Belli’s Blog

An evening with Orhan Pamuk

November 6th, 2009

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I wish I could have spent an entire evening with Orhan Pamuk! He is magnificent! But I did go to a presentation at the Aratani Theater last night in Los Angeles to hear him talk about his latest novel, The Museum of Innocence. I hate to namedrop but I must say I met Orhan briefly in Venice this summer while I was having coffee with Salman Rushdie. As it tends to happen when one meets a writer one admires, there was not much that I thought of saying after we were introduced, especially because at that point we were all standing and I was about to say good bye to Salman. Last night, while I looked up at the lectern where Pamuk stood reading, I was mad at myself for having allowed such an opportunity to pass, but anyhow, I won’t next time.
Orhan is a good looking man in a sort of elegant, intellectual way. He was dressed in a well cut suit and I was impressed by the way his soul seems to fit so well into his body. You know how some people’s souls end up in lesser bodies or bodies that do not match the lightness of being of their souls? That is not Pamuk’s case. Even his hands seem to have been designed to accompany his gestures. He began reading fragments from his novel, after a short introduction of its theme: LOVE. Love in its many manifestations. The first of these that he chose to read was pain, and the description he read was quite funny and poignant…nothing sentimental: it was more like a description of acid reflux or heartburn of the stomach. Anyone who has been in love can attest that this is true. Love and the stomach are intricately connected, it seems.
Pamuk speaks English with a very strong accent. I, who get so self-conscious about my accent, thanks in part to my husband’s unforgiving remarks about my public speaking missteps, realized how little a thick accent matters if what is being said is worth the effort of our concentration. Orhan read for about half an hour, interjecting vivacious or downright funny comments throughout. Then, he took a seat next to the interviewer designated for the evening, a young Iranian professor who teaches at Riverside, and who was very anxious to demonstrate he was no less smart than the writer.
It was during this period that Pamuk’s personality, wit, and assertiveness engaged and charmed the entire audience. I have rarely seen a writer who seemed as comfortable saying exactly what he thought. One could tell he was not trying to please anybody but simply being himself, which was very refreshing. Irony is a weapon he handles well but it is a kind of irony that is not mean or showoff, but exact, sharp and used in a wise and self-deprecatory way. He kept diffusing the prim Iranian professor’s attempts to bring out his erudition and involve him in an academic type of discussion. He stuck to his clear notion that being a writer does not make one neither a sage, nor a judge of people, but rather a compassionate observer of human nature.
Without any qualms, he answered questions from the public in a straightforward manner, dismissing the temptation to respond to those that attempted to place him as a political arbiter. He got obviously impatient with the notion that he could separate fact from fiction in his novels or that he could represent the “oppressed” as a statesman would pretend to do.
It was quite fantastic to watch, a sort of lesson on how to be fearlessly coherent and have the public persona and the verbal manifestation agree with what one writes.

Read more about Pamuk at: http://www.latimes.com/entertainment/news/arts/la-et-rutten21-2009oct21,0,5083231.story

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UNA MUJER OTRA VEZ

October 29th, 2009

Al centro Vilma Nuñez en una demostración frente a la Asamblea Nacional

Al centro Vilma Nuñez en una demostración frente a la Asamblea Nacional

Nicaragua necesita una madre otra vez, una mujer que la salve y la acune; que la esconda de las manos que quieren desnudarla, lastimarla y dejarla como un harapo en medio del viento y la oscuridad.

Es interesante observar el movimiento de los astros de nuestra política; están hechos de anti-materia, no son estrellas sino meteoritos sin rumbo vagando por el espacio, amenazando cuanta vida y rectitud hay en el universo. De lado a lado del horizonte, no se avista luz sino sombras. No hay quien enarbole el grito, ni la bandera de manera convincente; no hay quien merezca la aprobación, el cuerpo de la gente. Por eso, aunque cunda la insatisfacción, la desesperanza y el miedo ante los últimos acontecimientos, nadie se atreve. ¿Quién, tras todo lo que hemos visto, va a salir a arriesgarse por un Alemán, por un Montealegre? La oposición debe unirse, no hay duda, y en esa unión habrá gente turbia porque ni modo, porque sólo con gente digna y buena no se hace la unidad en un país cuya clase política está por todos lados llena de pústulas y de secretos grises y amarres sospechosos. Pero recuerdo una vez alguien que me dijo una cosa sabia, cuando en tiempos de la lucha contra Somoza protesté, ingenuamente quizás, contra las alianzas y los reclutas de dudosa calaña: ¿cómo podíamos, dije, dejar que gente así ingresara a las filas del sandinismo? Y aquel compañero me dijo, en palabras un poco más crudas que éstas, algo así como sí compañera, son gente dudosa, pero aún con esos dudosos, vamos a hacer la revolución.

Y yo pienso que esa unidad que vemos necesaria para cambiar el rumbo de la historia no se hará necesariamente sólo con gente impecable. Participarán quienes apuesten por un rumbo más abierto que éste que nos han señalado y el camino será abrupto y difícil, pero sí pienso que debe haber, al frente y como líder de ese heterogéneo grupo, alguien que signifique honradez, coherencia, seriedad; alguien que dé la cara y que logre darle al pueblo un punto de apoyo, una referencia transparente y limpia, y esa persona, propongo yo desde este espacio, debe ser capaz de equilibrio y firmeza, y tener los años que la soporten y la sabiduría de esos años. Y entonces pienso en una persona, en una mujer que ha sido indoblegable, honesta, luchadora de años y esa mujer se llama Vilma Núñez, una mujer que se ha destacado desde su juventud en las luchas estudiantiles, en los ochenta como magistrada de la Corte Suprema y como defensora de los derechos humanos más recientemente. Una mujer respetuosa del derecho ajeno y una mujer que sabe y conoce el sufrimiento del pueblo.

¿Por qué no hacer la unidad alrededor de una persona como ella? ¿Por qué la oposición no deja ya de pujar dentro de sí para que hombres como Alemán, Montealegre y otros en los que el pueblo no confía plenamente, se opongan a Ortega? ¿Por qué no cohesionarse alrededor de esta mujer que está fuera de todas esas intrigas y maniobras y luchas intestinas?

Ya vimos cómo una mujer logró, en términos políticos, más que muchos hombres en la historia reciente de nuestro país. El pueblo sabio confía en la rectitud de mujeres con fuerza y corazón. Es cuestión de poner a un lado las ambiciones personales y poner delante el bien de Nicaragua.

Una idea nada más, para que la piensen los que andan perdidos en el espacio, creyendo que a punta de comunicados y repudios se desmantelará la telaraña en la que quieren atraparnos.

Octubre 27, 2009

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Repercusiones del Blog ¿Ovejas Todos?

October 22nd, 2009

Todo el día he estado recibiendo reproducciones de distintos medios que citan el artículo-blog que publiqué el 20 de Octubre en El Nuevo Diario y que hoy fue reproducido en la sección editorial.

Aquí dejo algunos links.

http://www.elpais.cr/articulos.php?id=15160

http://www.laverdad.com/detavance.php?CodAvance=30689

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¿OVEJAS TODOS?

October 20th, 2009

por Gioconda Belli

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Como dice el dicho: “No es lo mismo verla venir que platicar con ella”. Era obvio que la cúpula del Orteguismo estaba calculando las opciones a las que podrían recurrir para lograr superar los obstáculos que inhibían la reelección de Daniel Ortega. La manera en que se sacaron la solución de la manga, sin embargo, fue tan fulminante y tan absolutamente indiferente al precedente que sienta, que uno no puede menos que recordar esa entrevista de Tomás Borge, donde dijo que a ellos no les importaba pagar cualquier precio con tal de mantenerse en el poder. Claro que el problema de fondo no es el precio que pagan ellos, sino el que nos toca pagar a todos los nicaragüenses.
La acción perpetrada por los magistrados danielistas el Viernes, a las 5 de la tarde, es a mi juicio, la culminación del proceso de desmantelamiento del estado y sus poderes. Se ha cercenado de un plumazo el papel moderador y mediador de las instituciones esenciales para el ejercicio de la democracia. Para todo propósito práctico, el estado ha quedado reducido a un instrumento del Presidente, que es quien ordena y manda en todas sus instancias. Que algo tan fundamental como la restitución de la reelección presidencial se pueda lograr con una orden de Ortega a los magistrados, significa que éste bien puede decir, como Luis XIV: “El estado soy yo”. Aunque vale decir que Daniel se le fue arriba a Luis XIV porque este nuevo monarca criollo nuestro, no sólo piensa que es el estado; también considera que es el pueblo y es de allí de donde saca la justificación que le permite pensar que todo cuanto hace es justo y necesario.
Precisamente allí radica el daño y el precedente nefasto que nos está legando en su afán por imponer su visión de país. Y es que un sistema que depende absolutamente del arbitrio de un gobernante y que carece de los mecanismos para contrarrestar los errores o desviaciones en que suele caer quien ostenta un poder sin límites, deja de lado los derechos de todos los ciudadanos y los convierte en resignado y obediente rebaño. Habrá ovejas dóciles y ovejas negras; unas comerán pasto y gozarán de sombra y las otras quedarán agrupadas en el corral de “los malos”; pero al final, obedientes y rebeldes serán reducidas al papel de rebaño.
Así estamos entonces. Cuélguese cada quién su campanita y salude el advenimiento del total absolutismo. Lloremos como cobardes, lo que no hemos sabido defender como valientes.
Octubre 20, 2009

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KAIROS, el dios del instante efímero

October 19th, 2009

¿Qué pasaría si adoptáramos la concepción griega de los dioses? Me parece tan sana y sobre todo tan útil para saciar la imaginación humana, necesitada de héroes o monstruos. Los griegos imaginaron a los dioses en un mundo aparte del nuestro situado en el Monte Olimpo, en el que vivían una existencia que, no por ser ellos inmortales, carecía de riesgos. El mismo Zeus era vulnerable a las travesuras o conjuros de su celosa esposa Hera y cualquiera de ellos podía sufrir, igual que los seres humanos, por sentimientos bien conocidos como los celos, la soledad, el narcisismo, la furia o la envidia. Los dioses griegos eran también susceptibles a los encantos humanos y el juicio que tenían sobre las acciones de los hombres no era un juicio basado en un estricto y rígido código moral, sino en la superior comprensión de la naturaleza humana. Por lo mismo, ese juicio y sus consecuencias, igual podía ser magnánimo que terrible. Los griegos no esperaban que sus dioses impartieran justicia o les proveyeran de las claves que les enseñaran a vivir. Se sabían solos en la Tierra. Sabían que no podían esperar que los dioses dejaran de vivir sus aventuras o enredos para atenderlos a ellos y por tanto se ocuparon ellos mismos de indagar cómo funcionaba el cielo, la tierra y cuál sería la manera de vivir que más felicidad y satisfacción podría traerles. Qué era la virtud y cómo vivir una vida virtuosa fue una de sus preocupaciones, ésa que les llevó a descubrir la necesidad de saber y conocerse a sí mismos, esa búsqueda que llamaron “filosofía” o sea, amor por la sabiduría.
Los griegos eran religiosos. Creían en mantener tranquilos y satisfechos a sus dioses. Los celebraban y aplacaban con templos y ritos, pero no los hacían responsables o jueces ni de su comportamiento personal, ni de sus guerras, ni de su política. Su concepción de la divinidad –ellos en los suyo, nosotros en lo nuestro- los hizo supremamente libres de espíritu, les permitió pensar sin límites y los llevó a desarrollar una cultura cuya influencia pervive hasta nuestros días, no sólo por su lucidez intelectual, sino por la belleza de sus creaciones.
La mitología griega fue y sigue siendo una de las más ricas del mundo. De ella extraigo hoy a un dios que me encanta y que descubrí por medio de mi hermana, Lavinia. Se trata de Kairos, el dios de lo efímero; “the god of the fleeting moment”. Kairos es veloz, se representa corriendo y con una mata de pelo espesa cubriéndole la frente. Para atrapar ese instante efímero que puede significar la diferencia entre la mediocridad y la grandeza, entre la suerte o el infortunio, hay que agarrar a Kairos del pelo antes de que se escape. Para verlo cuando pasa, hay que mantener los ojos abiertos, la percepción alerta; hay que saber escoger una vida que tenga conciencia del valor del tiempo y de las mil y una maneras en que éste se pierde. Pero Kairos no tendría que llevarme a pensar en el tiempo perdido. Más bien tendría que obligarme a pensar en los instantes decisivos que quizás no he visto, ni atrapado; los poemas e ideas que dejo se escurran. Imagino un sitio al que van a parar esos hijos de Kairos que viven en cada uno de nosotros; esos instantes cuyas posibilidades no supimos leer.
kairos

Nota en Wikipedia:
The following epigram by Poseidippos was carved on the statue of Kairos:
“Who and whence was the s culptor? From Sikyon.
And his name? Lysippos.
And who are you? Time who subdues all things.
Why do you stand on tip-toe? I am ever running.
And why you have a pair of wingyour feet? I fly with the wind.
And why do you hold a razor in your right hand? As a sign to men that I am sharper than any sharp edge.
And why does your hair hang over your face? For him who meets me to take me by the forelock.”
And why, in Heaven’s name, is the back of your head bald? Because none whom I have once raced by on my winged feet will now, though he wishes it sore, take hold of me from behind.
Why did the artist fashion you? For your sake, stranger, and he set me up in the porch as a lesson.

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