Por Guillermo Cortés Domínguez (*)

En la novela “El infinito en la palma de la mano”, su autora Gioconda Belli pareciera otra persona, muy distinta de la que realmente es, no porque aborde el tema de los primeros habitantes de la Tierra y del Paraíso Terrenal y la desaparición de éste, sino que por su relato puede ser percibida –aunque no lo sea– como una ferviente católica y conservadora mujer tradicional sojuzgada bajo una concepción religiosa y machista. Durante casi toda la obra ella parece muy cómoda desarrollando como en un ensueño el enfoque idealista católico sobre el surgimiento de la humanidad a partir de Adán y Eva, el Paraíso Terrenal, el Árbol del bien y del mal y la fruta prohibida, la Serpiente, y el nacimiento de Caín y Abel y de sus hermanas Luluwa y Aklia.
Resulta inusualmente llamativo y contradictorio este enfoque idealista, conociendo que la escritora no se caracteriza precisamente por abrazar una cosmovisión místico-religiosa. Igualmente se percibe como muy fuera de lugar que una feminista tan caracterizada como ella pareciera asumir acríticamente el mito de que Eva nace de una costilla de Adán (poderosa simbología justificativa de una pretendida superioridad del hombre y por consiguiente de subordinación de la mujer), lo cual ella narra como un cuento de hadas en el mismo inicio de su obra, a partir del sexto párrafo, en oraciones que suman 34 líneas. Adán vive el fantástico momento de “dar a luz” a Eva, como si estuviera en un trance.
Contra su costado, la tierra húmeda aspiraba y exhalaba imitando el sonido de su respiración. Lo invadió una modorra sedosa y mullida. Se abandonó a la sensación. Más tarde recordaría el cuerpo abriéndosele, el tajo dividiéndole el ser y extrayendo a la criatura íntima que hasta entonces habitara su interior (…)”. (P. 19:237)
“Despertó recordando su inconsciencia. Se entretuvo reconociendo las facultades de su memoria, juzgando a olvidar y recordar, hasta que vio a la mujer a su lado (…)”. (Idem)
Toda la historia de Adán y Eva en El Paraíso, desde la primera palabra de la novela hasta casi la última (exceptuando algunos diálogos y párrafos finales), parece transcurrir desde el enfoque mágico-religioso, donde reina la generación espontánea y la falta de raciocinio y de explicaciones, hasta que la autora sorpresivamente culmina su historia entrando a un bosque donde deja ir para siempre a su transformada hija Aklia, que feliz se integra a una manada de monos, y le dice: Algún día hablarás de nuevo. Ahora vete. ¡Corre, hija, ve y recupera el Paraíso!, con lo que la concepción racionalista, evolucionista, de Charles Darwin, que parecía ignorada, se muestra de una manera tan rotunda, que prevalece en esta saga de ficción.
Siguiendo el tratamiento que la escritora le da a su personaje Aklia, que parece ser la figura central de su novela, y no Adán ni Eva, quizás logremos identificar un aspecto de la clave de su escritura, de su arquitectura, de la relojería que ha utilizado en su urdimbre espacial y temporal. Aklia es la clave para desentrañar su trama narrativa.
No crean que el final racionalista es antojadizo, que la autora de súbito cambió de opinión, sino que con destreza ella fue tejiendo una telaraña imperceptible, casi invisible, fue dejando con sutileza, a partir de la página 179, tenues indicios que justificarán su categórico enfoque de cierre. Llama la atención la manera directa y sencilla, casi simple, con que hace sus planteamientos, sin preocuparse por explicar ni profundizar, pero de tal manera, que consigue que todo sea creíble. En las últimas cincuenta y ocho páginas va tendiendo sus trampas en las que inevitablemente vamos a caer. ¿O la verdadera trampa son los 179 folios iniciales de pura inocencia, magia e ignorancia?
Debo confesar que para aproximarme a la urdimbre articulada subrepticiamente por la escritora, leí de nuevo todo lo relacionado con el personaje más misterioso y atractivo de la obra, que al final del libro se nos revela representando el enfoque evolucionista, y que es Aklia, la menor de los cuatro hijos de Adán y Eva, a la que no “descubrí” en su singular rol, sino hasta llegar a los últimos párrafos. Subrayo que solo con la relectura me fue posible “desentrañar” las migas de pan que con dosificación calculada va dejando la autora para que el final no nos parezca extraño, sino que lo aceptemos como lógico y verosímil. Es decir, la mayoría de las pistas “no las vi” la primera vez, al menos no las registró mi consciente.
Un personaje fascinante
En la segunda lectura fue toda una sorpresa encontrar tantos indicios relacionados con el desenlace, el cual, de todas maneras, no me había parecido tirado de los cabellos, pues me inspiró credibilidad, aunque fue sorpresivo. Y Aklia apareció como un personaje fascinante. Esto me produjo una inquietante certeza alrededor de que el hecho de no haber percibido conscientemente esas señales, no significaba que éstas no hubieran sido registradas por mi inconsciente, y que, por tanto, contribuyeran a la credibilidad de los planteamientos racionalistas culminantes de la autora, lo que, al fin y al cabo, es el gran objetivo de los escritores de ficción.
También debo decir, aunque parezca obvio, que por mucho la segunda lectura no tuvo la espontaneidad de la primera, y que, más bien privó en ella el deliberado y único propósito de encontrar elementos pasados por alto en la primera mirada, que se relacionaran con el desenlace de la novela. Este es un tipo de lectura fría, técnica, en la que expresamente se indaga solo acerca de determinados elementos, y no otros, porque sabía qué buscar específicamente, gracias a que ya conocía el final. Y así es relativamente fácil reconocer esas pistas. Hubiera sido grandioso haberlas visto la primera vez, como seguramente les ocurre a lectores y lectoras más avezados.
Así, los primeros síntomas aparecen en la página 179, cuando la escritora relata el nacimiento de Aklia y la describe como una criatura diminuta, los ojos apretadamente cerrados, la cara cubierta de vello oscuro, la frente abombada, los labios demasiado grandes. (…). Como ya sabemos que Aklia se unirá a una manada de monos, esta descripción que antes no nos dijo nada, ahora se nos revela como el primer indicio que deliberadamente Gioconda Belli deja caer, para que los rasgos de la niña se asocien a los de un simio. No contenta con ello, apenas dos líneas después pasa de la insinuación a una afirmación terminante: Adán se paseó con Aklia por la cueva. La llevó junto al fuego. La miró y dijo que parecía una mona, no un ser humano. El “venenito” fue vertido por segunda dosis en la copa de vino que estamos tomando.
Diez líneas después, aparece un refuerzo de la idea que la escritora nos quiere vender: Nadie como ella para subir a los árboles, bajar dátiles de la copa de las palmeras. (…). Al final del párrafo, la autora nos remata: Aklia le parecía a ella (a Eva) más fuerte, más cercana a la esencia de cuanto les rodeaba. Unas veces es explícita (nadie como ella para subir a los árboles), otras, apenas sugerente (más cercana a la esencia de cuanto les rodeaba), siendo los animales la esencia de lo que les circundaba. En la siguiente página, Belli lanza otro atisbo: En medio de su caminata sin rumbo, Adán vio a Aklia cruzándose de una rama a otra, seguida por un gorila de ojos tristísimos. ¡Claro!, como ya conocemos el final, sabemos a dónde se dirige la autora, cuál es su propósito.
Después del “bombardeo” de cinco ideas seguidas sobre Aklia relacionándola con primates en menos de dos páginas, la autora, muy segura de la sólida plataforma que ha construido, se toma la libertad de una extensa pausa, y no es sino hasta treinta y cinco folios después, que vuelve con más pistas mediante un diálogo de Aklia y Eva:
–Caín no me quiere –dijo ella–. Ni Caín ni Abel ni Luluwa ni mi padre. ¿Quién soy yo, madre? ¿Cuál es mi destino? Veo las bandadas de monos y a menudo quisiera irme con ellos. (P215:237).
La urdimbre filosófica de la autora
Con este diálogo, la escritora continúa sembrando el camino hacia el desenlace dramático de la obra, dándole pacientemente una configuración conveniente a su personaje Aklia, de modo que su decisión final aparezca como natural y factible, por lo tanto aceptable por los lectores y lectoras. Esta vez, planta la duda sobre la verdadera identidad de su hija y comunica el deseo de ésta de irse con los monos. Ya deberíamos de estar súper prevenidos de lo que ocurrirá. Y, más importante aún, Gioconda inicia su compleja y a la vez sencilla trama filosófica, que es lo que le conferirá su real significado al hecho final, a la incorporación de la hija menor de Eva a una gavilla de monos. Es un indicio filosófico muy tenue, pero estratégico: ¿Quién soy yo, madre? ¿Cuál es mi destino? Estas preguntas que aparecen inocentemente, casi inadvertidas, en la primera lectura, en la segunda se revelarán en su trascendental significado relacionado con el verdadero inicio de la raza humana a partir de la evolución de los monos, con lo que Darwin hace su apoteósica entrada triunfal en la novela.
En efecto, la línea argumental de la escritora, hábilmente camuflada entre variadas y cándidas descripciones y relatos sobre la vida cotidiana de Adán y Eva fuera de El Paraíso, lleva dos propósitos: por un lado, “deshumanizar” a Aklia, confiriéndole poco a poco un perfil simiesco –imposible no relacionarlo con la metamorfosis kafkiana de un hombre de súbito convertido en cucaracha–; y, por otro, darle un sentido racional a la historia, para alejarse de la concepción religiosa en la que ha estado inmersa en casi todo el libro, entrando de este modo a una vertiente filosófica evolucionista que desarrolla con ideas breves y categóricas. Así, el tiempo se trastoca cuando la pareja primigenia es expulsada del Paraíso y Adán y Eva se convierten en un sueño inconcluso del Creador (Elokim), mientras que Aklia será la realidad, volverá al principio de todo –la verdadera génesis del ser humano a partir de la evolución de los primates–, para que sus generaciones futuras alcancen el genuino paraíso terrenal.
Los indicios que con deliberada paciencia la autora va sembrando de manera dosificada y conveniente a lo largo de las últimas 58 páginas, fueron cumpliendo su objetivo, aunque no me haya dado cuenta o no fuera consciente de ello, por los significados latentes, indirectos, subliminales y subconscientes que tienen las palabras o construcciones gramaticales. Avanzados estudios científicos han demostrado que nuestro cerebro es capaz de comprender el significado de una palabra e incluso de percibir su carga emocional antes de conocerla conscientemente, lo cual significa que existe en nosotros una decodificación inconsciente del significado del lenguaje que es previa a que la conciencia pueda conocer los términos o vocablos. La percepción o registro subliminal se define como: un proceso de extracción y análisis de información de estímulos de los que el sujeto nunca es consciente.
Este fenómeno sicológico de la percepción inconsciente puede ser comparado con otro, más conocido, que permite a los escritores y escritoras no ocuparse tanto en una descripción de una persona o paisaje, sino ofrecer solo algunos trazos, pero que tienen que ser claves y tan impactantes, que estimulen recuerdos, vivencias y conocimientos en la mente de los lectores y lectoras, y con ello activen un poderoso mecanismo que se encargará de completar el objeto descrito en un proceso del que no somos conscientes.
¿Demerita la obra que esos indicios no hayan sido tan explícitos? De ninguna manera. ¡Al contrario!, es un mérito atribuible a la destreza de la escritora, quien no delató su objetivo, no puso en evidencia la costura de sus lanzamientos en curva y con quiebre hacia la zona buena del plato, donde los lectores y lectoras nos encontramos alertas y amenazantes con el bate de madera en ristre. De haberse evidenciado la intencionalidad de la autora, habría disminuido el potencial de impacto que le imprimió a la obra el carácter sorpresivo del final. Como sabemos, los escritores se van reservando sus mejores cartas, pero al mismo tiempo se cuidan de tener a mano otros recursos para mantener el interés, mientras llega el desenlace que nos moverá el piso.
En la página 222, en el tramo final de la novela, cuando la familia primigenia corre a buscar a Abel mortalmente golpeado por su hermano Caín, la autora coloca otra huella. Luluwa señaló el promontorio. Subieron. Aklia gemía, trastabillaba. Eva la vio apoyándose en sus manos para empujarse, para ir más rápido.
–Cuidado con tus manos Aklia.
Ella la miró con sus ojos dulces. No habló. No hizo más que un ruido triste y agudo.
La escritora puso a Aklia a correr y a gemir como lo hacen los monos. Y después de siete párrafos, mientras a Eva la consumía la pena de saber que nunca más vería vivo a su querido hijo Abel, Vio a Aklia saltando, gimiendo. En ambos casos, continúa dibujando con paciencia el perfil simiesco de su hija menor.
Las pautas filosóficas estratégicas de la novela
Al final de la página 224 y al inicio de la 225, Adán y Eva tienen un diálogo que es definitorio de la obra, mediante el cual Gioconda Belli establece las pautas filosóficas estratégicas de la novela, los contenidos rotundos que la decantarán por la racionalidad y el evolucionismo, dejando atrás, con enorme respeto y hábil sutileza, la concepción idealista religiosa.
–¿Para qué nos creó, Eva? No creo que pueda sufrir más de lo que he sufrido.
–La Serpiente decía que Elokim nos hizo para ver si los nuestros eran capaces de volver al punto de partida y recuperar el Paraíso.
–¿Acaso nosotros no somos el principio?
–Según me dijo, en el Jardín nosotros fuimos la imagen de lo que Elokim quería ver al final de su creación. Cuando comimos el higo, él alteró la dirección del tiempo. Ahora, para volver al punto de partida, nuestros hijos y los hijos de sus hijos, las generaciones que nos sucederán, tendrán que comenzar, retroceder. Eso dijo.
–¿Y hasta dónde tendremos que retroceder?
–No sé Adán. Creo que acabaremos en manada. Quizás Aklia contenga el futuro. Quizás por eso te parezca extraña. Quizás sea el pasado que nosotros no conocimos.
– Tan inocente, Aklia.
– Y esencial.
Efectivamente, en este diálogo la autora siembra las claves de la novela, al plantear varios asuntos culminantes, por ejemplo: 1. Una racionalización sobre el objetivo de la Creación religiosa; 2. La recuperación del Paraíso por parte de sus descendientes, en un futuro no definido, pero muy lejano; 3. La existencia de un punto de partida diferente del de Adán y Eva, quienes nacieron por generación espontánea, y ya conformados como adultos, sin pasar por un proceso de desarrollo. 4. La necesidad de un nuevo comienzo, en ese punto de partida distinto. Junto a los contenidos filosóficos la autora continúa desparramando pistas y justificaciones para su final que ya se avecina, cuando pone en boca de Eva la frase…acabaremos en manada…”, y le asigna, aunque no con certeza, el rol definitorio a su hija menor: …Quizás Aklia contenga el futuro….
Apenas un poco después, en la página 232, la autora termina de conferirle a Aklia un perfil animaloide. Olvidada del habla, parecía también haber perdido la razón y la conciencia, para entregarse sin reparos a una existencia de simio. Y agrega: Eva la vigilaba. Apenas durmió temiendo que se marchara con la manada de monos que pasó rondando la cueva por la noche. Sólo un párrafo adelante, la autora describe la reacción de nuestra protagonista ante la despedida de Luluwa, quien se marcha con Caín y su maldición de que no tendrá frutos, por haber asesinado a su hermano Abel. Luluwa sollozó al despedirse de Aklia, quien la observó y alzó los brazos no para abrazarla, sino para tocar su propia cabeza, los ojos brillantes sin lágrimas mirándola curiosos. No hubo reacción humana. Es totalmente simiesco el comportamiento de Aklia.
Como si no hubiera terminado de configurar la nueva identidad primate de Aklia, tres párrafos más tarde Belli agrega: En pocos días el pelo de la hija había vuelto a cubrir sus mejillas (como al nacer). La piel de sus manos y sus pies largos y delicados se había endurecido adquiriendo un tono pardo… Caminaba tomada de su mano, dócil y torpe, vaciada de palabras. A ratos, en el trayecto, se soltaba y corría ayudándose de sus brazos… Saltó contenta sobre la arena…, con lo que completa la metamorfosis, y la autora se apresta a su gran final.
En la página 234, mediante un diálogo de Eva con la Serpiente, la escritora bucea a profundidad en los presupuestos filosóficos esenciales, cuyas bases estableció diez páginas antes.
–Mira la pequeña Aklia. El pasado y el futuro van corriendo con ella por la playa.
–¿Qué quieres decir?
–Ha vuelto a la inocencia, Eva; una inocencia anterior al Paraíso, precursora del Paraíso. La Historia ha saltado de ti a ella ahora y un tiempo largo y lento está por empezar.
El sueño de la deidad se hizo añicos
Qué fuerza adquiere entonces esa frase El pasado y el futuro van corriendo con ella… El evolucionismo se ha adueñado del desenlace de la novela. Con Aklia empezará la Historia, el tiempo largo y lento, los millones de años que requerirá la evolución, el primer gran paso en el futuro cuando los homínidos bajarán de los árboles para salir a los llanos y empezarán a erguirse y a caminar en dos patas, dando paso a los bípedos. La cadena evolutiva estará marcada, a grandes trancos históricos, por el Austrolopiteco, el Homo, el Neandertal y el Homo Sapiens. Aklia será el inicio.
Continúa el diálogo, breve pero en terrenos filosóficos abisales, de Eva con la Serpiente:
–Aklia es la realidad de Elokim. Nosotros somos sus sueños.
–Dijiste que en el principio estaba el final.
–El final de los descendientes de Aklia será llegar al principio….
–¿Volverán al Paraíso? ¿Y después qué? ¿Se preguntarán qué hay más allá? ¿Se aburrirán?
–Quizás no. No sufrirán la ceguera de la inocencia, el anhelo de saber de la ignorancia. No necesitarán morder frutas prohibidas para conocer el Bien y el Mal. Lo llevarán con ellos. Sabrán que el único Paraíso donde es real la existencia es aquel donde posean la libertad y el conocimiento.
–Crees que lleguen a ser verdaderamente libres? ¿Crees que Elokim se lo permita?
–La existencia es un juego de Elokim. Si tu especie encuentra la armonía, Elokim se marchará…
La autora canta un himno a la libertad y el conocimiento, que fue la temática central del erudito comentario del filósofo Alejandro Serrano Caldera, durante la presentación de esta novela en Nicaragua, hace unas semanas. De acuerdo al diálogo anterior, la quimera de Dios fracasó cuando Eva cedió a la necesidad de conocimiento, y el sueño de la deidad se hizo añicos. Sucedió la expulsión del Paraíso, el nacimiento de los cuatro hijos, entre ellos Aklia, y con ella, la realidad. La autora nos catapulta al futuro, del cual es parte nuestro presente actual, y da por hecho que el ser humano volverá al Paraíso, y entonces desaparecerá Dios (Elokim) porque, según Belli, el Creador se marchará a construir otros universos. Será un paraíso nada celestial, sino verdaderamente terrenal. Será cuando alcancemos un plano superior de la existencia. Seremos sabios y libres, si antes –a como vamos—no destruimos la Tierra.
Dentro de un clima narrativo que crea una sensación de ensueño, como si los lectores fuéramos atrapados por un lenguaje algodonoso, en medio de densas nubes cálidamente acogedoras, quedan establecidos con sutileza, pero con meridiana claridad, los presupuestos filosóficos. Solo falta el final. Eva lleva a Aklia a un lugar donde una vez estuvo perdida y fue salvada por unos primates. …Eva apretó fuerte la mano de Aklia, Inquieta, Aklia miraba las copas de los árboles. Daba pequeños saltos. Se rascaba la cabeza.
Eva vio venir la manada de monos grandes, gráciles y vivaces columpiándose sobre las ramas.
…Aklia se soltó de su mano. Antes de dejarla marchar ella se inclinó y la abrazó fuerte contra su corazón. Recuérdame Aklia, dijo, recuerda cuanto has vivido. Algún día hablarás de nuevo. Ahora vete. ¡Corre, hija, ve y recupera el Paraíso! Este es el final de la obra. Es el final, no importando que después de ello la autora haya agregado tres líneas con las que quizás trata de continuar impregnándonos hasta la última letra, de esa atmósfera de candidez y ensoñación que se respira a lo largo de toda esta novela breve.
(*) Autor de la novela El Arcángel.
Del blog “Con los pies desnudos”
http://conlospiesdesnudos.blogspot.com/2010/01/escandalo-de-miel.html
Así se llama la antología poética personal de Gioconda Belli, poeta y escritora Nicaragüense.
Es un libro erotizado, es decir, invadido amorosamente por las flechas certeras de Eros, que se hunden en el pecho y otras zonas de amor, para despertar al cuerpo y los sentidos de su letargo.
Gioconda se me antoja apasionada hasta el tuétano, irreverente, sensible y dulce. Como esa miel que puede escandalizar a algunos, pero que, en realidad, dulcifica y da blandura a la rigidez que la moral y los preceptos, los prejuicios y preconceptos pretenden hacer con el amor, la pasión y los cuerpos que se aman.
Pero la antología contiene más que eso. Dolor por el país propio que traiciona los sueños y mutila los ideales. Que expulsa a sus habitantes heridos de orfandad. Y que, a la vez, cuece en sus aguas turbias caldos de creación. Y en la grieta de las heridas, torrentes profundos, sensibilidad y exquisita percepción.
Va el comienzo de una poesía que me gusta especialmente.
El alma que no amaina
Asomada a mi garganta
contemplo la selva de mi interioridad
azotada de viento,
erosionada por múltiples inundaciones.
Dicen que el tiempo lima las protuberancias del alma,
igual que el agua de los ríos torna en suave mejilla
el contorno de las piedras.
Que la memoria aprende a ojos cerrados el inmutable perfil de las riberas
y un día de tantos se llega al final del asombro,
a la intuición certera de lo impredecible.
….y sigue….
De: Crítica Literaria
Poemas de una gran belleza pero sobre todo con un gran compromiso con el mundo y especialmente con la mujer. Se trata de textos en los que la autora no se muerde la lengua para denunciar la mojigatería de la visión hombre-céntrica de la sexualidad (primera parte – Eros) pero también para recordarnos que una mujer es también mujer y no debe renunciar a sus diferencias, especialmente la maternidad (segunda parte – Hombresía). La tercera parte (Polis) se centra en el mundo en que se encuentra la persona, Gioconda Belli, especialmente su Nicaragua natal. Poemas sobre la revolución, la postrevolución y la visión más actual de un país que ya casi no reconoce.
Se puede recomendar casi cualquier poema de este libro pero si tengo que decantarme por uno, no dejéis de leer “Los portadores de sueños”. Siempre la utopía ha estado adornada de gran belleza, es una pena que esta sociedad nos empuje a huir de los sueños personales.
“Escándalo de miel”, de Gioconda Belli. Poesía.
Ed. Seix Barral, 2011
207 páginas.
Esta antología poética personal, como reza el subtítulo, reúne 95 poemas agrupados en tres bloques temáticos titulados Eros, Hembrosía y Polis, en correspondencia con el amor, la feminidad en sus vertientes de maternidad, crianza, edad, menopausia y, finalmente, el individuo en sociedad, la solidaridad entendida como la ternura del pueblo, el dolor de la guerra, Nicaragua como nación.
El primero resulta deslumbrante, un fogonazo de alegría que explota por sorpresa en el rostro del lector al descubrir una poeta orgullosa de su sexo, que toma iniciativas (Yo, la que te quiere), que explica con voz alta y clara cómo recorre el cuerpo amado del hombre y muestra la ansiedad de su deseo sexual. Una poesía brava y sensorial. Me ha gustado especialmente “Embestida a mi hombro izquierdo”, poema que transmite el gozo de la intimidad compartida como sólo podría hacerlo una mujer, por el uso de metáforas pegadas a tareas femeninas y sentido práctico, intercaladas en auténticas declaraciones amorosas. Hay picardía, ingenio, insinuación, placer y valor al hablar del amor y la forma corpórea de materializarse. Hay exhibición del regocijo interno que proporciona la lujuria, con referencias a la vegetación selvática del Caribe, los huracanes y maremotos del Pacífico, como fuente de inspiración. Gioconda Belli es de Nicaragua y se nota en el registro lingüístico que emplea, bello y de riqueza verbal
Los otros dos bloques abordan otros asuntos que rezuman la sabiduría adquirida en la experiencia vital. Surge un tono didáctico, menos personalizado e igual de convincente. El poema “De los placeres accesibles” es fantástico y Belli se muestra como encantadora hedonista. Se supera a sí misma en ”Receta de varón”, prescribiendo lo que tiene que tener un hombre para mantenerse anclado en el mar de las hembras, unas exigencias definidas desde la ternura y “Reglas de juego para los hombres que quieren amar a las mujeres” adquiere el valor de un manifiesto moral.
La poesía de Belli me ha supuesto un descubrimiento. Es positiva, una inyección de esperanza para superar el absurdo en el que vivimos instalados. Una obra poética para leer despacio, primero un poema, dejarlo descansar en la mente, paladearlo, imaginarlo, recrearlo y releerlo antes de pasar al siguiente. Así extraerán el máximo disfrute a estos versos que han sido escritos para compartir.
Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de Levante, el viernes 4 de marzo de 2011.
Publicado por María García-Lliberós en 19:15
ACERCA DE LA ÚLTIMA NOVELA DE GIOCONDA BELLI
EL PAÍS DE LA UTOPÍA (CONCRETADA)
Fecha: Jueves 30 de diciembre de 2010
Por: Demian Paredes
“Ahora o nunca, les dijo. Para cambiar las cosas de fondo, ellas necesitaban estar solas un tiempo, gobernar sin interferencias masculinas” Gioconda Belli, El país de las mujeres
Si en la clásica obra de distopía (o antiutopía) de George Orwell, 1984, se mostraba el fracaso de la rebeldía ante una sociedad “totalitaria” –síntesis perfecta entre la burocratización “de tipo” stalinista y la “sociedad de control” norteamericana-, en el caso de El país de las mujeres, de la nicaragüense Gioconda Belli, por el contrario, encontramos una feliz utopía conquistada: las mujeres son gobierno en un país. ¿Tienen algo en común, por lo tanto, para mencionarse así, a estas dos historias juntas? Yo creo que sí: ambas hablan –obviamente por distintas vías y con distintos/opuestos resultados- de los intereses vitales del ser humano en la lucha por ampliar sus libertades esenciales…
La ucronía (el “¿qué pasaría si…?” –en este caso sin apoyarse en ningún hecho histórico como punto de partida-) en El país de las mujeres se desarrolla desde el imaginario Faguas, un país pobre de Centroamérica, donde el PIE [1] (Partido de la Izquierda Erótica) conquista la presidencia. Haremos a continuación un comentario general sobre el contenido de la novela, con algunos señalamientos puntuales.
Un país, su realidad
Un(a) narrador(a) omnisciente relata, retrospectivamente, la trayectoria de Viviana Sansón –por cierto: todos los nombres fueron escogidos inteligentemente por la autora- y el equipo que va conformando, para llegar al gobierno del país, tras un ataque que recibe y que la deja internada en coma.
Faguas es esa clase de países “pasados de uno a otro colonizador, de la independencia a la insumisión de los caudillos, con breves períodos de revoluciones y democracias fallidas”. Allí “ni la gente supuestamente educada conocía bien en qué consistía la libertad, ni mucho menos la democracia. Las leyes eran irrelevantes porque, por siglos, los leguleyos las habían manipulado a su gusto y antojo” [2].
Viviana era, antes de dedicarse a la política, reportera. En Faguas “La nota roja se había puesto de moda. Abundaban las historias de pandillas y narcotraficantes, a la par de trifulcas domésticas y abusos de menores. Las niñas de diez años que el padrastro embarazaba eran tan frecuentes como los robos y desfalcos al Estado de parte de funcionarios públicos que, en vez de ser despedidos, eran trasladados de una a otra dependencia. Ese partido es como la Iglesia, le decía su jefe, a los curas pedófilos no los echan, los trasladan para que hagan sus fechorías en otra parte” [3].
Aprovechando la anomalía de una explosión volcánica que dejó, con sus gases y extrañas sustancias, a los hombres débiles, sin testosterona, se lanza Viviana a la pelea electoral.
Campaña electoral: discusiones políticas
Viviana –con cierto prestigio ganado por sus jugadas investigaciones y denuncias periodísticas- les propone a sus compañeras Eva, Juana de Arco, Ifgenia y otras, desarrollar –ante la cuestión de que las presidentas mujeres ya existen y “no son novedad”- un “poder femenino”, desde esta perspectiva: “un partido que proponga darle al país lo que una madre a un hijo, cuidarlo como una mujer cuida su casa; un partido ‘maternal’ que blanda las cualidades femeninas con que nos descalifican, como talentos necesarios para hacerse cargo de un país maltratado como este. En vez de tratar de demostrar que somos tan ‘hombres’ como cualquier macho y por eso aptas para gobernar, hacer énfasis en lo femenino, eso que normalmente ocultan, como si fuera una falla, las mujeres que aspiran al poder: la sensibilidad, la emotividad. Si hay algo que necesita este país es quién lo arrulle, quién lo mime, quién lo trate bien: una mamacita. Es el colmo, ¿verdad? ¡Hasta la palabra ‘mamacita’ está desprestigiada! Una palabra tan bonita. ¿Qué tal entonces si pensamos en un partido que convenza a las mujeres, que son la mayoría de votantes, de que actuando y pensando como mujeres es que vamos a salvar este país? ¿Qué tal si con nuestras artes seductoras de mujeres y madres, sin falsificarnos ni renunciar a lo que somos, les ofrecemos a los hombres ese cuido que les digo?”. A lo que Eva dice: “Las feministas nos acabarían diciendo que vamos a eternizar todo lo que se piensa de las mujeres”, y Viviana retruca: “Depende qué feministas. El feminismo es muy variado. El problema para mí no es lo que se piensa de las mujeres, sino lo que nosotras hemos aceptado pensar de nosotras mismas. Nos hemos dejado culpabilizar por ser mujeres, hemos dejado que nos convenzan de que nuestras mejores cualidades son una debilidad. Lo que tenemos que hacer es demostrar cómo esa manera de ser y actuar femenina puede cambiar no sólo este país sino el mundo entero” [4].
Su política la difunden ampliamente (Twitter, Facebook, blogs y “en cuanta red social existía”), y así “En un dos por tres, no hubo en el país quien no supiera lo que era el PIE. La modorra política de Faguas, el business as usual, se sacudió. En los programas de opinión se polemizaba a favor y en contra. Se discutió si el poder ejercido por las mujeres sería diferente, si el erotismo era distinto a la pornografía o si la izquierda tenía aún razón de ser. Lo mejor de todo fue que cuando los comentaristas y periodistas se revelaron como trogloditas, traicionando sus esfuerzos por sonar como hombres modernos, las mujeres se tomaron la discusión y expusieron con vehemencia y apabullante sencillez su disgusto y su incredulidad por lo natural que les parecía a los varones la división de los sexos que les recetaba a las mujeres la exclusión, la explotación y un sinnúmero de desventajas. En los debates se producían verdaderos pugilatos verbales. Mujeres de delantal, modelos, madres, santulonas, intelectuales, profesionales y putas llamaban a los programas para defender los derechos de la mujer, quejarse de las soledades de la maternidad o indagar sobre la explosión del volcán y el déficit de testosterona” [5].
Así surge todo un despertar político de las mujeres, donde discuten todos sus problemas, ofensivamente, contra los prejuicios establecidos. Entre los fragores del debate “Viviana y las demás afinaron sus discursos y respuestas: hablaron de reformas a la democracia, a la constitución, a los métodos educativos y a los centros de trabajo. En sus diatribas incluyeron retazos de filosofía popular y usaron el arsenal de su memoria nombrando citas que abarcaban desde las teorías de Deepak Chopra, Fritjof Capra y Marx hasta las tesis feministas de Camille Paglia, Susan Sontag, Celia Amorós y Sofía Montenegro”[6] .
La (lucha por la) igualdad: las tareas domésticas, el aborto, la sexualidad
Con esa particular “síntesis política” (¿o para ser más precisos deberíamos decirecléctico cóctel político-filosófico?), Viviana y sus compañeras en campaña logran llegar a la presidencia de Faguas. Y comienzan a desarrollar iniciativas para aliviar a las mujeres.
De una nos enteramos al inicio de la novela, cuando el vendedor ambulante José de la Aritmética, un personaje por momentos clave de la historia, regrese a su barrio y hogar el día del atentado –luego de que se enviaran a la casa a todos los hombres, relevados de las tareas en el Estado-. Allí, mientras discuten los vecinos y familiares acerca del futuro del país sin presidenta, “sonó la campana del comedor vecinal. Ya hacía un año que funcionaba en el barrio el sistema de cocina rotativa, nacido de la idea de aliviar el trabajo doméstico. Las familias –hombres y mujeres- se turnaban en preparar la cena que se servía en la casa comunal construida entre todos y que funcionaba también como centro de reuniones y aula para las clases de lectura y escritura” [7].
A Martina, que es lesbiana, la presidenta le propone crear el “Ministerio de las Libertades Irrestrictas”, con el objetivo de “promover leyes, comportamientos, programas educativos y todo cuanto fuera necesario para inculcar el respeto a la inviolable libertad de mujeres y hombres dentro de la sociedad. La gente en Faguas se cree libre porque no reconoce la jaula que tiene en la cabeza” [8]. Y, aunque no pudo –ya que será una labor que llevará, según ha comentado Trotsky en “La lucha por un lenguaje culto” [9], varios lustros en la realidad-, cambiar el lenguaje, “lo que sí impuso fue el fin del lenguaje del odio, el uso de palabras denigrantes para la mujer .y denigrantes para la diversidad sexual humana-, el tratamiento de maricas, cochones, putos, tortilleras, por ejemplo”`[10].
Otro gran tema fue el del aborto, donde el gobierno del PIE impulsó la “Ley del Aborto Inevitable”: “La ley había sido aprobada tras lograr ella votos clave de la oposición, convenciéndola de que era inútil prohibir el aborto. Ocurría de todas formas y era la incapacidad de hacerlo en las condiciones adecuadas la responsable de las muertes. La Ley de Aborto Inevitable preveía no dejar piedra sobre piedra hasta garantizar que por razones económicas, de opciones de trabajo, de preocupaciones sobre el cuido futuro del hijo, ninguna mujer viese el aborto como una opción necesaria. Tanto mimo les ofreceremos, explicó Viviana, que, tal como debía siempre haber sido, la mujer sentirá el embarazo como algo que enriquecerá su vida, que le dará ventajas sociales, no como lo que la obligará a la pobreza o a la renuncia de sus opciones. Para abolir el aborto lo que falta no es prohibirlo, sino dejar de penalizar la maternidad. Pero si una mujer corre riesgos de muerte por un embarazo, o es una niña violada, lo siento, pero es ella la que decide por su vida y la del feto. Nadie más. La decisión es siempre e irrevocablemente de la mujer porque su cuerpo es suyo”[11].
¿El resultado? El mismo que el que sucede en la realidad donde el aborto no está penado: “El número de abortos se redujo en Faguas dramáticamente y el modelo estaba siendo estudiado como una posible ruta de solución para un problema que por siglos había dividido las opiniones, las iglesias y sobre todo, a las mismas mujeres”[12] . En definitiva, el plan del gobierno del PIE es demostrar que las tareas domésticas las pueden realizar por igual hombres y mujeres, con la intención de que dejen de ser “exclusivas” de las mujeres –y, principalmente, tareas “no valoradas socialmente”-.
Hay más discusiones en la novela, como la que hay sobre política y literatura, donde el amor de Viviana, Emir, bien podría expresar (también) las opiniones de Belli [13]. Y hay, fundamentalmente, a lo largo de toda la historia, un vivo paneo de las miserias a que somete a las mujeres el patriarcado y el capitalismo. Y ahí puede uno (o una) pensar que no habrá forma de comenzar a poner en pie –valga el chiste- diferentes medidas sociales, como los comedores, las guarderías y lavanderías estatales, hasta que no se expropie la riqueza de los banqueros, industriales y terratenientes (no por nada discuten en un momento “las eróticas” gobernantas montar guarderías en las empresas; cuestión que sólo podría hacerse en algunas grandes. “El asunto era cómo montar todo aquello en un país pobre”, se dice [14]). En este sentido podríamos decir que es una “utopía imposible” vencer los poderes reales por medio de una campaña electoral pacífica y ordenada; por eso, si Viviana y sus compañeras militantes lo consiguen, es sólo debido a la anomalía de que los hombres quedan “anulados” momentáneamente por los efectos de la explosión volcánica… pero al poco tiempo recibirá ese balazo del que nos enteramos apenas empieza la historia; un balazo que es político.
Belli, quien además de escritora y poeta, fue militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional en la década de 1970, y se mantuvo allí hasta 1990, invita entonces a discutir de política, desde la imaginación que plasma en su novela; desde el “compromiso” literario [15]. Ante una pregunta por esta novela acerca de si “rescataba la utopía por otros medios”, respondió: “Todo es posible cuando hay voluntad, energía y dinamismo. No estoy pensando solamente en Nicaragua; me parece que esta novela plantea una ilusión, un reto: qué nos ha pasado que nos hemos quedado estancados en la imaginación, como si ya no existiera más posibilidad que el socialismo, el capitalismo o el comunismo. ¿Qué pasó? ¿Ya dejamos de pensar en Marx, en Lenin, en los utopistas? ¿Ya la humanidad no tiene más que producir? Estoy convencida de que la mujer tiene unas calidades bien importantes para este momento histórico de la humanidad por su propia experiencia, y que es urgente que nos movilicemos para lograr incluir más dentro de la sociedad. Las propuestas que hay en mi novela son factibles: pedir guarderías infantiles, que se estudie la maternidad como una asignatura en los colegios y que se reformen los sistemas educativos, es algo de lo que se ha hablado mucho; son cuestiones que están siempre sobre la mesa. ¿Por qué no pensar en el perfeccionamiento de la democracia? Yo quiero desafiar la imaginación” [16].
Aquí, en estas contradictorias declaraciones de Belli, se expresan grandes ambiciones… de pequeñas (y utópicas) soluciones. Se podría pensar tal vez en “utopías viables” y “utopías inviables”…
Porque el “perfeccionamiento de la democracia”, por la experiencia práctica de las masas trabajadoras y populares –y por los mismos datos estadísticos- indican que se logra una “mayor perfección”… pero para las clases dominantes. Los datos de miseria, precariedad y abusos, especialmente de mujeres y niños/as, demuestran que el sistema capitalista es irreformable –o que sus reformas son para pocos países y sectores sociales-; en este sentido “perfeccionar la democracia” es una tarea “utópica-imposible”. Por otra parte, la “posibilidad” del socialismo y del comunismo es algo que está vigente y pendiente de desarrollar –por medio de una revolución obrera y popular triunfante-, habida cuenta que los Estados obreros cayeron producto de la presión imperialista y la degeneración interna del stalinismo y sus “émulos nacionales” –incluso ese desencanto por los dirigentes burocráticos debe ser el mismo que tiene Belli por sus antiguos dirigentes del FSLN-. El imperialismo lo llamó “socialismo real”, pero en verdad fueron experiencias de Estados obreros degenerados (la URSS) y deformados (China, Yugoslavia, Cuba, Vietnam, etc.) lo que se vivió en el siglo XX.
Lo que se mantiene –y hay que rescatar de lo que dice la autora de La mujer habitada- es el potencial que hay en las mujeres –en las mujeres trabajadoras y jóvenes en especial, decimos nosotros-, y la necesidad de “imaginar” –y luchar por- las reformas que necesitamos. En este sentido es muy bueno el rescate que ha hecho Andrea D’Atri del planteo del marxista belga Marcel Liebman sobre la experiencia del Estado obrero ruso, previo al stalinismo –utilizado para el prólogo al libro de Wendy Z. Goldman La mujer, el Estado y la revolución-, que dice: “no fue la lucha por las reformas la que preparó y promovió la revolución, sino la revolución la que abrió paso a las más profundas y verdaderas reformas” [17].
Más allá de las distintas “líneas de lectura” que se puedan hacer (para analizar y/o discutir la obra: por ejemplo una línea exclusiva dedicada al feminismo que propone el PIE, u otra dedicada a “el poder” –cuestiones estas que quedan pendientes-), con un lenguaje llano y accesible, Gioconda Belli plantea entonces una inteligente e interesante “aventura”: la de gobernar y reformar un país, y superar los obstáculos, desde una “óptica femenina”. El país de las mujeres es una novela muy recomendable para leer, imaginar y discutir (mucho).
Por Demian Paredes (autor de los blogs www.eldiablosellama.wordpress.comy www.artemuros.wordpress.com)
[1] http://www.partidoizquierdaerotica.com/
[2] Gioconda Belli, El país de las mujeres, Bs. As., Ed. Norma, 2010, p. 44.
[3] P. 72.
[4] P. 101.
[5] P. 113.
[6] P. 113.
[7] P. 30.
[8] P. 42.
[9] Escribió allí Trotsky: “Los necios reaccionarios sostienen que la revolución, sin haber llegado a destruirla del todo, está en camino de estropear la lengua rusa. De hecho, existe actualmente una enorme cantidad de términos en uso que han surgido por casualidad, muchos de ellos expresiones groseras y del todo innecesarias, otros contrarios al espíritu de nuestra lengua. Y sin embargo, estos tontos reaccionarios están tan equivocados acerca del futuro de la lengua rusa como acerca de todo el resto. En efecto, a pesar y más allá del desorden revolucionario, nuestro lenguaje se irá rejuveneciendo y fortaleciendo con una mayor flexibilidad y delicadeza” (http://www.ceip.org.ar/160307/index…). Lamentablemente esto no pudo desarrollarse, debido al aislamiento internacional de la revolución rusa y a la contrarrevolución stalinista.
[10] P. 44.
[11] Pp. 162 y 163.
[12] P. 163
[13] Le dice Emir a Viviana, en una conversación sobre el PIE: “soy un terco convencido de la idea de que hay que cambiar el mundo. Me he dado con la piedra en los dientes muchas veces, pero no me rindo. Ahora al menos de cada intento o cada fracaso logro por lo menos una tesis, un libro. ¿Ya es algo, no? –sonrió burlón-. Y mirá que he sido líder estudiantil, guerrillero, secretario político de un partido.
¡No!
Sí. Una paradoja, espíritu de contradicción quizás. Sigo enamorado del siglo XX, las revoluciones, los grandes sueños. Eran lindos esos tiempos cuando uno creía a ciegas. Ahora está muy mal visto. Mirá la literatura: el escepticismo y la ironía son la moneda de cambio de las novelas hoy en día. Los escritores latinoamericanos, que sacudieron el mundo cuando el boom, ahora quieren reírse de lo que fueron. No los culpo. La piedra en los dientes cae muy mal. Yo me resisto a esa moda del cinismo, aunque debo confesar que escéptico sí soy. A estas alturas, podría calificarme como un escéptico que constantemente anda en la búsqueda de la razón para dejar de serlo. La encuentro de vez en cuando. Es lindo lo que me contás, por ejemplo” (p. 143).
[14] P. 180.
[15] Esto dice en un reportaje: “–Si su tránsito ha sido de la euforia al desencanto, ¿puede conjurarlo con la escritura? ¿Alcanza con escribir o necesita también otro tipo de ‘compromiso’? –Mi desencanto es natural, pienso; pero no es desencanto con el país, sino con la mezquindad de su clase política. Escribir me ayuda porque me permite imaginar soluciones, posibilidades, aportar en la medida de mis posibilidades a la conversación colectiva, a la búsqueda de otras maneras de encontrar el camino que parece perdido. El compromiso sigue siendo necesario, es siempre urgente en América latina, y cada quien tiene que encontrar su manera de vivirlo en esta nueva situación, donde afortunadamente ya no sólo se requiere agarrar un fusil para comprometerse” (http://www.pagina12.com.ar/diario/s…).
[16] http://www.pagina12.com.ar/diario/s…
[17] http://andreadatri.blogspot.com/201…
Mario Vargas Llosa y Gioconda Belli son los más buscados en la Feria de Guadalajara
“El sueño del celta” y “El país de las mujeres” fueron dos de los títulos más vendidos este año en la que es considerada la segunda feria literaria más importante del mundo.
por: AFP domingo, 05 de diciembre de 2010
GUADALAJARA.- Los últimos lanzamientos del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, la periodista mexicana Carmen Aristegui y la nicaragüense Gioconda Belli estuvieron entre los títulos literarios más vendidos en la Feria del Libro de Guadalajara (FIL), que concluye este domingo.
El peruano Vargas Llosa canceló su presencia en la Feria de Guadalajara por los preparativos de la ceremonia del Nobel en Estocolmo, pero su nueva novela, “El sueño del celta” (Alfaguara), fue la más solicitada por el público, según una encuesta realizada a las principales editoriales.
Si bien los sellos no facilitan sus cifras de ventas a los organizadores de la FIL —la cita literaria más importante en español con unos 500 autores y 1.900 editoras—, los organizadores ofrecerán un balance.
Además de Vargas Llosa, el público de la FIL extrañó a la figura nacional Carlos Fuentes, que no viajó por motivos personales.
Entre los mexicanos más buscados por los asistentes destaca la periodista Carmen Aristegui, conductora de CNN y que tuvo una multitudinaria presentación de su libro “Maciel, historia de un criminal”, editado por Random House Mondadori.
Esta disección de la personalidad y los crímenes del fallecido sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y acusado de pederastia, estuvo entre los títulos más vendidos.
Quizás una de las autoras más aplaudidas en los nueve días de la FIL fue la nicaragüense Gioconda Belli, quien narró con tono amenano y divertido cómo ingenió su nueva obra, “El país de las mujeres” (Norma).
Belli sedujo a los presentes con un mundo gobernado por mujeres en el que se persigue la utopía del “felicismo”, pero también adelantó que “el machismo tiene para rato, porque es una situación muy cómoda y no la van a abandonar fácilmente”.
En literatura fantástica destacó sobre todas la novela “Oscura” (Alfaguara) del cineasta Guillermo del Toro, oriundo de Guadalajara y que dejó fascinados a sus seguidores en sus intervenciones en esta FIL.
También sobresalieron “La hora del ángel” (Ediciones B) de la estadounindese Anne Rice; “Ghostgirl: el regreso” (Alfaguara) de la norteamericana Tonya Hurley, y “La puerta oscura: Requiem” (Ediciones SM) del español David Lozano.
Según estimaciones preliminares, unas 600.000 personas estuvieron presentes en la FIL, considerada la segunda feria literaria más destacada del mundo por detrás de la de Frankfurt.
@La_Segunda
Las generosas proporciones de Gioconda Belli conquistan admiradores silenciosos en el lobby del hotel. Los ojos tildados de ese puñado de hombres no pueden evitar –ni se esfuerzan por disimular– el efecto hipnótico que genera ese físico voluptuoso. Tal vez no sepan que esa mujer de pelo volcánico y boca sensual espantó a la sociedad nicaragüense de los años ’70, que la acusó de celebrar en exceso los misterios del cuerpo, el sexo, el erotismo y el goce íntimo, cuando se atrevió a hablar de “vientres y humedades” en sus primeros poemas. Quizá tampoco sepan que fue guerrillera en tiempos en que había que luchar contra la dictadura de Anastasio Somoza; que fue madre y tuvo a tres de sus cuatro hijos en medio de la revolución sandinista, de la que fue una de las máximas protagonistas. La escritora pide una botella de vino tinto y responde un imperioso mensaje de texto que le llega desde Lima, Perú. No importa que recién sean las 6 de la tarde. Necesita un poco de alcohol para transitar el final de una gira que la tiene viajando por toda América latina con El país de las mujeres (editada por Norma y ganadora del Premio La Otra Orilla 2010), novela en la que postula, con alta dosis de humor, cómo sería llevar a la práctica un gobierno sin varones en un país imaginario, Faguas, al que recurrió para explorar la realidad a la que se enfrentan las mujeres, tanto en Latinoamérica como en otras regiones del mundo. “Me quieren poner una entrevista muy temprano; pero a las 7 de la mañana no sé quién soy”, se excusa Belli.
“Prometemos limpiar este país, barrerlo, lampacearlo, sacudirlo y lavarle el lodo hasta que brille en todo su esplendor. Prometemos dejarlo reluciente y oloroso a ropa planchada”, se lee en el Manifiesto del Partido de la Izquierda Erótica (PIE), movimiento quizá más libertario que feminista, cuyo llamativo emblema está representado por dos pies con las uñas pintadas de rojo. La protagonista de El país de las mujeres, Viviana Sansón, ha sido elegida presidenta apoyada por el PIE, un partido que existió en Nicaragua y que ahora Belli está impulsando a través de una página web:www.partidoizquierdaerotica.com. “Las eróticas”, como las llaman peyorativamente a la presidenta y al grupo de mujeres que la acompañan, deciden tomar una medida “revolucionaria” en Faguas, espacio imaginario que aparece en la primera novela de Belli, La mujer habitada: envían a todos los funcionarios hombres del gobierno a sus casas por seis meses para que se entrenen en las tareas del hogar. La presidenta quiere revertir la idiosincrasia de ese país que tiene la mentalidad de “una mujer dependiente y abusada”. En pocos meses la presidenta trastrueca las costumbres y convierte al Estado en un ejecutor de políticas que algunos consideran “disparatadas”, como que el agua llegue gratis a los barrios, para que se mantengan limpios; la inauguración de la carrera de Maternidad en la universidad y en escuelas secundarias (para hombres y mujeres); la alfabetización obligatoria para las mujeres analfabetas del campo y la ciudad; y los talleres de “respeto y poder” para las parejas víctimas de la violencia doméstica, entre otras medidas.
–Más allá de la historia que se cuenta en la novela, ¿cómo cree que se puede revertir esa mentalidad de dependencia y abuso en países latinoamericanos que han tenido, para colmo de males, tantas dictaduras?
–Mire, los gobiernos autoritarios en general son paternalistas para mantenerse en el poder. El paternalismo lo viví en Nicaragua y se sigue reproduciendo; es muy negativo para la formación política de los pueblos: genera dependencia y abusos. Creo que se revierte rompiendo ese círculo de dependencia para recuperar el sentido de tener el poder para cambiar las mentes. El sistema te obliga siempre a estar dividiéndote, a escindirte como persona, a vender tu libertad por comida, a vender tu dignidad para avanzar políticamente. Lo que se está planteando en El país de las mujeres es un gobierno que no solamente atienda la dignidad de las personas, sino que atienda una concepción más integral, donde la gente no se tenga que estar partiendo en dos, donde la vida no tenga que estar separada entre lo privado y lo público, sino que el ejercicio del poder tenga otra característica; que no sea un ejercicio de dominación, sino un ejercicio de “cuido”, de alimentación del alma, que consiste en brindar felicidad a la gente, incorporándola plenamente en la solución de sus propios problemas.
–Para solucionar problemas como la dominación, ¿es necesario tomar medidas extremas, que incluso pueden resultar “antipáticas” o “autoritarias”, como la de enviar a los hombres durante seis meses al hogar?
–Bueno, depende. En algunos casos es necesario ejercer el poder de otra manera. En la novela, la medida no es tan drástica en cuanto a las consecuencias que va a tener sobre la gente, porque no es que los están mandando a un campo de concentración ni nada por el estilo. Están mandando a los hombres a sus casas y con un salario. No podemos gobernar si no tenemos el aire, el espacio, si no tenemos realmente la posibilidad de decidir qué es lo que vamos a hacer sin la interferencia, la crítica, el cuestionamiento constante de los hombres. Hay estudios que demuestran que después de los diez años, en las clases donde hay niños y niños, las niñas empiezan a inhibirse; este estudio se hizo en el marco de una discusión sobre si eran más convenientes los colegios de un solo sexo. Aunque no siempre se justifica tomar una medida extrema, en el caso de la novela me parece que tiene su razón de ser. Pero muy rara vez en la vida se justifican estas medidas.
El paladar exigente de la escritora no perdona. El gesto de Belli se torna drástico, inapelable. Después de probar un sorbo del vino que le acaban de servir, frunce la cara como si le hubieran dado un jarabe para la tos. “Es malo”, se queja enérgica y pide otro suavizando el tono. “Durante la Revolución –recuerda–, en Nicaragua festejamos el Día Internacional de la Mujer, que consistía en que los hombres hicieran todas las tareas domésticas. En los hospitales estaban los hombres limpiando y cocinando; las mujeres no hacían nada. Y era divertido porque ellos se reían todo el rato, ¿no?, como que era una cosa que estaba por debajo de ellos hacer esas tareas. Pero no se trata de cambiar los roles; lo que se plantea en la novela es que los roles no sean asignados por géneros, como la maternidad. Si bien es cierto que la mujer concibe al niño, la crianza y el amor es de los dos. La sociedad necesita de la participación de la mujer en el trabajo, en la política, y para eso se necesita cambiar la organización de la vida cotidiana.”
–En la novela, el testimonio de Patricia, la joven abusada y vendida por su tío, recuerda al de Zoilamérica Narváez, que fue violada por el actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. La inclusión de este “testimonio” en la novela, ¿puede leerse como un acto de justicia literaria ante la falta de justicia real?
–Es un deseo de justicia para muchos casos, no sólo ése. Pero que no se hiciera justicia con Zoilamérica y que el abusador llegara a la presidencia de Nicaragua da una medida del nivel de machismo y lo “común” que resulta ese tipo de suceso, de tal manera que no es considerado atroz. La inclusión de ese testimonio es un juicio a este tipo de comportamiento, así que sí hay “justicia literaria”; igualito que en la novela mi planteo sobre el castigo a los violadores de exhibirlos públicamente y avergonzarlos; de hacerles un tatuaje en la frente para que padezcan el escarnio público. Sé que es muy dura la imagen, pero las mujeres que sufren ese tipo de abuso sienten una vergüenza terrible; es un atropello tan grande a su dignidad, a su sentido de privacidad, a su propio cuerpo, que lo que les hacen a los hombres es muy poco comparado con lo que le pasa a una mujer.
–¿Cree que Ortega debería haber renunciado a la presidencia?
–El no era presidente entonces, recién había lanzando su candidatura; después hubo una campaña para culpabilizar a Zoilamérica y lo más terrible fue que su madre estaba en contra de ella. Se dijo que fue un ardid político para dañar la imagen de Daniel Ortega…
La sola mención del nombre y apellido del actual presidente de Nicaragua consigue hacer tambalear el aplomo con el que habla la escritora. Pero el vino llega a tiempo para eclipsar la decepción y el disgusto que le genera Ortega. En la novela, el Partido de la Izquierda Erótica propone un sistema diferente llamado el “felicismo”. “La felicidad per cápita y no el crecimiento del Producto Interno Bruto como eje del desarrollo”, se explica en una de las páginas. “Medir la prosperidad no en plata sino en cuánto más tiempo, cuánto más cómoda, segura y feliz vive la gente”.
–¿El “felicismo” que proponen “Las eróticas” es un rescate de la utopía por otros medios?
–Todo es posible cuando hay voluntad, energía y dinamismo. No estoy pensando solamente en Nicaragua; me parece que esta novela plantea una ilusión, un reto: qué nos ha pasado que nos hemos quedado estancados en la imaginación, como si ya no existiera más posibilidad que el socialismo, el capitalismo o el comunismo. ¿Qué pasó? ¿Ya dejamos de pensar en Marx, en Lenin, en los utopistas? ¿Ya la humanidad no tiene más que producir? Estoy convencida de que la mujer tiene unas calidades bien importantes para este momento histórico de la humanidad por su propia experiencia, y que es urgente que nos movilicemos para lograr incluir más dentro de la sociedad. Las propuestas que hay en mi novela son factibles: pedir guarderías infantiles, que se estudie la maternidad como una asignatura en los colegios y que se reformen los sistemas educativos, es algo de lo que se ha hablado mucho; son cuestiones que están siempre sobre la mesa. ¿Por qué no pensar en el perfeccionamiento de la democracia? Yo quiero desafiar la imaginación (risas).
–En este sentido, la novela parece más cercana al imaginario del Mayo Francés que a la militancia latinoamericana de los ’70.
–Sí, es cierto, pero eso viene del deseo de cambiar gozosamente; quizá se perciba más porque en la novela hay mucho humor, algo que nos ha faltado en la izquierda. A pesar de que me cae más simpática, la izquierda es tan seria, tan solemne y tan dogmática…
–¿Por qué cree que le falta humor a la izquierda?
–La gente oprimida tiende a tener menos sentido del humor, creo. La mentalidad de lucha clandestina, de persecución, de sacrificio, impedía que el humor surgiera. Es como cuando pensás en la victimización que existe en las mujeres: una puede criticarlas, pero tienen asidero en la realidad, como lo que hacen los talibán. Que sigamos tolerando estas cosas es lo que considero intolerable y me parece que tenemos que movilizarnos para que esto no siga sucediendo; por eso estoy proponiendo que hagamos un partido global, como el Partido de la Izquierda Erótica, a través de una página web que se llama www.partidoizquierdaerotica.com, un lugar sin jerarquía donde simplemente nos alimentamos de ideas, nos apoyamos y nos damos ánimo.
–¿Se postularía como candidata a presidenta de Nicaragua?
–No, porque no hay posibilidades por el momento. No necesito ese tipo de poder, porque el poder de la palabra es el que yo manejo, y cada quien tiene el poder que tiene. Hay mucha gente capaz en Nicaragua; pero lo que realmente quiero es agitar la cosa, ser una provocadora, como siempre en mi vida (risas). Eso es lo que he hecho mejor: provocar.
–¿Encuentra en las nuevas tecnologías un nuevo modo de hacer política?
–Hay un nuevo horizonte que se abre para la política con las nuevas tecnologías, que rompen barreras y son muy democráticas para los que tienen acceso a ella. Estamos avanzando tan rápido que la idea de votar electrónicamente, no solamente en las elecciones nacionales sino a través de la participación en el Parlamento, es posible. Todo depende de la voluntad política de quienes quieran empezar a trabajar en esa dirección, para crear un sistema participativo en el que puedan tener acceso los ciudadanos. Las posibilidades que te da la tecnología son muchas; lo que falta es que la aprovechemos para organizarnos. La gente todavía tiene el esquema mental jerárquico, que es patriarcal, y las mujeres podemos generar un esquema diferente, un esquema horizontal.
–Las mujeres que integran el PIE son llamadas peyorativamente “las eróticas”, como si el erotismo fuera objeto de vergüenza. ¿Cómo explica este pudor de los hombres hacia el erotismo?</p>
–Me alegro de que diga eso. Creo que los hombres piensan que nosotras somos más pudorosas (risas). Durante mucho tiempo funcionó el pudor, la decencia y la espiritualidad; la figura que se opuso a Eva fue la Virgen santísima; la virginidad como paradigma de la decencia, como paradigma de una mujer pura, limpia y buena. El erotismo era todo lo contrario: la mujer seductora, la pecadora. Para vencer el temor que inspira el poder sexual de las mujeres, lo que hicieron los hombres fue objetivizar la sexualidad de la mujer y vulgarizar el erotismo; pero las mujeres hemos tratado de liberar al erotismo de esa tara.
Gioconda Belli alza la copa de vino y se despide. “La gran amenaza, el gran recurso que tenemos las mujeres, es hacer lo que hizo Lisístrata: no hacer el amor con los hombres, quitarles el placer, como una manera de forzarlos a acceder a cosas en las que no están de acuerdo”, subraya medio en broma, medio en serio. “Unanse al PIE para que no sigamos metiendo la pata”, invita a las mujeres del mundo. “¡Matria libre y a vivir felices!”
Jueves, 4 de febrero de 2010
LITERATURA › ENTREVISTA A LA ESCRITORA NICARAGüENSE GIOCONDA BELLI
“La revolución fue un hecho erótico, dador de vida”
La escritora, ex militante del sandinismo, publicó Escándalo de miel, una desafiante antología poética que define como “un mapa de lo que ha significado para mí ser mujer, amar, luchar, creer y descreer, esperar y desesperar”.
En Los Angeles llueve a cántaros. Con esa necesidad de arrasar y lacerar todo lo que toca, el sonido de las gotas es terco e hiriente. En ese mundo acuático en el que se convierte la ciudad, un relámpago lejano astilla el cielo. El paisaje se desintegra ante los ojos de la escritora nicaragüense Gioconda Belli, como si anticipara la despedida. La tormenta también se desata en su alma ahora que está empacando casa, libros y objetos varios para volver de manera permanente a Nicaragua, el país bajo su piel, volcánico, sísmico, rebelde. Mientras se acomoda a la situación de la mudanza, escribe una novela que ha dado vueltas por su cabeza durante años y que “por fin –cuenta con ese tono fraterno, amoroso– se materializó lo suficiente como para querer salir a correntadas”.
Lejos de chapotear con la nostalgia, Belli acaba de publicar el bello y desafiante Escándalo de miel (Seix Barral), su antología poética personal, que incluye un CD en el que lee varios de sus mejores poemas con una vibración intermitente de gracia y seducción. Cuando el rayo de la poesía la atravesó en 1970 y escribió versos como “el hombre que me ame reconocerá mi rostro en la trinchera/rodilla en tierra me amará mientras los dos disparamos juntos/contra el enemigo”, o “hasta que entres en mí/con la fuerza de la marea y me invadas con tu ir y venir/ de mar furioso/ y quedemos los dos tendidos y sudados/ desnudos en la arena de las sábanas”, la sociedad nicaragüense de entonces, horrorizada porque una mujer se atrevía a hablar de “vientres y humedades”, la acusaba de celebrar en exceso los misterios del cuerpo, el sexo y el erotismo, el goce íntimo.
También por esos años ’70 un arañazo en la conciencia, la dictadura de Somoza, la llevó a involucrarse, al principio como colaboradora clandestina, con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Perseguida por los servicios de Inteligencia, se exilió en México, Costa Rica y Cuba. Regresó a su país con el triunfo de la Revolución Sandinista, en julio del ’79. Empezaría, entonces, una etapa de gestión en importantes cargos políticos hasta que en 1994, cuatro años después de la derrota electoral, se alejó del FSLN. En un poema de tono zumbón en el que declara que “no tiene las piernas de la Cindy Crawford”, admite que su cara, por costumbre, ha terminado por gustarle; que su boca es respetable, “después de todo sensual”, y que el conjunto se salva con la ayuda de ese pelo frondoso. Habría que agregar que preserva una chispa de jovencita indomable en sus ojos, siempre expectantes y atentos a la respiración del mundo. “Si El país bajo mi piel, que publiqué en 2001, es un libro de memorias, esta antología, mi Escándalo de miel –lindo el título, ¿no?, me saltó de pronto mientras releía a Vallejo–, es como otra versión de mis memorias, sólo que aquí lo que habla no son los hechos externos, sino la geografía interna; es un libro como un mapa: un mapa de lo que ha significado para mí ser mujer, amar, luchar, creer y descreer, esperar y desesperar. Todo eso dicho a través de la poesía, a través de los poemas míos que más me gustan, donde pienso que logré expresarme mejor”, dice Belli a Página/12. “Me encantó la posibilidad de leer la poesía, de compartir esa oralidad que es una tradición en la poesía nicaragüense, porque en Nicaragua aprendemos a leer poesía en voz alta; por eso incluí el CD en el libro, para permitir que los lectores escuchen el énfasis, el sentimiento con que yo escribí esos poemas. Hay que escuchar el CD para ‘relamer’ la poesía que está en el libro”, invita la poeta.
–¿De qué manera fue “evolucionado” el tiempo de la escritura poética? Se puede pensar que una novela le demanda “mayor” tiempo y esfuerzo, y sin embargo, da la impresión de que usted deja los versos en reposo y vuelve sobre ellos hasta que quedan plenamente esculpidos.
–Mirá, la novela se construye sobre una realidad exterior. Algo sucede. Se cuenta una historia. Uno tiene que ser malabarista y mantener todo ese mundo en la mente, los paisajes, los personajes. La poesía, en cambio, es una mirada al paisaje interior y tiene que dejarse ser. Yo dejo que el sentimiento salga a flote y después trato de eliminar todo aquello que no ayuda a que el poema quede redondo, a que viva como una célula dentro de su propia membrana. Lo difícil es lograr que, en el proceso, la espontaneidad no se pierda. Y a veces eso implica que hay que dejar que el poema sea. Yo soy poeta, no académica. Y lo que me interesa no es la perfección, sino la poesía. Por eso no sobretrabajo los poemas y creo que por eso son poemas accesibles, que cualquiera puede entender y gozar.
Esos poemas “escandalosos” se presentan en la antología agrupados en tres secciones: “Eros”, “Hembrosía” y “Polis”. “Siempre las divisiones son un poco arbitrarias, sobre todo cuando se trata de poesía –aclara la escritora–. Pero quise que el libro reflejara mi propio proceso: el eros como detonante del conocimiento; luego la hembrosía, como la toma de conciencia de ser mujer y desde esa conciencia y esa afirmación, la conciencia colectiva, universal, eso de sentirme ser social, habitante de un mundo injusto donde hay muchas luchas que dar. Pienso que uno tiene la obligación de saber quién es en el mundo, para desde allí tomar la responsabilidad de estar en el mundo. Uno tiene que luchar por valorarse, por sentirse plena de ser lo que es. No se puede construir la felicidad de los demás si uno no es feliz. Por eso el libro va recorriendo todas esas fases, desde el amor hasta el nacimiento de mis hijos, desde el exilio hasta el triunfo de la revolución, pasando por todas las reflexiones que ha significado vivir en el tiempo, sentir que el tiempo nos cambia y que, a veces también, nos amenaza, porque al final sabemos que se nos va a terminar.”
–En una entrevista dijo que se hizo famosa, entre comillas, cuando a los veinte años escribió una poesía erótica, sensual, que causó un enorme escándalo. ¿A qué se le teme cuando una mujer escribe, por ejemplo, “el Big Bang fue el orgasmo primigenio” o “hasta que mi sexo explotó como granada”, por mencionar algunos versos?
–Es casi increíble que, a estas alturas, todavía siga siendo noticia que una mujer escriba poesía erótica. Las cartas a Nora Barnacle de James Joyce son no sólo eróticas, sino pornográficas, escatológicas, pero nadie le ensarta a él un rotulito por eso. Yo, en cambio, ando con mi rotulito a cuestas. No me importa. A mucha honra lo cargo porque además creo que el erotismo femenino es integrador, no separa el alma del cuerpo, y creo además que es el eje del poder de la mujer, el núcleo creador de vida. La sexualidad, la sensualidad son hermosísimas y las mujeres las vivimos desde un cuerpo que constantemente nos recuerda que somos seres físicos, no sólo espirituales. Y eso se nos ha tratado de negar. Se nos ha tratado de culpabilizar por nuestra belleza, por nuestro erotismo. Nosotras somos el Big Bang humano y por eso, como a la bomba atómica, nos temen y nos tratan de mantener sojuzgadas. Pero el eros femenino es esencial para la vida. Yo espero que algún día la humanidad descubra que las mujeres podemos iluminar el mundo con esa energía atómica que tenemos, porque la vamos a usar bien; pero se han pasado tanto tiempo temiéndonos y reprimiéndonos que hasta nosotras mismas a menudo nos tragamos esa historia de que nuestra sexualidad es peligrosa. Y nos queremos “pasar en limpio”, negar lo que somos. En mi poesía yo celebro el cuerpo femenino, todo el placer, el dolor y la maravilla de lo que es capaz.
–Parafraseando unos versos suyos, ¿aún le siguen diciendo “cállate, no hables más de vientres y humedades… ya pronto tendrás nietos”?
–No. Ya nadie me dice eso (risas). Creo que ahora esperan de mí que hable, lo cual demuestra que aún los prejuicios más enraizados, sobre todo cuando están enraizados en mojigaterías y falsos remilgos, pueden cambiar. Hay un efecto liberador, me parece, cuando uno es capaz de iluminar con belleza lo que tan frecuentemente se vela con cursilería o se ensucia con vulgaridad. Contra quienes nos quieren hacer sentirnos culpables, yo opongo otra visión: la visión de la mujer que sabe que ser mujer es un privilegio, no una desventaja. Eso es lo que quiere celebrar este libro. Hombres y mujeres necesitamos vernos sin miedo, disfrutando la diferencia.
–Casi al mismo tiempo que empezó a escribir poesía, se integró al Frente Sandinista. ¿Cómo se alimentaron estas experiencias? ¿Qué entregaba o aportaba la poeta a la militancia, y de qué modo la lucha política se metía en los versos?
–La lucha contra la dictadura somocista fue heroica, épica. La revolución fue un hecho erótico, dador de vida. Para mí Nicaragua ha sido un amor pasional y mi país me habla con volcanes, me abraza con árboles, me riega con aguaceros. Escribirle poesía a mi país, a mi gente, a la valentía y el genio con que se luchó y se sigue luchando, me sale de lo más profundo. Creo que tiene que ver con esa necesidad de integrar. No sé por qué tenemos esa manía de separar el alma del cuerpo, el amor del hombre del amor a la patria, la vida de la política. Vivir es para mí poder experimentar eso como un todo.
–¿Qué es Nicaragua para usted? ¿Le sigue doliendo tanto su país, como dice en uno de los poemas?
–Ay, qué puedo decirte. Nicaragua es mi hombre con nombre de mujer; es el país bajo mi piel, es mi íntima multitud… me he pasado queriendo decir lo que es en tantos poemas y prosas… es como mi centro. Cuando voy volando hacia Nicaragua y desde la ventanilla del avión reconozco el paisaje, siento que el alma me vuelve al cuerpo. Claro que me duele; me duele lo poco que hemos avanzado tras tanto esfuerzo. Me duele que sea, como dice una amiga, el país de Sísifo, ese que castigaron los dioses haciendo que empujara una roca hacia la cima de una montaña sólo para que al llegar a la meta, la roca rodara montaña abajo y hubiera que volver a empezar de nuevo. Me duele la pobreza material de una gente que, por otro lado, humanamente, es tan inmensamente rica. Por eso también me consuela Nicaragua, porque, a pesar de todo, es un país nutritivo, lleno de risa, de ganas de vivir.
–Si su tránsito ha sido de la euforia al desencanto, ¿puede conjurarlo con la escritura? ¿Alcanza con escribir o necesita también otro tipo de “compromiso”?
–Mi desencanto es natural, pienso; pero no es desencanto con el país, sino con la mezquindad de su clase política. Escribir me ayuda porque me permite imaginar soluciones, posibilidades, aportar en la medida de mis posibilidades a la conversación colectiva, a la búsqueda de otras maneras de encontrar el camino que parece perdido. El compromiso sigue siendo necesario, es siempre urgente en América latina, y cada quien tiene que encontrar su manera de vivirlo en esta nueva situación, donde afortunadamente ya no sólo se requiere agarrar un fusil para comprometerse.
–A propósito de un verso-pregunta del poema “Del verbo estar”: “¿Es que acaso la sabiduría del tiempo consiste en ver el revés de la luz?”, ¿qué ve hoy Gioconda Belli en el revés de su poesía?
–Me refería a que con el tiempo uno aprende a ver no sólo el deslumbre de la idea de la utopía, sino a entender lo difícil que es mantener la consecuencia en la vida cotidiana. Uno aprende a entender que el bien y el mal conviven dentro de nosotros mismos. Lo que pasa ahora en mi poesía es que no tengo miedo a enfrentar ese lado oscuro que es inherente a la especie a la que pertenecemos. No tengo miedo ya de nombrar lo terrible tanto de la izquierda como de la derecha, porque pensar bien no siempre conduce a actuar bien y en nombre de la revolución y los ideales más hermosos también se han cometido atrocidades e injusticias.
–¿Por qué hacia el final del libro parece ganar el escepticismo en el poema “Plagas en el siglo XXI”, en el que plantea que ya nada da asco, que el asco es un valor obsoleto, que “ya no hay quien ande como Sócrates haciendo preguntas impertinentes en el mercado”?
–Bueno, porque es triste reconocer esa suerte de corteza que se va creando en la conciencia a partir de la indiferencia. Eso que dije no surgió del escepticismo sino de un momento de profunda tristeza al ver situaciones como la de Irak, por ejemplo. Tanta gente ha muerto allí pero uno sigue su vida como si nada. Hay esas situaciones, pero también hay otras como esta respuesta ante el terremoto de Haití, donde la gente se ha volcado para solidarizarse, para dar dinero, ayuda. Como poeta yo reacciono ante estas desgracias, a veces desconcertada, a veces con esperanza.
–Es curioso que en ese poema se diga que quizá ya no valga la pena preguntarse, cuando en esa zona de su poesía, en “Polis”, abundan los poemas con preguntas…
–A veces me miento a mí misma (risas). Claro que vale la pena hacer preguntas… Mi poesía se pregunta muchas cosas porque intenta dialogar con el lector, involucrarlo.
–En el título de esta antología poética personal hay un tributo a César Vallejo. ¿Qué significó esa poesía en su vida? ¿Con qué otros poetas dialoga en este libro?
–Vallejo es un poeta difícil. No todo lo suyo me afecta de la misma manera. Tiene poemas muy oscuros, casi impenetrables; pero otros son como relámpagos; uno los lee y se le ilumina el cielo. No te hago la lista de todos los poetas con que dialogo porque no nos alcanzarían las páginas del diario (risas).
Permalink:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-16848-2010-02-04.html
Recent Comments