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En Managua, en este enlace, E-Books de las novelas de Gioconda

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Premio Andrés Sabella de Chile para Gioconda Belli

La escritora Gioconda Belli recibirá en Mayo el premio al Mérito Literario Internacional Andrés Sabella 2014. Foto Charles Castaldi

La escritora Gioconda Belli recibirá en Mayo el premio al Mérito Literario Internacional Andrés Sabella 2014. Foto Charles Castaldi

Gioconda Belli será reconocida con el Premio al Mérito Literario Internacional Andrés Sabella 2014, en Chile, durante la celebración de la Feria Internacional del Libro de Antofagasta, a realizarse en el mes de mayo de este año.

La Comisión Organizadora de la Feria Internacional del Libro FILZIC de Antofagasta (Chile) y un jurado de especialistas compuesto por académicos de las más importantes universidades del norte de Chile nombraron como ganadora del reconocimiento a la poeta Belli.

El galardón, que lleva el nombre del importante poeta y escritor antofagastino Andrés Sabella, fue entregado en años anteriores a los escritores Hernán Rivera Letelier, Antonio Skarmeta y Mempo Giardinelli y este año cobra mayor importancia ya que por primera vez se entregará a una mujer.

La FILZIC de Antofagasta es reconocida internacionalmente como una de las fiestas multiculturales más importantes del norte de Chile y este año se realizará del 24 de abril al 4 de mayo.

La ceremonia de entrega del premio será el día de cierre de la feria el domingo 4 de mayo.

Galardonada

Gioconda Belli es una de las escritoras más prolíficas de Nicaragua. En el 2010 su novela El País de las Mujeres recibió el Premio Hispanoamericano La Otra Orilla. En el 2008 la novela El Infinito en la Palma de la Mano ganó en España el Premio Biblioteca Breve y en México el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.

Su obra poética también es extensa e incluye entre otras publicaciones a Mi íntima multitud, ganadora del Premio Internacional de Poesía Generación del 27 (2002) y Fuego soy apartado y espada puesta lejos, ganadora del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla (2006).

El evolucionismo y el idealismo en “El Infinito en la Palma de la Mano”

Por Guillermo Cortés Domínguez (*)

En la novela “El infinito en la palma de la mano”, su autora Gioconda Belli pareciera otra persona, muy distinta de la que realmente es, no porque aborde el tema de los primeros habitantes de la Tierra y del Paraíso Terrenal y la desaparición de éste, sino que por su relato puede ser percibida –aunque no lo sea– como una ferviente católica y conservadora mujer tradicional sojuzgada bajo una concepción religiosa y machista. Durante casi toda la obra ella parece muy cómoda desarrollando como en un ensueño el enfoque idealista católico sobre el surgimiento de la humanidad a partir de Adán y Eva, el Paraíso Terrenal, el Árbol del bien y del mal y la fruta prohibida, la Serpiente, y el nacimiento de Caín y Abel y de sus hermanas Luluwa y Aklia.

Resulta inusualmente llamativo y contradictorio este enfoque idealista, conociendo que la escritora no se caracteriza precisamente por abrazar una cosmovisión místico-religiosa. Igualmente se percibe como muy fuera de lugar que una feminista tan caracterizada como ella pareciera asumir acríticamente el mito de que Eva nace de una costilla de Adán (poderosa simbología justificativa de una pretendida superioridad del hombre y por consiguiente de subordinación de la mujer), lo cual ella narra como un cuento de hadas en el mismo inicio de su obra, a partir del sexto párrafo, en oraciones que suman 34 líneas. Adán vive el fantástico momento de “dar a luz” a Eva, como si estuviera en un trance.

Contra su costado, la tierra húmeda aspiraba y exhalaba imitando el sonido de su respiración. Lo invadió una modorra sedosa y mullida. Se abandonó a la sensación. Más tarde recordaría el cuerpo abriéndosele, el tajo dividiéndole el ser y extrayendo a la criatura íntima que hasta entonces habitara su interior (…)”. (P. 19:237)

“Despertó recordando su inconsciencia. Se entretuvo reconociendo las facultades de su memoria, juzgando a olvidar y recordar, hasta que vio a la mujer a su lado (…)”. (Idem)

Toda la historia de Adán y Eva en El Paraíso, desde la primera palabra de la novela hasta casi la última (exceptuando algunos diálogos y párrafos finales), parece transcurrir desde el enfoque mágico-religioso, donde reina la generación espontánea y la falta de raciocinio y de explicaciones, hasta que la autora sorpresivamente culmina su historia entrando a un bosque donde deja ir para siempre a su transformada hija Aklia, que feliz se integra a una manada de monos, y le dice: Algún día hablarás de nuevo. Ahora vete. ¡Corre, hija, ve y recupera el Paraíso!, con lo que la concepción racionalista, evolucionista, de Charles Darwin, que parecía ignorada, se muestra de una manera tan rotunda, que prevalece en esta saga de ficción.

Siguiendo el tratamiento que la escritora le da a su personaje Aklia, que parece ser la figura central de su novela, y no Adán ni Eva, quizás logremos identificar un aspecto de la clave de su escritura, de su arquitectura, de la relojería que ha utilizado en su urdimbre espacial y temporal. Aklia es la clave para desentrañar su trama narrativa.

No crean que el final racionalista es antojadizo, que la autora de súbito cambió de opinión, sino que con destreza ella fue tejiendo una telaraña imperceptible, casi invisible, fue dejando con sutileza, a partir de la página 179, tenues indicios que justificarán su categórico enfoque de cierre. Llama la atención la manera directa y sencilla, casi simple, con que hace sus planteamientos, sin preocuparse por explicar ni profundizar, pero de tal manera, que consigue que todo sea creíble. En las últimas cincuenta y ocho páginas va tendiendo sus trampas en las que inevitablemente vamos a caer. ¿O la verdadera trampa son los 179 folios iniciales de pura inocencia, magia e ignorancia?

Debo confesar que para aproximarme a la urdimbre articulada subrepticiamente por la escritora, leí de nuevo todo lo relacionado con el personaje más misterioso y atractivo de la obra, que al final del libro se nos revela representando el enfoque evolucionista, y que es Aklia, la menor de los cuatro hijos de Adán y Eva, a la que no “descubrí” en su singular rol, sino hasta llegar a los últimos párrafos. Subrayo que solo con la relectura me fue posible “desentrañar” las migas de pan que con dosificación calculada va dejando la autora para que el final no nos parezca extraño, sino que lo aceptemos como lógico y verosímil. Es decir, la mayoría de las pistas “no las vi” la primera vez, al menos no las registró mi consciente.

Un personaje fascinante

En la segunda lectura fue toda una sorpresa encontrar tantos indicios relacionados con el desenlace, el cual, de todas maneras, no me había parecido tirado de los cabellos, pues me inspiró credibilidad, aunque fue sorpresivo. Y Aklia apareció como un personaje fascinante. Esto me produjo una inquietante certeza alrededor de que el hecho de no haber percibido conscientemente esas señales, no significaba que éstas no hubieran sido registradas por mi inconsciente, y que, por tanto, contribuyeran a la credibilidad de los planteamientos racionalistas culminantes de la autora, lo que, al fin y al cabo, es el gran objetivo de los escritores de ficción.

También debo decir, aunque parezca obvio, que por mucho la segunda lectura no tuvo la espontaneidad de la primera, y que, más bien privó en ella el deliberado y único propósito de encontrar elementos pasados por alto en la primera mirada, que se relacionaran con el desenlace de la novela. Este es un tipo de lectura fría, técnica, en la que expresamente se indaga solo acerca de determinados elementos, y no otros, porque sabía qué buscar específicamente, gracias a que ya conocía el final. Y así es relativamente fácil reconocer esas pistas. Hubiera sido grandioso haberlas visto la primera vez, como seguramente les ocurre a lectores y lectoras más avezados.

Así, los primeros síntomas aparecen en la página 179, cuando la escritora relata el nacimiento de Aklia y la describe como una criatura diminuta, los ojos apretadamente cerrados, la cara cubierta de vello oscuro, la frente abombada, los labios demasiado grandes. (…). Como ya sabemos que Aklia se unirá a una manada de monos, esta descripción que antes no nos dijo nada, ahora se nos revela como el primer indicio que deliberadamente Gioconda Belli deja caer, para que los rasgos de la niña se asocien a los de un simio. No contenta con ello, apenas dos líneas después pasa de la insinuación a una afirmación terminante: Adán se paseó con Aklia por la cueva. La llevó junto al fuego. La miró y dijo que parecía una mona, no un ser humano. El “venenito” fue vertido por segunda dosis en la copa de vino que estamos tomando.

Diez líneas después, aparece un refuerzo de la idea que la escritora nos quiere vender: Nadie como ella para subir a los árboles, bajar dátiles de la copa de las palmeras. (…). Al final del párrafo, la autora nos remata: Aklia le parecía a ella (a Eva) más fuerte, más cercana a la esencia de cuanto les rodeaba. Unas veces es explícita (nadie como ella para subir a los árboles), otras, apenas sugerente (más cercana a la esencia de cuanto les rodeaba), siendo los animales la esencia de lo que les circundaba. En la siguiente página, Belli lanza otro atisbo: En medio de su caminata sin rumbo, Adán vio a Aklia cruzándose de una rama a otra, seguida por un gorila de ojos tristísimos. ¡Claro!, como ya conocemos el final, sabemos a dónde se dirige la autora, cuál es su propósito.

Después del “bombardeo” de cinco ideas seguidas sobre Aklia relacionándola con primates en menos de dos páginas, la autora, muy segura de la sólida plataforma que ha construido, se toma la libertad de una extensa pausa, y no es sino hasta treinta y cinco folios después, que vuelve con más pistas mediante un diálogo de Aklia y Eva:
–Caín no me quiere –dijo ella–. Ni Caín ni Abel ni Luluwa ni mi padre. ¿Quién soy yo, madre? ¿Cuál es mi destino? Veo las bandadas de monos y a menudo quisiera irme con ellos. (P215:237).

La urdimbre filosófica de la autora

Con este diálogo, la escritora continúa sembrando el camino hacia el desenlace dramático de la obra, dándole pacientemente una configuración conveniente a su personaje Aklia, de modo que su decisión final aparezca como natural y factible, por lo tanto aceptable por los lectores y lectoras. Esta vez, planta la duda sobre la verdadera identidad de su hija y comunica el deseo de ésta de irse con los monos. Ya deberíamos de estar súper prevenidos de lo que ocurrirá. Y, más importante aún, Gioconda inicia su compleja y a la vez sencilla trama filosófica, que es lo que le conferirá su real significado al hecho final, a la incorporación de la hija menor de Eva a una gavilla de monos. Es un indicio filosófico muy tenue, pero estratégico: ¿Quién soy yo, madre? ¿Cuál es mi destino? Estas preguntas que aparecen inocentemente, casi inadvertidas, en la primera lectura, en la segunda se revelarán en su trascendental significado relacionado con el verdadero inicio de la raza humana a partir de la evolución de los monos, con lo que Darwin hace su apoteósica entrada triunfal en la novela.

En efecto, la línea argumental de la escritora, hábilmente camuflada entre variadas y cándidas descripciones y relatos sobre la vida cotidiana de Adán y Eva fuera de El Paraíso, lleva dos propósitos: por un lado, “deshumanizar” a Aklia, confiriéndole poco a poco un perfil simiesco –imposible no relacionarlo con la metamorfosis kafkiana de un hombre de súbito convertido en cucaracha–; y, por otro, darle un sentido racional a la historia, para alejarse de la concepción religiosa en la que ha estado inmersa en casi todo el libro, entrando de este modo a una vertiente filosófica evolucionista que desarrolla con ideas breves y categóricas. Así, el tiempo se trastoca cuando la pareja primigenia es expulsada del Paraíso y Adán y Eva se convierten en un sueño inconcluso del Creador (Elokim), mientras que Aklia será la realidad, volverá al principio de todo –la verdadera génesis del ser humano a partir de la evolución de los primates–, para que sus generaciones futuras alcancen el genuino paraíso terrenal.

Los indicios que con deliberada paciencia la autora va sembrando de manera dosificada y conveniente a lo largo de las últimas 58 páginas, fueron cumpliendo su objetivo, aunque no me haya dado cuenta o no fuera consciente de ello, por los significados latentes, indirectos, subliminales y subconscientes que tienen las palabras o construcciones gramaticales. Avanzados estudios científicos han demostrado que nuestro cerebro es capaz de comprender el significado de una palabra e incluso de percibir su carga emocional antes de conocerla conscientemente, lo cual significa que existe en nosotros una decodificación inconsciente del significado del lenguaje que es previa a que la conciencia pueda conocer los términos o vocablos. La percepción o registro subliminal se define como: un proceso de extracción y análisis de información de estímulos de los que el sujeto nunca es consciente.

Este fenómeno sicológico de la percepción inconsciente puede ser comparado con otro, más conocido, que permite a los escritores y escritoras no ocuparse tanto en una descripción de una persona o paisaje, sino ofrecer solo algunos trazos, pero que tienen que ser claves y tan impactantes, que estimulen recuerdos, vivencias y conocimientos en la mente de los lectores y lectoras, y con ello activen un poderoso mecanismo que se encargará de completar el objeto descrito en un proceso del que no somos conscientes.

¿Demerita la obra que esos indicios no hayan sido tan explícitos? De ninguna manera. ¡Al contrario!, es un mérito atribuible a la destreza de la escritora, quien no delató su objetivo, no puso en evidencia la costura de sus lanzamientos en curva y con quiebre hacia la zona buena del plato, donde los lectores y lectoras nos encontramos alertas y amenazantes con el bate de madera en ristre. De haberse evidenciado la intencionalidad de la autora, habría disminuido el potencial de impacto que le imprimió a la obra el carácter sorpresivo del final. Como sabemos, los escritores se van reservando sus mejores cartas, pero al mismo tiempo se cuidan de tener a mano otros recursos para mantener el interés, mientras llega el desenlace que nos moverá el piso.

En la página 222, en el tramo final de la novela, cuando la familia primigenia corre a buscar a Abel mortalmente golpeado por su hermano Caín, la autora coloca otra huella. Luluwa señaló el promontorio. Subieron. Aklia gemía, trastabillaba. Eva la vio apoyándose en sus manos para empujarse, para ir más rápido.
–Cuidado con tus manos Aklia.
Ella la miró con sus ojos dulces. No habló. No hizo más que un ruido triste y agudo.

La escritora puso a Aklia a correr y a gemir como lo hacen los monos. Y después de siete párrafos, mientras a Eva la consumía la pena de saber que nunca más vería vivo a su querido hijo Abel, Vio a Aklia saltando, gimiendo. En ambos casos, continúa dibujando con paciencia el perfil simiesco de su hija menor.

Las pautas filosóficas estratégicas de la novela

Al final de la página 224 y al inicio de la 225, Adán y Eva tienen un diálogo que es definitorio de la obra, mediante el cual Gioconda Belli establece las pautas filosóficas estratégicas de la novela, los contenidos rotundos que la decantarán por la racionalidad y el evolucionismo, dejando atrás, con enorme respeto y hábil sutileza, la concepción idealista religiosa.

–¿Para qué nos creó, Eva? No creo que pueda sufrir más de lo que he sufrido.
–La Serpiente decía que Elokim nos hizo para ver si los nuestros eran capaces de volver al punto de partida y recuperar el Paraíso.
–¿Acaso nosotros no somos el principio?
–Según me dijo, en el Jardín nosotros fuimos la imagen de lo que Elokim quería ver al final de su creación. Cuando comimos el higo, él alteró la dirección del tiempo. Ahora, para volver al punto de partida, nuestros hijos y los hijos de sus hijos, las generaciones que nos sucederán, tendrán que comenzar, retroceder. Eso dijo.
–¿Y hasta dónde tendremos que retroceder?
–No sé Adán. Creo que acabaremos en manada. Quizás Aklia contenga el futuro. Quizás por eso te parezca extraña. Quizás sea el pasado que nosotros no conocimos.
— Tan inocente, Aklia.
— Y esencial.

Efectivamente, en este diálogo la autora siembra las claves de la novela, al plantear varios asuntos culminantes, por ejemplo: 1. Una racionalización sobre el objetivo de la Creación religiosa; 2. La recuperación del Paraíso por parte de sus descendientes, en un futuro no definido, pero muy lejano; 3. La existencia de un punto de partida diferente del de Adán y Eva, quienes nacieron por generación espontánea, y ya conformados como adultos, sin pasar por un proceso de desarrollo. 4. La necesidad de un nuevo comienzo, en ese punto de partida distinto. Junto a los contenidos filosóficos la autora continúa desparramando pistas y justificaciones para su final que ya se avecina, cuando pone en boca de Eva la frase…acabaremos en manada…”, y le asigna, aunque no con certeza, el rol definitorio a su hija menor: …Quizás Aklia contenga el futuro….

Apenas un poco después, en la página 232, la autora termina de conferirle a Aklia un perfil animaloide. Olvidada del habla, parecía también haber perdido la razón y la conciencia, para entregarse sin reparos a una existencia de simio. Y agrega: Eva la vigilaba. Apenas durmió temiendo que se marchara con la manada de monos que pasó rondando la cueva por la noche. Sólo un párrafo adelante, la autora describe la reacción de nuestra protagonista ante la despedida de Luluwa, quien se marcha con Caín y su maldición de que no tendrá frutos, por haber asesinado a su hermano Abel. Luluwa sollozó al despedirse de Aklia, quien la observó y alzó los brazos no para abrazarla, sino para tocar su propia cabeza, los ojos brillantes sin lágrimas mirándola curiosos. No hubo reacción humana. Es totalmente simiesco el comportamiento de Aklia.

Como si no hubiera terminado de configurar la nueva identidad primate de Aklia, tres párrafos más tarde Belli agrega: En pocos días el pelo de la hija había vuelto a cubrir sus mejillas (como al nacer). La piel de sus manos y sus pies largos y delicados se había endurecido adquiriendo un tono pardo… Caminaba tomada de su mano, dócil y torpe, vaciada de palabras. A ratos, en el trayecto, se soltaba y corría ayudándose de sus brazos… Saltó contenta sobre la arena…, con lo que completa la metamorfosis, y la autora se apresta a su gran final.

En la página 234, mediante un diálogo de Eva con la Serpiente, la escritora bucea a profundidad en los presupuestos filosóficos esenciales, cuyas bases estableció diez páginas antes.
–Mira la pequeña Aklia. El pasado y el futuro van corriendo con ella por la playa.
–¿Qué quieres decir?
–Ha vuelto a la inocencia, Eva; una inocencia anterior al Paraíso, precursora del Paraíso. La Historia ha saltado de ti a ella ahora y un tiempo largo y lento está por empezar.

El sueño de la deidad se hizo añicos

Qué fuerza adquiere entonces esa frase El pasado y el futuro van corriendo con ella… El evolucionismo se ha adueñado del desenlace de la novela. Con Aklia empezará la Historia, el tiempo largo y lento, los millones de años que requerirá la evolución, el primer gran paso en el futuro cuando los homínidos bajarán de los árboles para salir a los llanos y empezarán a erguirse y a caminar en dos patas, dando paso a los bípedos. La cadena evolutiva estará marcada, a grandes trancos históricos, por el Austrolopiteco, el Homo, el Neandertal y el Homo Sapiens. Aklia será el inicio.

Continúa el diálogo, breve pero en terrenos filosóficos abisales, de Eva con la Serpiente:

–Aklia es la realidad de Elokim. Nosotros somos sus sueños.
–Dijiste que en el principio estaba el final.
–El final de los descendientes de Aklia será llegar al principio….
–¿Volverán al Paraíso? ¿Y después qué? ¿Se preguntarán qué hay más allá? ¿Se aburrirán?
–Quizás no. No sufrirán la ceguera de la inocencia, el anhelo de saber de la ignorancia. No necesitarán morder frutas prohibidas para conocer el Bien y el Mal. Lo llevarán con ellos. Sabrán que el único Paraíso donde es real la existencia es aquel donde posean la libertad y el conocimiento.
–Crees que lleguen a ser verdaderamente libres? ¿Crees que Elokim se lo permita?
–La existencia es un juego de Elokim. Si tu especie encuentra la armonía, Elokim se marchará…

La autora canta un himno a la libertad y el conocimiento, que fue la temática central del erudito comentario del filósofo Alejandro Serrano Caldera, durante la presentación de esta novela en Nicaragua, hace unas semanas. De acuerdo al diálogo anterior, la quimera de Dios fracasó cuando Eva cedió a la necesidad de conocimiento, y el sueño de la deidad se hizo añicos. Sucedió la expulsión del Paraíso, el nacimiento de los cuatro hijos, entre ellos Aklia, y con ella, la realidad. La autora nos catapulta al futuro, del cual es parte nuestro presente actual, y da por hecho que el ser humano volverá al Paraíso, y entonces desaparecerá Dios (Elokim) porque, según Belli, el Creador se marchará a construir otros universos. Será un paraíso nada celestial, sino verdaderamente terrenal. Será cuando alcancemos un plano superior de la existencia. Seremos sabios y libres, si antes –a como vamos—no destruimos la Tierra.

Dentro de un clima narrativo que crea una sensación de ensueño, como si los lectores fuéramos atrapados por un lenguaje algodonoso, en medio de densas nubes cálidamente acogedoras, quedan establecidos con sutileza, pero con meridiana claridad, los presupuestos filosóficos. Solo falta el final. Eva lleva a Aklia a un lugar donde una vez estuvo perdida y fue salvada por unos primates. …Eva apretó fuerte la mano de Aklia, Inquieta, Aklia miraba las copas de los árboles. Daba pequeños saltos. Se rascaba la cabeza.
Eva vio venir la manada de monos grandes, gráciles y vivaces columpiándose sobre las ramas.

…Aklia se soltó de su mano. Antes de dejarla marchar ella se inclinó y la abrazó fuerte contra su corazón. Recuérdame Aklia, dijo, recuerda cuanto has vivido. Algún día hablarás de nuevo. Ahora vete. ¡Corre, hija, ve y recupera el Paraíso! Este es el final de la obra. Es el final, no importando que después de ello la autora haya agregado tres líneas con las que quizás trata de continuar impregnándonos hasta la última letra, de esa atmósfera de candidez y ensoñación que se respira a lo largo de toda esta novela breve.

(*) Autor de la novela El Arcángel.

Gioconda Belli

Reseñas: Escándalo de Miel

Del blog “Con los pies desnudos”
http://conlospiesdesnudos.blogspot.com/2010/01/escandalo-de-miel.html

Así se llama la antología poética personal de Gioconda Belli, poeta y escritora Nicaragüense.
Es un libro erotizado, es decir, invadido amorosamente por las flechas certeras de Eros, que se hunden en el pecho y otras zonas de amor, para despertar al cuerpo y los sentidos de su letargo.
Gioconda se me antoja apasionada hasta el tuétano, irreverente, sensible y dulce. Como esa miel que puede escandalizar a algunos, pero que, en realidad, dulcifica y da blandura a la rigidez que la moral y los preceptos, los prejuicios y preconceptos pretenden hacer con el amor, la pasión y los cuerpos que se aman.
Pero la antología contiene más que eso. Dolor por el país propio que traiciona los sueños y mutila los ideales. Que expulsa a sus habitantes heridos de orfandad. Y que, a la vez, cuece en sus aguas turbias caldos de creación. Y en la grieta de las heridas, torrentes profundos, sensibilidad y exquisita percepción.
Va el comienzo de una poesía que me gusta especialmente.

El alma que no amaina

Asomada a mi garganta
contemplo la selva de mi interioridad
azotada de viento,
erosionada por múltiples inundaciones.

Dicen que el tiempo lima las protuberancias del alma,
igual que el agua de los ríos torna en suave mejilla
el contorno de las piedras.
Que la memoria aprende a ojos cerrados el inmutable perfil de las riberas
y un día de tantos se llega al final del asombro,
a la intuición certera de lo impredecible.

….y sigue….

De: Crítica Literaria

Poemas de una gran belleza pero sobre todo con un gran compromiso con el mundo y especialmente con la mujer. Se trata de textos en los que la autora no se muerde la lengua para denunciar la mojigatería de la visión hombre-céntrica de la sexualidad (primera parte – Eros) pero también para recordarnos que una mujer es también mujer y no debe renunciar a sus diferencias, especialmente la maternidad (segunda parte – Hombresía). La tercera parte (Polis) se centra en el mundo en que se encuentra la persona, Gioconda Belli, especialmente su Nicaragua natal. Poemas sobre la revolución, la postrevolución y la visión más actual de un país que ya casi no reconoce.
Se puede recomendar casi cualquier poema de este libro pero si tengo que decantarme por uno, no dejéis de leer “Los portadores de sueños”. Siempre la utopía ha estado adornada de gran belleza, es una pena que esta sociedad nos empuje a huir de los sueños personales.

De “Crónicas de Lecturas”

“Escándalo de miel”, de Gioconda Belli. Poesía.

Ed. Seix Barral, 2011

207 páginas.

Esta antología poética personal, como reza el subtítulo, reúne 95 poemas agrupados en tres bloques temáticos titulados Eros, Hembrosía y Polis, en correspondencia con el amor, la feminidad en sus vertientes de maternidad, crianza, edad, menopausia y, finalmente, el individuo en sociedad, la solidaridad entendida como la ternura del pueblo, el dolor de la guerra, Nicaragua como nación.

El primero resulta deslumbrante, un fogonazo de alegría que explota por sorpresa en el rostro del lector al descubrir una poeta orgullosa de su sexo, que toma iniciativas (Yo, la que te quiere), que explica con voz alta y clara cómo recorre el cuerpo amado del hombre y muestra la ansiedad de su deseo sexual. Una poesía brava y sensorial. Me ha gustado especialmente “Embestida a mi hombro izquierdo”, poema que transmite el gozo de la intimidad compartida como sólo podría hacerlo una mujer, por el uso de metáforas pegadas a tareas femeninas y sentido práctico, intercaladas en auténticas declaraciones amorosas. Hay picardía, ingenio, insinuación, placer y valor al hablar del amor y la forma corpórea de materializarse. Hay exhibición del regocijo interno que proporciona la lujuria, con referencias a la vegetación selvática del Caribe, los huracanes y maremotos del Pacífico, como fuente de inspiración. Gioconda Belli es de Nicaragua y se nota en el registro lingüístico que emplea, bello y de riqueza verbal

Los otros dos bloques abordan otros asuntos que rezuman la sabiduría adquirida en la experiencia vital. Surge un tono didáctico, menos personalizado e igual de convincente. El poema “De los placeres accesibles” es fantástico y Belli se muestra como encantadora hedonista. Se supera a sí misma en ”Receta de varón”, prescribiendo lo que tiene que tener un hombre para mantenerse anclado en el mar de las hembras, unas exigencias definidas desde la ternura y “Reglas de juego para los hombres que quieren amar a las mujeres” adquiere el valor de un manifiesto moral.

La poesía de Belli me ha supuesto un descubrimiento. Es positiva, una inyección de esperanza para superar el absurdo en el que vivimos instalados. Una obra poética para leer despacio, primero un poema, dejarlo descansar en la mente, paladearlo, imaginarlo, recrearlo y releerlo antes de pasar al siguiente. Así extraerán el máximo disfrute a estos versos que han sido escritos para compartir.

Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de Levante, el viernes 4 de marzo de 2011.

Publicado por María García-Lliberós en 19:15

El país de la utopía (concretada); reseña de Demian Paredes

ACERCA DE LA ÚLTIMA NOVELA DE GIOCONDA BELLI
EL PAÍS DE LA UTOPÍA (CONCRETADA)
Fecha: Jueves 30 de diciembre de 2010
Por: Demian Paredes

“Ahora o nunca, les dijo. Para cambiar las cosas de fondo, ellas necesitaban estar solas un tiempo, gobernar sin interferencias masculinas” Gioconda Belli, El país de las mujeres

Si en la clásica obra de distopía (o antiutopía) de George Orwell, 1984, se mostraba el fracaso de la rebeldía ante una sociedad “totalitaria” –síntesis perfecta entre la burocratización “de tipo” stalinista y la “sociedad de control” norteamericana-, en el caso de El país de las mujeres, de la nicaragüense Gioconda Belli, por el contrario, encontramos una feliz utopía conquistada: las mujeres son gobierno en un país. ¿Tienen algo en común, por lo tanto, para mencionarse así, a estas dos historias juntas? Yo creo que sí: ambas hablan –obviamente por distintas vías y con distintos/opuestos resultados- de los intereses vitales del ser humano en la lucha por ampliar sus libertades esenciales…
La ucronía (el “¿qué pasaría si…?” –en este caso sin apoyarse en ningún hecho histórico como punto de partida-) en El país de las mujeres se desarrolla desde el imaginario Faguas, un país pobre de Centroamérica, donde el PIE [1] (Partido de la Izquierda Erótica) conquista la presidencia. Haremos a continuación un comentario general sobre el contenido de la novela, con algunos señalamientos puntuales.
Un país, su realidad
Un(a) narrador(a) omnisciente relata, retrospectivamente, la trayectoria de Viviana Sansón –por cierto: todos los nombres fueron escogidos inteligentemente por la autora- y el equipo que va conformando, para llegar al gobierno del país, tras un ataque que recibe y que la deja internada en coma.
Faguas es esa clase de países “pasados de uno a otro colonizador, de la independencia a la insumisión de los caudillos, con breves períodos de revoluciones y democracias fallidas”. Allí “ni la gente supuestamente educada conocía bien en qué consistía la libertad, ni mucho menos la democracia. Las leyes eran irrelevantes porque, por siglos, los leguleyos las habían manipulado a su gusto y antojo” [2].
Viviana era, antes de dedicarse a la política, reportera. En Faguas “La nota roja se había puesto de moda. Abundaban las historias de pandillas y narcotraficantes, a la par de trifulcas domésticas y abusos de menores. Las niñas de diez años que el padrastro embarazaba eran tan frecuentes como los robos y desfalcos al Estado de parte de funcionarios públicos que, en vez de ser despedidos, eran trasladados de una a otra dependencia. Ese partido es como la Iglesia, le decía su jefe, a los curas pedófilos no los echan, los trasladan para que hagan sus fechorías en otra parte” [3].
Aprovechando la anomalía de una explosión volcánica que dejó, con sus gases y extrañas sustancias, a los hombres débiles, sin testosterona, se lanza Viviana a la pelea electoral.
Campaña electoral: discusiones políticas
Viviana –con cierto prestigio ganado por sus jugadas investigaciones y denuncias periodísticas- les propone a sus compañeras Eva, Juana de Arco, Ifgenia y otras, desarrollar –ante la cuestión de que las presidentas mujeres ya existen y “no son novedad”- un “poder femenino”, desde esta perspectiva: “un partido que proponga darle al país lo que una madre a un hijo, cuidarlo como una mujer cuida su casa; un partido ‘maternal’ que blanda las cualidades femeninas con que nos descalifican, como talentos necesarios para hacerse cargo de un país maltratado como este. En vez de tratar de demostrar que somos tan ‘hombres’ como cualquier macho y por eso aptas para gobernar, hacer énfasis en lo femenino, eso que normalmente ocultan, como si fuera una falla, las mujeres que aspiran al poder: la sensibilidad, la emotividad. Si hay algo que necesita este país es quién lo arrulle, quién lo mime, quién lo trate bien: una mamacita. Es el colmo, ¿verdad? ¡Hasta la palabra ‘mamacita’ está desprestigiada! Una palabra tan bonita. ¿Qué tal entonces si pensamos en un partido que convenza a las mujeres, que son la mayoría de votantes, de que actuando y pensando como mujeres es que vamos a salvar este país? ¿Qué tal si con nuestras artes seductoras de mujeres y madres, sin falsificarnos ni renunciar a lo que somos, les ofrecemos a los hombres ese cuido que les digo?”. A lo que Eva dice: “Las feministas nos acabarían diciendo que vamos a eternizar todo lo que se piensa de las mujeres”, y Viviana retruca: “Depende qué feministas. El feminismo es muy variado. El problema para mí no es lo que se piensa de las mujeres, sino lo que nosotras hemos aceptado pensar de nosotras mismas. Nos hemos dejado culpabilizar por ser mujeres, hemos dejado que nos convenzan de que nuestras mejores cualidades son una debilidad. Lo que tenemos que hacer es demostrar cómo esa manera de ser y actuar femenina puede cambiar no sólo este país sino el mundo entero” [4].
Su política la difunden ampliamente (Twitter, Facebook, blogs y “en cuanta red social existía”), y así “En un dos por tres, no hubo en el país quien no supiera lo que era el PIE. La modorra política de Faguas, el business as usual, se sacudió. En los programas de opinión se polemizaba a favor y en contra. Se discutió si el poder ejercido por las mujeres sería diferente, si el erotismo era distinto a la pornografía o si la izquierda tenía aún razón de ser. Lo mejor de todo fue que cuando los comentaristas y periodistas se revelaron como trogloditas, traicionando sus esfuerzos por sonar como hombres modernos, las mujeres se tomaron la discusión y expusieron con vehemencia y apabullante sencillez su disgusto y su incredulidad por lo natural que les parecía a los varones la división de los sexos que les recetaba a las mujeres la exclusión, la explotación y un sinnúmero de desventajas. En los debates se producían verdaderos pugilatos verbales. Mujeres de delantal, modelos, madres, santulonas, intelectuales, profesionales y putas llamaban a los programas para defender los derechos de la mujer, quejarse de las soledades de la maternidad o indagar sobre la explosión del volcán y el déficit de testosterona” [5].
Así surge todo un despertar político de las mujeres, donde discuten todos sus problemas, ofensivamente, contra los prejuicios establecidos. Entre los fragores del debate “Viviana y las demás afinaron sus discursos y respuestas: hablaron de reformas a la democracia, a la constitución, a los métodos educativos y a los centros de trabajo. En sus diatribas incluyeron retazos de filosofía popular y usaron el arsenal de su memoria nombrando citas que abarcaban desde las teorías de Deepak Chopra, Fritjof Capra y Marx hasta las tesis feministas de Camille Paglia, Susan Sontag, Celia Amorós y Sofía Montenegro”[6] .
La (lucha por la) igualdad: las tareas domésticas, el aborto, la sexualidad
Con esa particular “síntesis política” (¿o para ser más precisos deberíamos decirecléctico cóctel político-filosófico?), Viviana y sus compañeras en campaña logran llegar a la presidencia de Faguas. Y comienzan a desarrollar iniciativas para aliviar a las mujeres.
De una nos enteramos al inicio de la novela, cuando el vendedor ambulante José de la Aritmética, un personaje por momentos clave de la historia, regrese a su barrio y hogar el día del atentado –luego de que se enviaran a la casa a todos los hombres, relevados de las tareas en el Estado-. Allí, mientras discuten los vecinos y familiares acerca del futuro del país sin presidenta, “sonó la campana del comedor vecinal. Ya hacía un año que funcionaba en el barrio el sistema de cocina rotativa, nacido de la idea de aliviar el trabajo doméstico. Las familias –hombres y mujeres- se turnaban en preparar la cena que se servía en la casa comunal construida entre todos y que funcionaba también como centro de reuniones y aula para las clases de lectura y escritura” [7].
A Martina, que es lesbiana, la presidenta le propone crear el “Ministerio de las Libertades Irrestrictas”, con el objetivo de “promover leyes, comportamientos, programas educativos y todo cuanto fuera necesario para inculcar el respeto a la inviolable libertad de mujeres y hombres dentro de la sociedad. La gente en Faguas se cree libre porque no reconoce la jaula que tiene en la cabeza” [8]. Y, aunque no pudo –ya que será una labor que llevará, según ha comentado Trotsky en “La lucha por un lenguaje culto” [9], varios lustros en la realidad-, cambiar el lenguaje, “lo que sí impuso fue el fin del lenguaje del odio, el uso de palabras denigrantes para la mujer .y denigrantes para la diversidad sexual humana-, el tratamiento de maricas, cochones, putos, tortilleras, por ejemplo”`[10].
Otro gran tema fue el del aborto, donde el gobierno del PIE impulsó la “Ley del Aborto Inevitable”: “La ley había sido aprobada tras lograr ella votos clave de la oposición, convenciéndola de que era inútil prohibir el aborto. Ocurría de todas formas y era la incapacidad de hacerlo en las condiciones adecuadas la responsable de las muertes. La Ley de Aborto Inevitable preveía no dejar piedra sobre piedra hasta garantizar que por razones económicas, de opciones de trabajo, de preocupaciones sobre el cuido futuro del hijo, ninguna mujer viese el aborto como una opción necesaria. Tanto mimo les ofreceremos, explicó Viviana, que, tal como debía siempre haber sido, la mujer sentirá el embarazo como algo que enriquecerá su vida, que le dará ventajas sociales, no como lo que la obligará a la pobreza o a la renuncia de sus opciones. Para abolir el aborto lo que falta no es prohibirlo, sino dejar de penalizar la maternidad. Pero si una mujer corre riesgos de muerte por un embarazo, o es una niña violada, lo siento, pero es ella la que decide por su vida y la del feto. Nadie más. La decisión es siempre e irrevocablemente de la mujer porque su cuerpo es suyo”[11].
¿El resultado? El mismo que el que sucede en la realidad donde el aborto no está penado: “El número de abortos se redujo en Faguas dramáticamente y el modelo estaba siendo estudiado como una posible ruta de solución para un problema que por siglos había dividido las opiniones, las iglesias y sobre todo, a las mismas mujeres”[12] . En definitiva, el plan del gobierno del PIE es demostrar que las tareas domésticas las pueden realizar por igual hombres y mujeres, con la intención de que dejen de ser “exclusivas” de las mujeres –y, principalmente, tareas “no valoradas socialmente”-.
Hay más discusiones en la novela, como la que hay sobre política y literatura, donde el amor de Viviana, Emir, bien podría expresar (también) las opiniones de Belli [13]. Y hay, fundamentalmente, a lo largo de toda la historia, un vivo paneo de las miserias a que somete a las mujeres el patriarcado y el capitalismo. Y ahí puede uno (o una) pensar que no habrá forma de comenzar a poner en pie –valga el chiste- diferentes medidas sociales, como los comedores, las guarderías y lavanderías estatales, hasta que no se expropie la riqueza de los banqueros, industriales y terratenientes (no por nada discuten en un momento “las eróticas” gobernantas montar guarderías en las empresas; cuestión que sólo podría hacerse en algunas grandes. “El asunto era cómo montar todo aquello en un país pobre”, se dice [14]). En este sentido podríamos decir que es una “utopía imposible” vencer los poderes reales por medio de una campaña electoral pacífica y ordenada; por eso, si Viviana y sus compañeras militantes lo consiguen, es sólo debido a la anomalía de que los hombres quedan “anulados” momentáneamente por los efectos de la explosión volcánica… pero al poco tiempo recibirá ese balazo del que nos enteramos apenas empieza la historia; un balazo que es político.
Belli, quien además de escritora y poeta, fue militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional en la década de 1970, y se mantuvo allí hasta 1990, invita entonces a discutir de política, desde la imaginación que plasma en su novela; desde el “compromiso” literario [15]. Ante una pregunta por esta novela acerca de si “rescataba la utopía por otros medios”, respondió: “Todo es posible cuando hay voluntad, energía y dinamismo. No estoy pensando solamente en Nicaragua; me parece que esta novela plantea una ilusión, un reto: qué nos ha pasado que nos hemos quedado estancados en la imaginación, como si ya no existiera más posibilidad que el socialismo, el capitalismo o el comunismo. ¿Qué pasó? ¿Ya dejamos de pensar en Marx, en Lenin, en los utopistas? ¿Ya la humanidad no tiene más que producir? Estoy convencida de que la mujer tiene unas calidades bien importantes para este momento histórico de la humanidad por su propia experiencia, y que es urgente que nos movilicemos para lograr incluir más dentro de la sociedad. Las propuestas que hay en mi novela son factibles: pedir guarderías infantiles, que se estudie la maternidad como una asignatura en los colegios y que se reformen los sistemas educativos, es algo de lo que se ha hablado mucho; son cuestiones que están siempre sobre la mesa. ¿Por qué no pensar en el perfeccionamiento de la democracia? Yo quiero desafiar la imaginación” [16].
Aquí, en estas contradictorias declaraciones de Belli, se expresan grandes ambiciones… de pequeñas (y utópicas) soluciones. Se podría pensar tal vez en “utopías viables” y “utopías inviables”…
Porque el “perfeccionamiento de la democracia”, por la experiencia práctica de las masas trabajadoras y populares –y por los mismos datos estadísticos- indican que se logra una “mayor perfección”… pero para las clases dominantes. Los datos de miseria, precariedad y abusos, especialmente de mujeres y niños/as, demuestran que el sistema capitalista es irreformable –o que sus reformas son para pocos países y sectores sociales-; en este sentido “perfeccionar la democracia” es una tarea “utópica-imposible”. Por otra parte, la “posibilidad” del socialismo y del comunismo es algo que está vigente y pendiente de desarrollar –por medio de una revolución obrera y popular triunfante-, habida cuenta que los Estados obreros cayeron producto de la presión imperialista y la degeneración interna del stalinismo y sus “émulos nacionales” –incluso ese desencanto por los dirigentes burocráticos debe ser el mismo que tiene Belli por sus antiguos dirigentes del FSLN-. El imperialismo lo llamó “socialismo real”, pero en verdad fueron experiencias de Estados obreros degenerados (la URSS) y deformados (China, Yugoslavia, Cuba, Vietnam, etc.) lo que se vivió en el siglo XX.
Lo que se mantiene –y hay que rescatar de lo que dice la autora de La mujer habitada- es el potencial que hay en las mujeres –en las mujeres trabajadoras y jóvenes en especial, decimos nosotros-, y la necesidad de “imaginar” –y luchar por- las reformas que necesitamos. En este sentido es muy bueno el rescate que ha hecho Andrea D’Atri del planteo del marxista belga Marcel Liebman sobre la experiencia del Estado obrero ruso, previo al stalinismo –utilizado para el prólogo al libro de Wendy Z. Goldman La mujer, el Estado y la revolución-, que dice: “no fue la lucha por las reformas la que preparó y promovió la revolución, sino la revolución la que abrió paso a las más profundas y verdaderas reformas” [17].
Más allá de las distintas “líneas de lectura” que se puedan hacer (para analizar y/o discutir la obra: por ejemplo una línea exclusiva dedicada al feminismo que propone el PIE, u otra dedicada a “el poder” –cuestiones estas que quedan pendientes-), con un lenguaje llano y accesible, Gioconda Belli plantea entonces una inteligente e interesante “aventura”: la de gobernar y reformar un país, y superar los obstáculos, desde una “óptica femenina”. El país de las mujeres es una novela muy recomendable para leer, imaginar y discutir (mucho).
Por Demian Paredes (autor de los blogs www.eldiablosellama.wordpress.comy www.artemuros.wordpress.com)
[1] http://www.partidoizquierdaerotica.com/
[2] Gioconda Belli, El país de las mujeres, Bs. As., Ed. Norma, 2010, p. 44.
[3] P. 72.
[4] P. 101.
[5] P. 113.
[6] P. 113.
[7] P. 30.
[8] P. 42.
[9] Escribió allí Trotsky: “Los necios reaccionarios sostienen que la revolución, sin haber llegado a destruirla del todo, está en camino de estropear la lengua rusa. De hecho, existe actualmente una enorme cantidad de términos en uso que han surgido por casualidad, muchos de ellos expresiones groseras y del todo innecesarias, otros contrarios al espíritu de nuestra lengua. Y sin embargo, estos tontos reaccionarios están tan equivocados acerca del futuro de la lengua rusa como acerca de todo el resto. En efecto, a pesar y más allá del desorden revolucionario, nuestro lenguaje se irá rejuveneciendo y fortaleciendo con una mayor flexibilidad y delicadeza” (http://www.ceip.org.ar/160307/index…). Lamentablemente esto no pudo desarrollarse, debido al aislamiento internacional de la revolución rusa y a la contrarrevolución stalinista.
[10] P. 44.
[11] Pp. 162 y 163.
[12] P. 163
[13] Le dice Emir a Viviana, en una conversación sobre el PIE: “soy un terco convencido de la idea de que hay que cambiar el mundo. Me he dado con la piedra en los dientes muchas veces, pero no me rindo. Ahora al menos de cada intento o cada fracaso logro por lo menos una tesis, un libro. ¿Ya es algo, no? –sonrió burlón-. Y mirá que he sido líder estudiantil, guerrillero, secretario político de un partido.
¡No!
Sí. Una paradoja, espíritu de contradicción quizás. Sigo enamorado del siglo XX, las revoluciones, los grandes sueños. Eran lindos esos tiempos cuando uno creía a ciegas. Ahora está muy mal visto. Mirá la literatura: el escepticismo y la ironía son la moneda de cambio de las novelas hoy en día. Los escritores latinoamericanos, que sacudieron el mundo cuando el boom, ahora quieren reírse de lo que fueron. No los culpo. La piedra en los dientes cae muy mal. Yo me resisto a esa moda del cinismo, aunque debo confesar que escéptico sí soy. A estas alturas, podría calificarme como un escéptico que constantemente anda en la búsqueda de la razón para dejar de serlo. La encuentro de vez en cuando. Es lindo lo que me contás, por ejemplo” (p. 143).
[14] P. 180.
[15] Esto dice en un reportaje: “–Si su tránsito ha sido de la euforia al desencanto, ¿puede conjurarlo con la escritura? ¿Alcanza con escribir o necesita también otro tipo de ‘compromiso’? –Mi desencanto es natural, pienso; pero no es desencanto con el país, sino con la mezquindad de su clase política. Escribir me ayuda porque me permite imaginar soluciones, posibilidades, aportar en la medida de mis posibilidades a la conversación colectiva, a la búsqueda de otras maneras de encontrar el camino que parece perdido. El compromiso sigue siendo necesario, es siempre urgente en América latina, y cada quien tiene que encontrar su manera de vivirlo en esta nueva situación, donde afortunadamente ya no sólo se requiere agarrar un fusil para comprometerse” (http://www.pagina12.com.ar/diario/s…).
[16] http://www.pagina12.com.ar/diario/s…
[17] http://andreadatri.blogspot.com/201…