Haciendo un libro de poemas

Ú

Últimamente siento que dejo pasar la poesía. Es como una mujer de blanco que cruza la sala, la oficina, la calle y me mira. Antes, yo habría corrido tras ella a atraparla, pero ahora simplemente dejo que se aleje, me quedo con la intuición de su música, gozo la sensación de intimidad que me inspira saber que ha me ha pasado por el frente, que aún soy capaz de ver el borde de su falda sin sentir el posesivo deseo de llevarla conmigo y mostrarla, de que los demás vean que somos amigas y que sé hablar con ella. No sé si esta displicencia es virtud o defecto. A veces lamento no salir a su encuentro, extraño quizás la voz que me diga que tengo una “responsabilidad histórica” para con ella, como me dijo una vez el Poeta que me convenció de escribir. Creo que lo cierto es que la he traicionado con la novela, con la prosa. Mientras escribo una novela, encierro la poesía en el cuarto de atrás y mi percepción es que apenas la visito.

He comprobado, sin embargo, que mi percepción es falsa. Lo que hago, mientras escribo una novela, es no pensar sobre la poesía. La escribo de vez en cuando y la mando de regreso a su exilio. Pero, cuando la novela está hecha, publicada, y yo entro en ese interregno de lo desconocido, de los días en que quiero morirme porque tengo la sensación de que nada más brotará de mí que haga meritoria mi existencia, algo me empuja a visitar la habitación de atrás. Esta vez, tras concluir la novela “El País de las Mujeres”, mi visita a la poesía me encontró más timorata y tímida que de costumbre. No recordaba haber escrito casi ningún poema. ¡Cual no sería mi sorpresa cuando empecé a abrir los folders que hago en mi archivo para cada año! Me explico: tengo en mi computadora una clasificación general: “Poemas”. Dentro de esa clasificación, hago carpetas para cada año y allí van quedando los poemas que escribo. Mi último libro publicado de poesía: “Fuego soy apartado y espada puesta lejos” data de 2007. Así que empecé por 2007 hasta llegar a la carpeta de 2011. Casi no podía creerlo porque fui imprimiendo los poemas y de pronto me vi con un grueso manojo de páginas en las manos. El asunto ahora es revisar cuales de esos poemas valen la pena, cuáles puedo trabajar para que valgan la pena, y cuales debo descartar porque no me provocan siquiera la inspiración de reescribirlos. En eso he estado. Y me alegra saber que tengo un libro entre manos. Me alegra saber que, a pesar de todo, le he sido fiel a la poesía, que ha sido casi como un amante clandestino y que mis visitas a esa denegada habitación de atrás no han sido tan pocas, ni tan sosas, como creía.

Junio 1, 2010

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2 thoughts on “Haciendo un libro de poemas

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