El discurso autobiográfico: una práctica para la resistencia. Una lectura de El país bajo mi piel de Gioconda Belli
Claudio Patricio Cid
En las postrimerías del siglo XX, discursos que se tenían como válidos empiezan a ser puestos en tensión produciendo un cambio de enfoque en el momento de leerlos. A sí mismo, los grupos que hasta ese momento fueron minorías, que poseían un discurso que estaba en los límites de la esfera hegemónica, comienzan a reclamar sus derechos y un puesto en la sociedad para ser reivindicados. Dentro de estos encontramos agrupaciones raciales, políticas, sexuales, etc.; lo que demanda una posición en el momento de hacer una mirada sobre ellos.
Estos cambios plantean reformulaciones en el concepto de identidad que la alejan de concepciones deterministas. A partir de ahora la identidad debe ser vista no como algo dado, impuesto por herencia ni como determinismo social; sino que es “una construcción nunca acabada, abierta a la temporalidad, a la contingencia, una posicionalidad relacional sólo temporariamente fijada en el juego de las diferencias”[1]







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