Belli's Blog

De terremotos y silencios

January 26th, 2010

BITÁCORA DE GIOCONDA BELLI

13:17 – 25/01/2010

El año nuevo nos ha llegado con una tragedia: el terremoto en Haití. Quienes vivimos el terremoto de 1972 en Managua, no podemos dejar de sentir en lo profundo el dolor de los haitianos y entender lo que significará para ellos la reconstrucción en un país pobre máxime en una nación donde el estado es prácticamente inexistente. Aunque la ayuda internacional ha sido lenta en organizarse, la respuesta de la gente del mundo ha sido generosa. Millones de dólares han sido donados desde celulares y otros medios y enviados a las agencias que se encargan de canalizar la ayuda hacia zonas de desastre. Pero el dinero no es todo, como bien sabemos. Entre quienes lo reciben y quienes lo administran hay grandes brechas; brechas de entendimiento, brechas culturales y concepciones diversas sobre qué es lo que la nación requiere. Por el momento, la urgencia es atender a los sobrevivientes y lograr suministrarles lo esencial. Luego vendrán los poderes a intentar soluciones políticas y dado que el gobierno haitiano ya antes del terremoto carecía de poder real, las perspectivas parecen apuntar al surgimiento de un tutelaje extranjero que, según diversos analistas, tendría que ser liderado y conducido por las Naciones Unidas en el mejor de los casos. Es muy temprano, sin embargo, para dar opiniones sobre el particular. Lo importante en estos momentos es solidarizarnos con los que sufren y, como latinoamericanos, velar por un mañana donde los haitianos puedan salir de este revés con alguna esperanza para el futuro.

En nuestro país, por otra parte, el nuevo año parece que será un año mudo. El zarpazo que ha significado la compra del Canal 8 por el gobierno, o la familia Ortega, que es lo mismo, es trascendente dado que la mayoría de los nicaragüenses reciben la información sobre lo que pasa en el país por medio de la televisión. Si Somoza antes permitía una relativa libertad de información a los periódicos, pero censuraba las radios por medio del famoso “Código Negro” porque sabía que mientras poca gente leía la prensa escrita, los radios eran escuchados por la mayoría; el gobierno actual se propone dominar las televisoras con una lógica similar. Los canales que no han logrado comprar, los han hecho callar con presiones y chantajes económicos o la amenaza de suspenderles sus licencias. No deja de ser lamentable, sin embargo, ver la manera en que los empresarios de nuestro país han optado por la complicidad y por bajar la cabeza. Si Ortega, su familia y su partido, se ha propuesto dominar el país y han podido monopolizar la ayuda venezolana y crear un imperio económico como el de Albanisa, que les permite consolidar su proyecto político, hay que decir que lo han hecho en gran medida gracias a la actitud sumisa, corto-placista y poco beligerante, tanto de los empresarios, como de la clase política que continua aferrada a sus cada vez más irrelevantes cuotas de poder.

Mientras las cúpulas se arreglan ya sea pactando o callando para proteger sus intereses, el país sigue marchando de manera casi inexorable hacia el establecimiento de una casta familiar que con financiamiento extranjero está imponiendo un sistema populista que, no sólo violenta la voluntad de la mayoría, sino que basa su poder en la compra-venta de voluntades, votos y todo aquello que convenga a sus propósitos de perpetuarse en el poder.

En unos pocos años, hemos visto prácticas oscuras y desaciertos diplomáticos que, no sólo han afectado el presupuesto disponible para las reformas y los programas que tanto necesita nuestro país, sino que han acelerado la corrupción ética de la sociedad en su conjunto. De los desmanes de Arnoldo Alemán y el escándalo de los Cenis, hemos pasado al uso de fondos públicos para fines partidarios, el manejo del gobierno como feudo familiar, la transformación de los poderes del estado en dóciles y caricaturescos monigotes. La Constitución, por otro lado, ha pasado a ser un estorbo cuyos preceptos son eliminados a punta de decretos absurdos y truculencias que, sin ninguna vergüenza justifican cómplices magistrados.

Ante estas distorsiones que van generando un clima cada vez más desesperanzador para el futuro del país, la oposición por su parte, inmersa en su propio caldero de rémoras del pasado y misas negras, va quemando sus naves, descabezando sus líderes y mostrándose incapaz de ver más allá del ser o no ser de dirigentes que, por una u otra razón, se muestran inadecuados representantes de las necesidades y preocupaciones más sentidas de la población.

En el contexto de la crisis global que vive nuestro planeta, es una lástima que en nuestro país los espacios que abre la misma crisis para la búsqueda de soluciones alternativas y de un pensamiento progresista, estén siendo ocupados por la reedición de viejas fórmulas económicas y políticas y sobre todo por mentalidades que no logran trascender la megalomanía de sus propias ambiciones personales.

Para colmo de males, con la desaparición de espacios de reflexión y crítica en la televisión, como los programas Esta Noche y Esta Semana en el canal 8, mucha gente dejará de contar con la información necesaria para constituir una ciudadanía informada.

Tendremos pronto que desalambrar para no quedar como venadito entre tu huerta.

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Navidad

December 19th, 2009

Winter Leaves

La Navidad llega sin falta cada año. Me trae recuerdos de flores amarillas y viento en las carreteras de Nicaragua. En los setentas, Managua se llenaba de pintas que pedían “Navidad sin reos políticos”.

Nací en Diciembre y amaba ese mes, pero sufrí de una racha de cosas tristes desde  el terremoto de 72, un 23 de Diciembre: en 74 me tuve que ir dos meses de Nicaragua por la represión después del asalto a la Casa de Chema Castillo por el FSLN ; en 75, salí al exilio un 20 de Diciembre, en 76 lloraba la muerte de Eduardo Contreras un 7 de Noviembre, cuando cayó asesinado por la Guardia somocista…mi mamá murió un 29 de Diciembre…. mi abuelo un 31…

Quizás por eso no dejo de sentirme ambivalente con estas fiestas. Oscilo entre la melancolía y el gozo de los olores y colores de la época. Lo de los regalos se ha vuelto un poco cansado. No acabo de entender la estampida hacia las tiendas.Trato de conservar mi convicción de que los regalos tendrían que ser leves y especiales. No está mal  que una vez al año nos forcemos al test que significa adivinar lo que haría feliz a la gente que queremos. Es un buen ejercicio para saber cuan bien los conocemos, cuan atentos hemos estado a sus placeres, sus gustos o disgustos.  La sorpresa de los regalos es linda cuando uno los abre y siente que quien regala ha sabido adivinar esas cosas que a uno le dan felicidad: los chocolates perversos, el verso, la pluma, la flor, como decía Rubén, porque, pese a todo, de eso se trata: de celebrar la amistad, la familia…los niños propios y ajenos.

De allí que se me ocurra compartir este poema y unas flores.

LOS AMIGOS

Mis amigos me rodean como una falda de agua

que detiene las rocas que la vida me lanza

Son la barrera donde se estrella la tristeza

y la campana que me llama a la esperanza.

Mis amigos construyen sus casas

y las arreglan: se casan y descasan

siguiendo las migas de pan que la felicidad

les riega en medio de los bosques oscuros

de la incertidumbre humana.

Son mis dioses y mi religión.

Sus palabras son para mí tan sagradas

como los Evangelios

y su risa vale más que el diamante más grande

del Topkapi.

Amo a mis amigos y los celebro con chischiles

y tambores

Sin ellos, no sería más que un eco que nadie escucha

una noche sin sol que la redima

un ruiseñor

sin su rosa.

Gioconda Belli

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La Grandeza de Mandela

December 14th, 2009

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Poco después de llegar a la presidencia de Sudáfrica, Nelson Mandela enfrentaba un problema aparentemente imposible de resolver: ¿Cómo unificar una nación marcada por la represión y el apartheid, cómo lograr que blancos y negros se aceptaran unos a otros y se vieran como ciudadanos de un único país? ¿Qué hacer para mostrar a unos y otros que sólo sumando fuerzas y creatividades podrían reconstituir una nación y  avanzar en la resolución de las injusticias y diferencias?  La respuesta que encontró este héroe indiscutible del siglo XX, fue genial e inesperada y está fantásticamente dramatizada en la película INVICTUS, dirigida por Clint Eastwood, basada en el libro del periodista John Carlin y con Morgan Freeman y Matt Damon en los papeles estelares.

Para América Latina, en este siglo XXI de gobiernos de izquierda y nuevos intentos de reformas profundas, este libro y esta película contienen un mensaje ejemplar y magnífico. Tendría que ser de lectura y asistencia obligatoria para políticos y fanáticos, tanto del deporte, como de las visiones excluyentes de la sociedad, porque lo que hizo Mandela fue desafiar todas las preconcepciones sobre lo que su gobierno significaría para los negros en Sudáfrica, y guiar con su ejemplo la reconciliación de su pueblo.

¿Cómo lo logró? El deporte más odiado por los negros en ese entonces era el rugby. Era un deporte de blancos y su equipo, el Springbok, compuesto por Afrikáners en su mayoría, era un símbolo del Apartheid. Ese año, Sudáfrica sería la sede del campeonato mundial de rugby y por esta razón, no por sus méritos, el Springbok había clasificado para optar a la copa del mundo. Los chances de que el Springbok ganara eran mínimos, y sin embargo, Mandela, con su genio político, se dio cuenta de lo poderoso que podía ser el deporte como elemento unificador, como puente entre esos dos sectores de la sociedad sudafricana, cuyo odio mutuo, de no apaciguarse, conduciría inevitablemente a una guerra civil.  Contrariando la opinión de consejeros, amigos, hasta de los miembros de su familia, Mandela logró, usando su carisma personal y su gran pero sencillo humanismo, ganarse al capitán del equipo de rugby, François Pinnear y paulatinamente a todos los miembros del equipo y no cesó hasta convencerlos que podían ganar y encarnar el espíritu de una nueva y unida Sudáfrica. Después, usó su autoridad moral indiscutible y su ejemplo, sobre todo, para lograr que la población negra empezara a entusiasmarse con la idea de ganar la Copa del Mundo de Rugby. Poco a poco, a través de las eliminatorias, y mirando cómo su presidente respaldaba sin ambages al equipo blanco, los negros sudafricanos fueron viendo decrecer su rencor y crecer su admiración ante los esfuerzo enormes del equipo blanco por alcanzar esta victoria para el país. El apoyo al Springbok y al rugby se extendió como una marea por los barrios y ciudades de Sudáfrica. Por primera vez, blancos y negros, olvidaron su color para respaldar un símbolo nacional. El juego de rugby Sudáfrica-Nueva Zelandia, que definió al ganador de la Copa del Mundo, fue un fenómeno social y político sin precedentes. Ese día, según opinión de muchos analistas políticos, Mandela logró evitar una guerra civil en Sudáfrica. A partir de ese campeonato y ese juego (que es fantástico en la película aunque uno no sepa nada de rugby) la historia de la nueva Sudáfrica se encaminó hacia un futuro, no libre de dificultades, pero sí libre del odio ciego que la hubiese consumido; un odio que Mandela se negó a azuzar, a pesar de sus 27 años de cárcel, a pesar del deseo de venganza al que esperaban dar rienda suelta, bajo su conducción, quienes lo eligieron.

Para quienes hemos vivido guerras y seguimos viviendo en sociedades divididas entre “buenos y malos” o víctimas y victimarios, vale la pena considerar las lecciones de este episodio real de la historia de Sudáfrica y sobre todo el ejemplo de Mandela.

Ciertamente que él hubiese podido convertirse, sin ningún problema, en el líder de los negros de su país, pero en su país no sólo había una población negra, sino una población blanca y ésta última controlaba la riqueza y la economía. Dar rienda suelta a los deseos de venganza, no iba a mejorar la vida de los negros; los iba a enfrentar con los blancos e iba a llevar al país a la ruina. La opción de Mandela fue clara: apostó a la humanidad de cada sudafricano, apostó por lo bueno que había en cada corazón y retó al país entero a movilizarse hacia el entendimiento y no hacia la confrontación. Al sentir que lo que se esperaba de ellos –blancos y negros- era que pusieran lo mejor de sí mismos en esa aventura de reiniciar la historia de su país, Mandela logró que la gente se diera cuenta que, en medio de todas las diferencias, los unía su condición humana; una condición que lo mismo es capaz de grandeza que de crueldad.

América Latina necesitaría unos cuantos Mandela; líderes que supieran unir y no dividir, líderes que potencien la bondad y no lo vil de nuestras naturalezas.

En esta época navideña, ricos y pobres, derechas e izquierdas, debemos reflexionar sobre lo que queremos para el país donde nacimos y en el que todos tenemos tanto el derecho a existir libres, como la obligación de ser solidarios y responsables.

Diciembre 13, 2009

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Lo que cayó con el muro

November 9th, 2009

por Gioconda Belli

Germany Wall Anniversary

El 9 de Noviembre cayó el muro de Berlín. El estruendo del desplome de ese símbolo de separación entre los alemanes del Este y del Oeste, resonó en todo el mundo y pareció anunciar el comienzo de una nueva era signada por el fin de la Guerra Fría. Para la caída del muro, ya hacía meses que la situación en la antigua RDA era intolerable. Siendo el país más avanzado, en términos de realizaciones económicas y sociales dentro de los países del campo socialista, la República Democrática Alemana contaba también con una crítica vigorosa, por muy sotto voce que fuera, dentro de los mismos funcionarios del todopoderoso partido, que aspiraban a que la Perestroika, iniciada por Gorbachov en la Unión Soviética, se extendiera y que la transparencia –o Glasnost- también llegara a Alemania del Este.

Estuve en la RDA pocos meses antes de que se derrumbara el muro y recuerdo mi asombro cuando en las reuniones en la Unión de Escritores y con el Jefe de la Editorial del Partido, éstos expresaron sin tapujos su descontento ante la rigidez e intransigencia con que la dirigencia comunista alemana estaba respondiendo a las necesidades de cambio y de apertura que eran palpables en el ambiente. De manera que la caída del muro fue sólo la culminación de un proceso que ya se venía gestando dentro de la Alemania del Este.

Para quienes pensábamos en el socialismo como la doctrina de las revoluciones y el pensamiento portador de la idea de libertad para los explotados y oprimidos, ver a los ciudadanos de un país como la RDA rebelarse contra su propio sistema fue un desconcierto anunciado. Fue la muestra palpable de que el sistema que se erigió con tanta esperanza y sangre se había resquebrajado en sus cimientos. Ver lo que pasó en Alemania y luego en la URSS fue semejante a mirar uno de esos experimentos donde los cadáveres antiguos, al ser expuestos al aire repentinamente se descomponen y se convierten en polvo. Porque nada sino eso pasó: el soplo de libertad que introdujo Gorbachov con la Perestroika y el Glasnost, fue suficiente para derrumbar todo el edificio, aquel edificio imponente, aparentemente tan sólido y rojo.

¿Cómo era posible?, se preguntaba uno; ¿cómo era posible que el pueblo repudiara así aquel poder que se vanagloriaba de representar las más encendidas aspiraciones de obreros y campesinos?

Y sin embargo, viendo caer la muralla, uno como ser humano no podía más que alegrarse. El sentimiento predominante en esos días, fuera uno de izquierda o de derecha, era de alegría. Emocionaba ver a los jóvenes derrumbar el muro y abrazarse los de un lado con los del otro, con las lágrimas corriéndoles por las mejillas. El gesto aquel era tan razonable, tan profundamente trascendente la aspiración de romper las barreras que uno se daba cuenta de que el fenómeno superaba las ideologías y apuntaba a la realidad de que la libertad y las posibilidades humanas se resisten a los muros tanto de ideas, como de concreto o de púas.

La idea socialista es sin duda hermosa, sobre todo en el mundo desigual e injusto en que vivimos. Lamentablemente, aparte de Marx quien nunca ni diseñó, ni se planteó la idea de un partido, quienes intentaron fundar este sistema consideraron que la lucha de clases significaba un antagonismo social que excluía a todo un sector de la sociedad para garantizar los derechos de otro sector y con este “santo” objetivo reprimieron la libertad de todos y ungieron a un grupo como el único capaz de llevar a cabo y defender las reivindicaciones del sector de clase que se pensó podría, por sí solo, llevar a la práctica el ideario socialista. Pero no era lo mismo sustituír a la monarquía y a los señores feudales, que a la mucho más numerosa y versátil burguesía, que incluía el campesinado y las capas medias. El proletariado, además, era una clase incipiente que sólo existió en estadio “puro” durante la revolución industrial. La lucha de clases en ese contexto presupuso lo contrario a un esfuerzo nacional conjunto para salir de la miseria; condujo a la división de la sociedad: a una larga guerra intestina desgastante y viciada en su entraña porque las reglas del juego sólo las decidía quien tenía el poder, las armas y los instrumentos coercitivos del estado, ante la total ausencia de instituciones verdaderamente representativas y con poder que pudiesen poner coto a los abusos que un poder tan absoluto traía consigo. El rumbo dependió de individuos….y fueron éstos los que marcaron la historia desde Stalin, hasta Gorbachov.

Las contradicciones de clase son una realidad indudable, tan indudable como es la existencia de explotadores y explotados, pero aplicar mecánicamente la categoría de lucha de clases a las contradicciones y conflictos sociales en sociedades  menos o más desarrolladas que las de la revolución industrial (el modelo del que surge la teoría), resultó un fracaso y una camisa de fuerza. No fue el proletariado quien sustituyó a la burguesía, fueron las capas medias quienes se enquistaron en el poder y crearon un estamento de burócratas que, en nombre de las masas, a quienes les recetaron enormes sacrificios económicos y a quienes dejaron sin el poder de la independencia de sus propias organizaciones (porque éstas pasaron a ser brazos del partido) abusaron y mal usaron la riqueza y la capacidad colectiva, creando estados ineficientes que no permitían que nadie criticara, pues la crítica era considerada un ataque a la verdad y el ideario socialista. Muy cómoda posición, que señala sin duda otra falla inherente a la concepción leninista del socialismo: la justificación de que el autoritarismo es necesario para “salvar” a los oprimidos. Suena un poco como eso que se le dice a las mujeres abusadas: “te pega porque te quiere”, una falacia descomunal que quedó demostrada en hitos como éste del derrumbe del muro de Berlín.

Ciertamente que mucho se perdió al perderse el socialismo en esos países; muchos de los logros en educación, en programas sociales, en seguridad, se echaron por la borda y dejaron a miles desamparados e indefensos sin saber cómo manejarse en el mundo feroz del capitalismo, pero esa experiencia dijo algo muy importante sobre el esquema partidario con que se impuso el socialismo.

Lo que es inaudito hoy en día y lo estamos viendo, es que haya aún quienes intentan reeditar esa experiencia e imponer el socialismo a punta de represión y de dividir la sociedad. Parece que los líderes que pregonan el socialismo actual prefieren apegarse de nuevo a ese esquema fallido, que buscar un nuevo socialismo dentro de un esquema de libertad verdadero y un nuevo análisis de las contradicciones y las clases. La pereza mental y el afán de poder los enquista en ese populismo vacío y retórico que los hace parecerse a la Iglesia de la Inquisición y convierte su prédica en otra variedad del famoso opio de los pueblos.

Continuará: La lucha de clases y su realidad actual.

Noviembre 9, 2009

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An evening with Orhan Pamuk

November 6th, 2009

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I wish I could have spent an entire evening with Orhan Pamuk! He is magnificent! But I did go to a presentation at the Aratani Theater last night in Los Angeles to hear him talk about his latest novel, The Museum of Innocence. I hate to namedrop but I must say I met Orhan briefly in Venice this summer while I was having coffee with Salman Rushdie. As it tends to happen when one meets a writer one admires, there was not much that I thought of saying after we were introduced, especially because at that point we were all standing and I was about to say good bye to Salman. Last night, while I looked up at the lectern where Pamuk stood reading, I was mad at myself for having allowed such an opportunity to pass, but anyhow, I won’t next time.
Orhan is a good looking man in a sort of elegant, intellectual way. He was dressed in a well cut suit and I was impressed by the way his soul seems to fit so well into his body. You know how some people’s souls end up in lesser bodies or bodies that do not match the lightness of being of their souls? That is not Pamuk’s case. Even his hands seem to have been designed to accompany his gestures. He began reading fragments from his novel, after a short introduction of its theme: LOVE. Love in its many manifestations. The first of these that he chose to read was pain, and the description he read was quite funny and poignant…nothing sentimental: it was more like a description of acid reflux or heartburn of the stomach. Anyone who has been in love can attest that this is true. Love and the stomach are intricately connected, it seems.
Pamuk speaks English with a very strong accent. I, who get so self-conscious about my accent, thanks in part to my husband’s unforgiving remarks about my public speaking missteps, realized how little a thick accent matters if what is being said is worth the effort of our concentration. Orhan read for about half an hour, interjecting vivacious or downright funny comments throughout. Then, he took a seat next to the interviewer designated for the evening, a young Iranian professor who teaches at Riverside, and who was very anxious to demonstrate he was no less smart than the writer.
It was during this period that Pamuk’s personality, wit, and assertiveness engaged and charmed the entire audience. I have rarely seen a writer who seemed as comfortable saying exactly what he thought. One could tell he was not trying to please anybody but simply being himself, which was very refreshing. Irony is a weapon he handles well but it is a kind of irony that is not mean or showoff, but exact, sharp and used in a wise and self-deprecatory way. He kept diffusing the prim Iranian professor’s attempts to bring out his erudition and involve him in an academic type of discussion. He stuck to his clear notion that being a writer does not make one neither a sage, nor a judge of people, but rather a compassionate observer of human nature.
Without any qualms, he answered questions from the public in a straightforward manner, dismissing the temptation to respond to those that attempted to place him as a political arbiter. He got obviously impatient with the notion that he could separate fact from fiction in his novels or that he could represent the “oppressed” as a statesman would pretend to do.
It was quite fantastic to watch, a sort of lesson on how to be fearlessly coherent and have the public persona and the verbal manifestation agree with what one writes.

Read more about Pamuk at: http://www.latimes.com/entertainment/news/arts/la-et-rutten21-2009oct21,0,5083231.story

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