinfinitoenlapalma.jpg" alt="" title="Elinfinitoenlapalma" width="369" height="561" class="aligncenter size-full wp-image-378" /></a></p>
<p>En la novela “El infinito en la palma de la mano”, su autora Gioconda Belli pareciera otra persona, muy distinta de la que realmente es, no porque aborde el tema de los primeros habitantes de la Tierra y del Paraíso Terrenal y la desaparición de éste, sino que por su relato puede ser percibida –aunque no lo sea&#8211; como una ferviente católica y conservadora mujer tradicional sojuzgada bajo una concepción religiosa y machista. Durante casi toda la obra ella parece muy cómoda desarrollando como en un ensueño el enfoque idealista católico sobre el surgimiento de la humanidad a partir de Adán y Eva, el Paraíso Terrenal, el Árbol del bien y del mal y la fruta prohibida, la Serpiente, y el nacimiento de Caín y Abel y de sus hermanas Luluwa y Aklia.</p>
<p>Resulta inusualmente llamativo y contradictorio este enfoque idealista, conociendo que la escritora no se caracteriza precisamente por abrazar una cosmovisión místico-religiosa. Igualmente se percibe como muy fuera de lugar que una feminista tan caracterizada como ella pareciera asumir acríticamente el mito de que Eva nace de una costilla de Adán (poderosa simbología justificativa de una pretendida superioridad del hombre y por consiguiente de subordinación de la mujer), lo cual ella narra como un cuento de hadas en el mismo inicio de su obra, a partir del sexto párrafo, en oraciones que suman 34 líneas. Adán vive el fantástico momento de “dar a luz” a Eva, como si estuviera en un trance.</p>
<p>Contra su costado, la tierra húmeda aspiraba y exhalaba imitando el sonido de su respiración. Lo invadió una modorra sedosa y mullida. Se abandonó a la sensación. Más tarde recordaría el cuerpo abriéndosele, el tajo dividiéndole el ser y extrayendo a la criatura íntima que hasta entonces habitara su interior (…)”. (P. 19:237)</p>
<p>“Despertó recordando su inconsciencia. Se entretuvo reconociendo las facultades de su memoria, juzgando a olvidar y recordar, hasta que vio a la mujer a su lado (…)”. (Idem)</p>
<p>Toda la historia de Adán y Eva en El Paraíso, desde la primera palabra de la novela hasta casi la última (exceptuando algunos diálogos y párrafos finales), parece transcurrir desde el enfoque mágico-religioso, donde reina la generación espontánea y la falta de raciocinio y de explicaciones, hasta que la autora sorpresivamente culmina su historia entrando a un bosque donde deja ir para siempre a su transformada hija Aklia, que feliz se integra a una manada de monos, y le dice: Algún día hablarás de nuevo. Ahora vete. ¡Corre, hija, ve y recupera el Paraíso!, con lo que la concepción racionalista, evolucionista, de Charles Darwin, que parecía ignorada, se muestra de una manera tan rotunda, que prevalece en esta saga de ficción.</p>
<p>Siguiendo el tratamiento que la escritora le da a su personaje Aklia, que parece ser la figura central de su novela, y no Adán ni Eva, quizás logremos identificar un aspecto de la clave de su escritura, de su arquitectura, de la relojería que ha utilizado en su urdimbre espacial y temporal. Aklia es la clave para desentrañar su trama narrativa.</p>
<p>No crean que el final racionalista es antojadizo, que la autora de súbito cambió de opinión, sino que con destreza ella fue tejiendo una telaraña imperceptible, casi invisible, fue dejando con sutileza, a partir de la página 179, tenues indicios que justificarán su categórico enfoque de cierre. Llama la atención la manera directa y sencilla, casi simple, con que hace sus planteamientos, sin preocuparse por explicar ni profundizar, pero de tal manera, que consigue que todo sea creíble. En las últimas cincuenta y ocho páginas va tendiendo sus trampas en las que inevitablemente vamos a caer. ¿O la verdadera trampa son los 179 folios iniciales de pura inocencia, magia e ignorancia?</p>
<p>Debo confesar que para aproximarme a la urdimbre articulada subrepticiamente por la escritora,  leí de nuevo todo lo relacionado con el personaje más misterioso y atractivo de la obra, que al final del libro se nos revela representando el enfoque evolucionista, y que es Aklia, la menor de los cuatro hijos de Adán y Eva, a la que no “descubrí” en su singular rol, sino hasta llegar a los últimos párrafos. Subrayo que solo con la relectura me fue posible “desentrañar” las migas de pan que con dosificación calculada va dejando la autora para que el final no nos parezca extraño, sino que lo aceptemos como lógico y verosímil. Es decir, la mayoría de las pistas “no las vi” la primera vez, al menos no las registró mi consciente.</p>
<p>Un personaje fascinante</p>
<p>En la segunda lectura fue toda una sorpresa encontrar tantos indicios relacionados con el desenlace, el cual, de todas maneras, no me había parecido tirado de los cabellos, pues me inspiró credibilidad, aunque fue sorpresivo. Y Aklia apareció como un personaje fascinante. Esto me produjo una inquietante certeza alrededor de que el hecho de no haber percibido conscientemente esas señales, no significaba que éstas no hubieran sido registradas por mi inconsciente, y que, por tanto, contribuyeran a la credibilidad de los planteamientos racionalistas culminantes de la autora, lo que, al fin y al cabo, es el gran objetivo de los escritores de ficción.</p>
<p>También debo decir, aunque parezca obvio, que por mucho la segunda lectura no tuvo la espontaneidad de la primera, y que, más bien privó en ella el deliberado y único propósito de encontrar elementos pasados por alto en la primera mirada, que se relacionaran con el desenlace de la novela. Este es un tipo de lectura fría, técnica, en la que expresamente se indaga solo acerca de determinados elementos, y no otros, porque sabía qué buscar específicamente, gracias a que ya conocía el final. Y así es relativamente fácil reconocer esas pistas. Hubiera sido grandioso haberlas visto la primera vez, como seguramente les ocurre a lectores y lectoras más avezados.</p>
<p>Así, los primeros síntomas aparecen en la página 179, cuando la escritora relata el nacimiento de Aklia y la describe como una criatura diminuta, los ojos apretadamente cerrados, la cara cubierta de vello oscuro, la frente abombada, los labios demasiado grandes. (…). Como ya sabemos que Aklia se unirá a una manada de monos, esta descripción que antes no nos dijo nada, ahora se nos revela como el primer indicio que deliberadamente Gioconda Belli deja caer, para que los rasgos de la niña se asocien a los de un simio. No contenta con ello, apenas dos líneas después pasa de la insinuación a una afirmación terminante: Adán se paseó con Aklia por la cueva. La llevó junto al fuego. La miró y dijo que parecía una mona, no un ser humano. El “venenito” fue vertido por segunda dosis en la copa de vino que estamos tomando. </p>
<p>Diez líneas después, aparece un refuerzo de la idea que la escritora nos quiere vender: Nadie como ella para subir a los árboles, bajar dátiles de la copa de las palmeras. (…). Al final del párrafo, la autora nos remata: Aklia le parecía a ella (a Eva) más fuerte, más cercana a la esencia de cuanto les rodeaba. Unas veces es explícita (nadie como ella para subir a los árboles), otras, apenas sugerente (más cercana a la esencia de cuanto les rodeaba), siendo los animales la esencia de lo que les circundaba. En la siguiente página, Belli lanza otro atisbo: En medio de su caminata sin rumbo, Adán vio a Aklia cruzándose de una rama a otra, seguida por un gorila de ojos tristísimos. ¡Claro!, como ya conocemos el final, sabemos a dónde se dirige la autora, cuál es su propósito. </p>
<p>Después del “bombardeo” de cinco ideas seguidas sobre Aklia relacionándola con primates en menos de dos páginas, la autora, muy segura de la sólida plataforma que ha construido, se toma la libertad de una extensa pausa, y no es sino hasta treinta y cinco folios después, que vuelve con más pistas mediante un diálogo de Aklia y Eva:<br />
&#8211;Caín no me quiere &#8211;dijo ella&#8211;. Ni Caín ni Abel ni Luluwa ni mi padre. ¿Quién soy yo, madre? ¿Cuál es mi destino? Veo las bandadas de monos y a menudo quisiera irme con ellos. (P215:237).</p>
<p>La urdimbre filosófica de la autora</p>
<p>Con este diálogo, la escritora continúa sembrando el camino hacia el desenlace dramático de la obra, dándole pacientemente una configuración conveniente a su personaje Aklia, de modo que su decisión final aparezca como natural y factible, por lo tanto aceptable por los lectores y lectoras. Esta vez, planta la duda sobre la verdadera identidad de su hija y comunica el deseo de ésta de irse con los monos. Ya deberíamos de estar súper prevenidos de lo que ocurrirá. Y, más importante aún, Gioconda inicia su compleja y a la vez sencilla trama filosófica, que es lo que le conferirá su real significado al hecho final, a la incorporación de la hija menor de Eva a una gavilla de monos. Es un indicio filosófico muy tenue, pero estratégico: ¿Quién soy yo, madre? ¿Cuál es mi destino? Estas preguntas que aparecen inocentemente, casi inadvertidas, en la primera lectura, en la segunda se revelarán en su trascendental significado relacionado con el verdadero inicio de la raza humana a partir de la evolución de los monos, con lo que Darwin hace su apoteósica entrada triunfal en la novela.</p>
<p>En efecto, la línea argumental de la escritora, hábilmente camuflada entre variadas y cándidas descripciones y relatos sobre la vida cotidiana de Adán y Eva fuera de El Paraíso, lleva dos propósitos: por un lado, “deshumanizar” a Aklia, confiriéndole poco a poco un perfil simiesco &#8211;imposible no relacionarlo con la metamorfosis kafkiana de un hombre de súbito convertido en cucaracha&#8211;; y, por otro, darle un sentido racional a la historia, para alejarse de la concepción religiosa en la que ha estado inmersa en casi todo el libro, entrando de este modo a una vertiente filosófica evolucionista que desarrolla con ideas breves y categóricas. Así, el tiempo se trastoca cuando la pareja primigenia es expulsada del Paraíso y Adán y Eva se convierten en un sueño inconcluso del Creador (Elokim), mientras que Aklia será la realidad, volverá al principio de todo &#8211;la verdadera génesis del ser humano a partir de la evolución de los primates&#8211;, para que sus generaciones futuras alcancen el genuino paraíso terrenal.</p>
<p>Los indicios que con deliberada paciencia la autora va sembrando de manera dosificada y conveniente a lo largo de las últimas 58 páginas, fueron cumpliendo su objetivo, aunque no me haya dado cuenta o no fuera consciente de ello, por los significados latentes, indirectos, subliminales y subconscientes que tienen las palabras o construcciones gramaticales. Avanzados estudios científicos han demostrado que nuestro cerebro es capaz de comprender el significado de una palabra e incluso de percibir su carga emocional antes de conocerla conscientemente, lo cual significa que existe en nosotros una decodificación inconsciente del significado del lenguaje que es previa a que la conciencia pueda conocer los términos o vocablos. La percepción o registro subliminal se define como: un proceso de extracción y análisis de  información de estímulos de los que el sujeto nunca es consciente.</p>
<p>Este fenómeno sicológico de la percepción inconsciente puede ser comparado con otro, más conocido, que permite a los escritores y escritoras no ocuparse tanto en una descripción de una persona o paisaje, sino ofrecer solo algunos trazos, pero que tienen que ser claves y tan impactantes, que estimulen recuerdos, vivencias y conocimientos en la mente de los lectores y lectoras, y con ello activen un poderoso mecanismo que se encargará de completar el objeto descrito en un proceso del que no somos conscientes.</p>
<p>¿Demerita la obra que esos indicios no hayan sido tan explícitos? De ninguna manera. ¡Al contrario!, es un mérito atribuible a la destreza de la escritora, quien no delató su objetivo, no puso en evidencia la costura de sus lanzamientos en curva y con quiebre hacia la zona buena del plato, donde los lectores y lectoras nos encontramos alertas y amenazantes con el bate de madera en ristre. De haberse evidenciado la intencionalidad de la autora, habría disminuido el potencial de impacto que le imprimió a la obra el carácter sorpresivo del final. Como sabemos, los escritores se van reservando sus mejores cartas, pero al mismo tiempo se cuidan de tener a mano otros recursos para mantener el interés, mientras llega el desenlace que nos moverá el piso.</p>
<p>En la página 222, en el tramo final de la novela, cuando la familia primigenia corre a buscar a Abel mortalmente golpeado por su hermano Caín, la autora coloca otra huella. Luluwa señaló el promontorio. Subieron. Aklia gemía, trastabillaba. Eva la vio apoyándose en sus manos para empujarse, para ir más rápido.<br />
&#8211;Cuidado con tus manos Aklia.<br />
Ella la miró con sus ojos dulces. No habló. No hizo más que un ruido triste y agudo.</p>
<p>La escritora puso a Aklia a correr y a gemir como lo hacen los monos. Y después de siete párrafos, mientras a Eva la consumía la pena de saber que nunca más vería vivo a su querido hijo Abel, Vio a Aklia saltando, gimiendo. En ambos casos, continúa dibujando con paciencia el perfil simiesco de su hija menor.</p>
<p>Las pautas filosóficas estratégicas de la novela</p>
<p>Al final de la página 224 y al inicio de la 225, Adán y Eva tienen un diálogo que es definitorio de la obra, mediante el cual Gioconda Belli establece las pautas filosóficas estratégicas de la novela, los contenidos rotundos que la decantarán por la racionalidad y el evolucionismo, dejando atrás, con enorme respeto y hábil sutileza, la concepción idealista religiosa.</p>
<p>&#8211;¿Para qué nos creó, Eva? No creo que pueda sufrir más de lo que he sufrido.<br />
&#8211;La Serpiente decía que Elokim nos hizo para ver si los nuestros eran capaces de volver al punto de partida y recuperar el Paraíso.<br />
&#8211;¿Acaso nosotros no somos el principio?<br />
&#8211;Según me dijo, en el Jardín nosotros fuimos la imagen de lo que Elokim quería ver al final de su creación. Cuando comimos el higo, él alteró la dirección del tiempo. Ahora, para volver al punto de partida, nuestros hijos y los hijos de sus hijos, las generaciones que nos sucederán, tendrán que comenzar, retroceder. Eso dijo.<br />
&#8211;¿Y hasta dónde tendremos que retroceder?<br />
&#8211;No sé Adán. Creo que acabaremos en manada. Quizás Aklia contenga el futuro. Quizás por eso te parezca extraña. Quizás sea el pasado que nosotros no conocimos.<br />
&#8211; Tan inocente, Aklia.<br />
&#8211; Y esencial.</p>
<p>Efectivamente, en este diálogo la autora siembra las claves de la novela, al plantear varios asuntos culminantes, por ejemplo: 1. Una racionalización sobre el objetivo de la Creación religiosa; 2. La recuperación del Paraíso por parte de sus descendientes, en un futuro no definido, pero muy lejano; 3. La existencia de un punto de partida diferente del de Adán y Eva, quienes nacieron por generación espontánea, y ya conformados como adultos, sin pasar por un proceso de desarrollo. 4. La necesidad de un nuevo comienzo, en ese punto de partida distinto. Junto a los contenidos filosóficos la autora continúa desparramando pistas y justificaciones para su final que ya se avecina, cuando pone en boca de Eva la frase…acabaremos en manada…”, y le asigna, aunque no con certeza, el rol definitorio a su hija menor: …Quizás Aklia contenga el futuro….</p>
<p>Apenas un poco después, en la página 232, la autora termina de conferirle a Aklia un perfil animaloide. Olvidada del habla, parecía también haber perdido la razón y la conciencia, para entregarse sin reparos a una existencia de simio. Y agrega: Eva la vigilaba. Apenas durmió temiendo que se marchara con la manada de monos que pasó rondando la cueva por la noche. Sólo un párrafo adelante, la autora describe la reacción de nuestra protagonista ante la despedida de Luluwa, quien se marcha con Caín y su maldición de que no tendrá frutos, por haber asesinado a su hermano Abel. Luluwa sollozó al despedirse de Aklia, quien la observó y alzó los brazos no para abrazarla, sino para tocar su propia cabeza, los ojos brillantes sin lágrimas mirándola curiosos. No hubo reacción humana. Es totalmente simiesco el comportamiento de Aklia.</p>
<p>Como si no hubiera terminado de configurar la nueva identidad primate de Aklia, tres párrafos más tarde Belli agrega: En pocos días el pelo de la hija había vuelto a cubrir sus mejillas (como al nacer). La piel de sus manos y sus pies largos y delicados se había endurecido adquiriendo un tono pardo… Caminaba tomada de su mano, dócil y torpe, vaciada de palabras. A ratos, en el trayecto, se soltaba y corría ayudándose de sus brazos… Saltó contenta sobre la arena…, con lo que completa la metamorfosis, y la autora se apresta a su gran final.</p>
<p>En la página 234, mediante un diálogo de Eva con la Serpiente, la escritora bucea a profundidad en los presupuestos filosóficos esenciales, cuyas bases estableció diez páginas antes.<br />
&#8211;Mira la pequeña Aklia. El pasado y el futuro van corriendo con ella por la playa.<br />
&#8211;¿Qué quieres decir?<br />
&#8211;Ha vuelto a la inocencia, Eva; una inocencia anterior al Paraíso, precursora del Paraíso. La Historia ha saltado de ti a ella ahora y un tiempo largo y lento está por empezar.</p>
<p>El sueño de la deidad se hizo añicos</p>
<p>Qué fuerza adquiere entonces esa frase El pasado y el futuro van corriendo con ella… El evolucionismo se ha adueñado del desenlace de la novela. Con Aklia empezará la Historia, el tiempo largo y lento, los millones de años que requerirá la evolución, el primer gran paso en el futuro cuando los homínidos bajarán de los árboles para salir a los llanos y empezarán a erguirse y a caminar en dos patas, dando paso a los bípedos. La cadena evolutiva estará marcada, a grandes trancos históricos, por el Austrolopiteco, el Homo, el Neandertal y el Homo Sapiens. Aklia será el inicio.</p>
<p>Continúa el diálogo, breve pero en terrenos filosóficos abisales, de Eva con la Serpiente:</p>
<p>&#8211;Aklia es la realidad de Elokim. Nosotros somos sus sueños.<br />
&#8211;Dijiste que en el principio estaba el final.<br />
&#8211;El final de los descendientes de Aklia será llegar al principio….<br />
&#8211;¿Volverán al Paraíso? ¿Y después qué? ¿Se preguntarán qué hay más allá? ¿Se aburrirán?<br />
&#8211;Quizás no. No sufrirán la ceguera de la inocencia, el anhelo de saber de la ignorancia. No necesitarán morder frutas prohibidas para conocer el Bien y el Mal. Lo llevarán con ellos. Sabrán que el único Paraíso donde es real la existencia es aquel donde posean la libertad y el conocimiento.<br />
&#8211;Crees que lleguen a ser verdaderamente libres? ¿Crees que Elokim se lo permita?<br />
&#8211;La existencia es un juego de Elokim. Si tu especie encuentra la armonía, Elokim se marchará…</p>
<p>La autora canta un himno a la libertad y el conocimiento, que fue la temática central del erudito comentario del filósofo Alejandro Serrano Caldera, durante la presentación de esta novela en Nicaragua, hace unas semanas. De acuerdo al diálogo anterior, la quimera de Dios fracasó cuando Eva cedió a la necesidad de conocimiento, y el sueño de la deidad se hizo añicos. Sucedió la expulsión del Paraíso, el nacimiento de los cuatro hijos, entre ellos Aklia, y con ella, la realidad. La autora nos catapulta al futuro, del cual es parte nuestro presente actual, y da por hecho que el ser humano volverá al Paraíso, y entonces desaparecerá Dios (Elokim) porque, según Belli, el Creador se marchará a construir otros universos. Será un paraíso nada celestial, sino verdaderamente terrenal. Será cuando alcancemos un plano superior de la existencia. Seremos sabios y libres, si antes &#8211;a como vamos—no destruimos la Tierra.</p>
<p>Dentro de un clima narrativo que crea una sensación de ensueño, como si los lectores fuéramos atrapados por un lenguaje algodonoso, en medio de densas nubes cálidamente acogedoras, quedan establecidos con sutileza, pero con meridiana claridad, los presupuestos filosóficos. Solo falta el final. Eva lleva a Aklia a un lugar donde una vez estuvo perdida y fue salvada por unos primates. …Eva apretó fuerte la mano de Aklia, Inquieta, Aklia miraba las copas de los árboles. Daba pequeños saltos. Se rascaba la cabeza.<br />
Eva vio venir la manada de monos grandes, gráciles y vivaces columpiándose sobre las ramas.</p>
<p>…Aklia se soltó de su mano. Antes de dejarla marchar ella se inclinó y la abrazó fuerte contra su corazón. Recuérdame Aklia, dijo, recuerda cuanto has vivido. Algún día hablarás de nuevo. Ahora vete. ¡Corre, hija, ve y recupera el Paraíso! Este es el final de la obra. Es el final, no importando que después de ello la autora haya agregado tres líneas con las que quizás trata de continuar impregnándonos hasta la última letra, de esa atmósfera de candidez y ensoñación que se respira a lo largo de toda esta novela breve.</p>
<p>(*) Autor de la novela El Arcángel.</p>

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		<title>El discurso autobiográfico en El País bajo mi piel</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Aug 2009 07:03:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gioconda Belli</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bibliography]]></category>

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		<description><![CDATA[El discurso autobiográfico: una práctica para la resistencia. Una lectura de El país bajo mi piel de Gioconda Belli Claudio Patricio Cid En las postrimerías del siglo XX,  discursos que se tenían como válidos empiezan a ser puestos en tensión produciendo un cambio de enfoque en el momento de leerlos. A sí mismo, los grupos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El discurso autobiográfico: una práctica para la resistencia. Una lectura de El país bajo mi piel de Gioconda Belli</p>
<p>Claudio Patricio Cid</p>
<p>En las postrimerías del siglo XX,  discursos que se tenían como válidos empiezan a ser puestos en tensión produciendo un cambio de enfoque en el momento de leerlos. A sí mismo, los grupos que hasta ese momento fueron minorías, que poseían un discurso que estaba en los límites de la esfera hegemónica, comienzan a reclamar sus derechos y un puesto  en la sociedad para ser reivindicados. Dentro de estos encontramos agrupaciones raciales, políticas, sexuales, etc.;  lo que demanda una posición en el momento de hacer una mirada sobre ellos.</p>
<p>Estos cambios plantean reformulaciones en el concepto de identidad que la alejan de concepciones  deterministas. A partir de ahora la identidad debe ser vista no como algo dado, impuesto por herencia ni como determinismo social; sino que es “una construcción nunca acabada, abierta a la temporalidad, a la contingencia, una posicionalidad relacional sólo temporariamente fijada en el juego de las diferencias”<a href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p><span id="more-368"></span></p>
<p>En el nuevo contexto de “construcciones de la identidad”, el género de la autobiografía, hasta entonces bajo el dominio de una cultura patriarcal, era de uso prácticamente exclusivo del hombre, cobra protagonismo la mujer no sólo en la voz autorial sino también en el mundo referenciado  . Después de los años 80  comienza  la producción de autobiografías de mujeres donde ellas son parte del discurso, desde el protagonismo, en oposición a las autobiografías masculinas donde la mujer estaba dentro de ella como sostén o acompañantes del hombre.</p>
<p>Antes de continuar queremos aclarar que no estamos acotando la aparición de la mujer en la producción de autobiografías a una determinada década, sino que es en ese momento donde la mujer aparece con más fuerza, recordemos que ya desde el barroco hispanoamericano hay producciones importantes de este género.</p>
<p>Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho vamos a tomar una obra y una autora como referente, que si bien no es muy trabajada en los ámbitos académicos, sí es muy leída en los círculos donde se realizan estudios de género como es el caso de Gioconda Belli.</p>
<p>Gioconda Belli nace en Nicaragua, es una escritora que se desarrolló tanto en el campo de la poesía durante la década del 70 como en la narrativa durante los 80 y los 90. En el año 2001 publica El país bajo mi piel. Memorias de amor y de guerra, obra que abordaremos a continuación.</p>
<p>Para nuestra lectura nos posicionaremos desde el concepto de alegoría, donde podemos señalar dos ejes semánticos: uno de carácter personal y otro desde lo colectivo. Al unirse ambos ejes se puede ver una relación directa entre mujer, pueblo y revolución; es decir, ver cómo se produce una simbiosis desde lo individual con lo colectivo y cómo los dos inciden mutuamente.</p>
<p>Vemos necesario nombrar los títulos que la componen porque desde el principio hay una marca de la dicotomía a la que hacía referencia anteriormente: en el título de la obra El país bajo mi piel. Memorias de amor y de guerra encontramos la alegoría que rige a la obra , y la vemos en la fusión sexual entre el país, territorio, y la mujer, sujeto de la enunciación;  en el subtítulo encontramos el término “memorias”, la memoria es dentro de la clasificación de los textos biográficos o autobiográficos,  el discurso que tiene como fin plasmar los acontecimientos que le suceden a un colectivo social con el objetivo de dar testimonio, en oposición a los autobiográfico que centran su enunciado en el “yo” individual. Pero estas son  memorias de amor y de guerra, que si lo vemos desde un sentido simbólico son las memorias de Venus y de Marte, de lo femenino y lo masculino, de la vida y de la muerte, pero que en ambas se encuentran regidas por una fuerza interior como es la “pasión”, lo que mueve al amor y a la guerra son las pasión de quien las lleva a cabo y cree ciegamente en ellas.</p>
<p>Los títulos de cada capítulo engloban un concepto bastante relacionado con el  tema mitológico como es el del viaje mítico del héroe, un viaje de autodescubrimiento; que está estrechamente  relacionado con el autodescubrimiento del país, refiriéndonos al colectivo, al pueblo que va enfrentar transformaciones que desde una primera mirada van a ser trascendentales y que luego se van a cuestionar.</p>
<p>Veamos en que contexto se enmarca su vida y su posición como mujer en Nicaragua; ya sabemos dónde nació, pero ahora veamos cuál es su referente social: Belli pertenece a una familia conservadora y burguesa en la época de la dictadura somosista, pero que no comulgaba con dicho régimen, recibe una formación tradicional en un colegio católico y estudios universitarios en Filadelfia graduándose como publicista, se casa joven pero su carácter no es compatible con la monotonía del matrimonio.</p>
<p>Tomando como referente  la familia, Belli construye su discurso identitario a partir de la oposición con el discurso materno.</p>
<p>&#8220;Poco antes de que yo saliera de la recepción hacia la luna de miel me llamó aparte.</p>
<p>Una mujer debe ser una dama en su casa, pero no en la cama. En la cama con tu marido podés hacer lo que quieras. Nada está prohibido. Nada. – recalcó.</p>
<p>Desde que yo era pequeña me habló siempre del cuerpo humano con reverencia.   Decía cuerpo humano con la misma entonación que otras señoras, amigas de ella, decían Jesucristo, o sea, como refiriéndose a algo sagrado.<a href="#_ftn2">[2]&#8220;</a></p>
<p>Pero Gioconda ve la sexualidad como una liberación, como una bendición de la Naturaleza que la hace sentirse orgullosa de ser mujer y eso lo siente con su primera menstruación</p>
<p>&#8220;En la adolescencia, cuando se dio cuenta que la luna, las mareas y las hormonas estaban a punto de revelarme los secretos que la Naturaleza reserva a las mujeres, me llamó a su cuarto una tarde a mi regreso del colegio&#8230; Aunque su intención era seguramente inculcarme la responsabilidad de la maternidad, sus palabras acerca del poder de la feminidad en una mente joven y sin prejuicio como la mía, despertaron ecos que trascendían la mera función biológica. Yo era mujer&#8230; Eramos la obra maestra de la Naturaleza<a href="#_ftn3">[3]&#8220;</a></p>
<p>Esta concepción que tiene del cuerpo,  de la sexualidad y su relación con la Naturaleza, combinación bastante frecuente en los escritores latinoamericanos, hacen que se pueda leer el cuerpo como un territorio en términos de  Delleuze y Guatari<a href="#_ftn4">[4]</a>, territorios donde se pueden escribir una cartografía, el territorio del cuerpo se extiende a su país.</p>
<p>Una vez casada, siente que su vida está falta de sentido, que el matrimonio la ahoga,  y comienza a trabajar en una agencia publicitaria, a relacionarse con sus compañeros y allí con la disidencia; ve que su vida puede completarse ayudando a romper las ataduras de la dictadura del país al que ama; luchando contra la tiranía, las reglas de la sociedad conservadora que imponen definiciones en el imaginario social a las cuales las minorías deben estar sometidas y al patriarcado.</p>
<p>Al unirse a la Resistencia, comienza una nueva etapa de su vida, una nueva formación que dista mucho de los paradigmas burgueses y católicos, comienza la lectura de Galeano, Chomsky, Frantz Fanon, Marcuse, y todo tipo de literatura contrahegemónica, y  comienza también su incursión en la poesía:</p>
<p>&#8220;No se en qué orden sucedieron las cosas. Si fue primero la poesía o la conspiración. En mi memoria de ese tiempo las imágenes son luminosas y todas en primer plano. La euforia vital encontró cauce en la poesía. Apropiarme de mis plenos poderes de mujer me llevó  a sacudirme la impotencia frente a la dictadura y la miseria. No pude seguir creyendo que cambiar la realidad era imposible. Me poseyó un estado de ebullición. Mi cuerpo celebraba su afirmación. El simple acto de respirar me daba placer . me tragaba el mundo por la nariz y la sensación de plenitud era tal que dudaba que mi piel pudiera contenerme.<a href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p>Y es en este momento cuando se identifica con el Quijote, ella se autoproclama  como una “Quijota”, y vamos a ver al final que está homologación está relacionada íntimamente con ella.</p>
<p>Una vez dentro del Frente Sandinista , y su actuación activa en el mismo ,  primero como correo, luego realizando reuniones en su casa; empieza a ser perseguida por las fuerzas de seguridad del gobierno que la  llevan al exilio; cuando llega a esta situación su matrimonio ya había terminado hacía tiempo y tenía una relación muy importante con uno de los cabecillas de este grupo, el único hombre que hasta el momento la había hecho sentir una mujer, un hombre que “exploraba su ser”. El exilio va a significar la separación de su familia , pero todavía sigue convencida de sus ideales.</p>
<p>En1979, año trascendente en la vida de Nicaragua y también en la suya. Es en este año que concluyen cuarenta y cinco años de dictadura y se conforma un gobierno provisional del Frente Sandinista, cuya presidente es Violeta Chamorro, una mujer, todo esto embargaba de expectativas al País y a ella, pero es a partir de este momento que se produce un cambio en su vida y los ideales que cimentaron todos estos años empiezan a ceder . Lo que más le impacta son las posturas encontradas dentro del partido sandinista y sobre todo un viaje que realiza a la Unión Soviética, cuna de la ideología marxista que tenía como cabecera la Revolución,  encuentra que este centro anticapitalista, donde teóricamente todos eran iguales, conoce dos caras de una misma moneda, por un  lado las instalaciones del gobierno eran fastuosas como así sus cenas, donde los personajes importantes vestían de gala , los militares con el pecho cruzado por condecoraciones y los popes con trajes ortodoxos<a href="#_ftn6">[6]</a>. Pero lo que más sintió fue que en el momento de alojarla , a los hombres se los ubicara en la planta alta y a ella en una habitación pequeña de la planta baja, la pregunta era dónde estaba aquella igualdad que profesaban y los diferenciaba de los liberales contra los que ellos combatían. Y la mujer en los países socialistas la ponían de nuevo en la casa, separada del poder político, pero sus ilusiones  eran otras</p>
<p>&#8220;En Nicaragua no sería lo mismo, me decía, nosotros encontraremos la fórmula  para lograr el balance entre lo individual y lo colectivo, construiríamos un sistema en el que coexistieran distintas formas de propiedad, diversos partidos políticos. Ése sería nuestro aporte a estos ensayos de utopía que no conseguían despojarse de aires lúgubre y coercitivo.<a href="#_ftn7">[7]</a></p>
<p>Su vuelta  a Nicaragua no fue precisamente la que  esperaba, donde podría empezar a forjar sus sueños de un país distinto. Las actitudes del gobierno hacia los habitantes cambiaron totalmente, se despojó de armas a la población  y de revolucionarios pasaron a ser empleados públicos, y los dirigentes empezaron a discriminar a los burgueses que se habían unido a la Revolución  se les cobraba la cuna de donde venían, y lo peor que esta cobranza venía de parte del hombre con el que compartía su vida.</p>
<p>Pero estos hechos son los que la llevan a replantearse su papel como mujer, que hasta el momento lo creía tener claro y sobre todo su postura frente al amor y a los hombres.</p>
<p>&#8220;No sabía estar sola. Me había arriesgado a las balas, a la muerte, traficado con armas, pronunciado discursos, ganado premios, tenido hijos, tantas cosas, pero no sabía como era la vida sin que la ocupara el pensamiento de un hombre, el amor de un hombre. No sabía quién era yo sin la referencia de alguien que me nombrara y me hiciera existir con su amor. No iba a renegar de los hombres , pero ya no quería depender afectivamente de ellos o dotarles de un poder de vida o muerte sobre mí.<a href="#_ftn8">[8]&#8220;</a></p>
<p>Como señalamos anteriormente, ella se siente una Quijota y actúa como tal luchando por ideales y  teniendo como objetivos el amor y el país, pero al igual que al Quijote llega un momento que despierta a la realidad y lo que tiene a su alrededor la decepciona. Y de su sueño por una nación distinta se aboca  a su “yo”  pero esta vez desde lo individual.</p>
<p>Lo paradójico  de su vida es cuando conoce a un periodista norteamericano, Carlos, su actual esposo, con quien se relaciona estando dentro de la vida política nicaragüense, y que en un determinado momento tiene que tomar una opción, y es la de vivir en Estados Unidos, país con el cual se encuentra enfrentada ideológicamente, pero nuevamente es un hombre el que la lleva hacia allá.</p>
<p>Habiendo hecho un paneo a lo largo de la vida de Gioconda Belli, tomando los puntos más relevantes en su trayectoria en la política y en la vida privada podemos arribar a las siguientes conclusiones:</p>
<p>La autora se construye, a lo largo de su narración, desde dos ejes: primero el eje personal, donde se establece una lucha interna entre lo conservador y lo radical , con una idea clara de no ser parte de un sistema social que  la sumerja dentro del “eterno femenino”; desde el eje colectivo refleja una  rebelión pero esta vez desde lo político , también desde la resistencia oponiéndose a un sistema dictatorial. Ambos ejes responden a un dispositivo netamente patriarcal.</p>
<p>Dentro de ese eje colectivo nos encontramos con otro elemento que hace que entre en tensión , y comience una crisis interna: el Poder. Su pregunta radica en si una mujer es capaz de entrar en el círculo del poder, sin encontrarse obstaculizada por su condición sexual, y la respuesta es NO, no porque por más que de un sistema dictatorial, patriarcal y tirano, este nuevo sistema , que estaría del lado de los subyugados, oprimidos, ve que el poder sigue siendo un sustantivo masculino.</p>
<p>En cuanto a la construcción de la sexualidad, esta pseudo independencia sostenida por sus actividades revolucionarias, se ve quebrada, al momento de quebrarse su País, porque  Nicaragua es su espejo, el que muestra los cambios que van teniendo. Si bien hay una unión, en un primer momento con su tierra, la decepción es por partida doble , el incumplimiento de sus ideales políticos y el fin de sus relaciones con los hombres de la revolución a los cuales estaba ligada sentimentalmente, la vuelven a poner en un dilema: debe nuevamente autodefinirse como mujer y mudarse a una nueva tierra, se produce una desterritorialización, poniendo en marcha nuevos sentimientos y trazando nuevos mapas en su vida.</p>
<p>Siguiendo a Lipovetsky<a href="#_ftn9">[9]</a> la mujer de los últimos tiempos tiene la capacidad de autocrearse, esto no significa que su imagen haya tenido un vuelco de 180 grados con respecto a la mujer de principios de siglo, en la que los “posibles” han reemplazado a los paradigmas colectivos; esto producto de una sociedad abierta en que las normas al ser plurales y selectivas enmarcadas en las estrategias heterogéneas que permiten opiniones y arbitrajes individuales.</p>
<p>Para finalizar le vamos a dar la palabra a la autora:</p>
<p>&#8220;El futuro es una construcción que se realiza en el presente&#8230; Mis muertos , mis muertes , no fueron en vano. Ésta es una carrera de relevos  en un camino abierto. En Estados Unidos, como en Nicaragua, soy la misma quijota que aprendió, en las batallas de la vida, que si las victorias pueden ser un espejismo, también pueden serlo las derrotas.<a href="#_ftn10">[10]</a></p>
<p>Bibliografía consultada y citada</p>
<p>AMÍCOLA, José (2007) Autobiografía como autofiguración . Estrategias discursivas del YO y cuestiones de género. Beatriz Viterbo Editora, Rosario</p>
<p>ARFUCH, L. “Problemáticas de la identidad”; en ARFUCH (Comp) (2002) Identidades, sujetos y subjetividades. Prometeo Libros, Bs. As.</p>
<p>BELLI, Gioconda, (2001) El país bajo mi piel. Ed. Plaza – Janés</p>
<p>DELLEUZE, Gilles ; GUATTARI, Félix . (1980) Mil Mesetas. Ed. Pre- Textos.</p>
<p>LIPOVETSKY, Gilles. (1999) La tercera mujer. Ed. Anagrama. Barcelona.</p>
<p>ROBIN, Regine (1996) Identidad, mito y relato.  Cuaderno de posgrado 5. CBC.  Facultad de Ciencias Sociales.</p>
<p>Buenos Aires.</p>
<p>(2002) “La autoficción: el sujeto siempre en falta”; en ARFUCH (Comp) (2002) Identidades,</p>
<p>sujetos y subjetividades. Prometeo Libros, Bs. As.</p>
<p>RODRÍGUEZ, Ileana.(1996) “Conservadurismo y disención: el sujeto social (mujer/pueblo/etnia) en las</p>
<p>narrativas revolucionarias” Revista Iberoamericana n° 176 – 177. Julio –</p>
<p>Diciembre</p>
<hr size="1" /><a href="#_ftnref1">[1]</a> ARFUCH, L. Problemáticas de la identidad; en ARFUCH (comp.) (2002)<em> Identidades, sujetos y subjetividades.</em> Prometeo Libros, Bs. As. p 21</p>
<p><a href="#_ftnref2">[2]</a> BELLI, Gioconda, (2001) <em>El país bajo mi piel.</em> Ed. Plaza – Janés. p. 45<em> </em></p>
<p><a href="#_ftnref3">[3]</a> BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 46</p>
<p><a href="#_ftnref4">[4]</a> DELLEUZE, G; GUATTARI  . (1980) <em>Mil Mesetas. </em>Ed. Pre- Textos.</p>
<p><a href="#_ftnref5">[5]</a> BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 62</p>
<p><a href="#_ftnref6">[6]</a> BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 366</p>
<p><a href="#_ftnref7">[7]</a> BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 367</p>
<p><a href="#_ftnref8">[8]</a> BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 377 – 378</p>
<p><a href="#_ftnref9">[9]</a> LIPOVETSKY, G. (1999) <em>La tercera mujer. </em>Ed. Anagrama. Barcelona. P. 218 – 221 <em> </em></p>
<p><a href="#_ftnref10">[10]</a> BELLI, Gioconda, Ibidem. p. 411</p>

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