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¡Encuentra a Gioconda en Santiago de Chile!

Mi agenda en Santiago de Chile: Jueves 23 de Octubre a las 6:30 pm, participación en el Encuentro Letras de Género, Biblioteca de Santiago Viernes 24: 12m: Firma de Libros en Biblioteca de Stgo. 8:00 pm, Participación en FILSA, mesa: “Las escritoras somos exploradoras” con Alejandra Sepúlveda Sábado 25: 7:00 pm: Presentación de “El Intenso Calor de la Luna” en FILSA, diálogo con la periodista Vivian Lavin Las y los espero!!!
ELINTENSOCALORDELALUNA

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“Me parece provinciano seguir hablando de literatura femenina o erótica”

Escandalo-de-miel2Les comparto esta entrevista publicada en Plaza Pública, espero les guste.

Por Carol Zardetto

Gioconda Belli, es una escritora nicaragüense que afrontó los desafíos de su tiempo y triunfó en el intento. Belli abrió muchos espacios del imaginario para las mujeres centroamericanas, estuvo en la FILGUA 2014 y conversó con la también escritora Carol Zardetto.

“La desnudez es hermosa”, dice la protagonista del Pergamino de la Seducción ante el gesto de su amante que la invita a cubrirse. ¿Qué ha implicado para la mujer poder desnudar su cuerpo, su deseo, su sexualidad? ¿Y el compromiso político? El país bajo mi piel, encierra una memoria retrospectiva de su experiencia revolucionaria. De eso y más habla Gioconda Belli en esta entrevista.

Eres una de las escritoras latinoamericanas más galardonadas. ¿Cómo te sientes en esta etapa de tu carrera?

Yo creo que es más fácil ver las etapas en la vida de los demás que en la propia. Experimento mi vida como un continuum, de un libro al otro, con el temor de fallar pero también con la ilusión de ese acierto que le dé sentido a todo.

A raíz de tu visita a Guatemala, algunas de tus lectoras coincidieron en comentarme que les fascinaba la fuerza erótica de tu poesía. Yo añadiría que el erotismo es un poderoso motor de tu narrativa también. ¿Qué me puedes decir de la irrupción del erotismo en la literatura escrita por mujeres? ¿Fue en su momento un acto subversivo?

Creo que lo que pasó es que fue siempre aceptable que la mujer fuera “objeto” sexual y mientras uno jugara ese rol de la seductora, la que provocaba al hombre, la coqueta, la fruta prohibida, no había problema. A mí me llamó mucho la atención la reacción que hubo ante lo que yo escribía, pues el erotismo en la literatura es muy antiguo, y no vi la razón de que se escandalizaran tanto. Bueno, la conclusión a la que he llegado es que yo empecé a escribir no como objeto, sino como protagonista, como sujeto, como dueña y señora de mi cuerpo y mi sensualidad, y también hablé del cuerpo del hombre desde el amor, el deseo. Al hacerlo, reté el estatus quo de la mujer como la pasiva en el amor, en la sexualidad. Eso fue subversivo. Me asombra que aún lo siga siendo. Tantos hombres escriben pasajes eróticos, poemas eróticos y nadie los califica como “poetas o novelistas eróticos” A mí me pusieron la etiqueta.

En la FILGUA estuviste dialogando con Ana María Rodas. Comentaste lo importante que fue su obra La izquierda erótica, publicada en los años 70. ¿Qué implica para una escritora una influencia literaria como esa?

Para mí lo de la Ana María implicó validación, gozo. Me dio gusto que hubiese otra escritora que se atrevía a decir esas cosas con esa desfachatez y desafío y desde la izquierda y bien. Desde Nicaragua y el somocismo de los 70, a nosotros Ana María nos sonaba más libre políticamente. Yo sigo pensando que su libro es un gran libro, de lo mejor que se escribió en Centroamérica en esos años.

Mujeres habitadas… parece que esta metáfora ha sido importante en tu obra. En tu primera novela, La Mujer habitada, la protagonista se siente poseída por la presencia poderosa de una mujer indígena guerrera; en El pergamino de la seducción, Lucía se deja “habitar” por Juana de Castilla. ¿Nos habitan a las mujeres las voces de otras mujeres, sus historias? ¿Cómo operan en nosotras que estas genealogías?

Quizás es eso que te decía al principio, de que veo mi vida como un continuum. Estoy muy consciente de que lo que traigo dentro viene de atrás, es el producto de muchas otras mujeres, muchas otras historias. No soy religiosa pero si creyera en algo, me gustaría creer en la reencarnación. También supongo que tiene que ver con la apertura que uno tiene al espíritu de los demás, lo que se nos transmite en las conversaciones, las lecturas. Todo eso nos habita; es parte, pienso yo, de nuestra genealogía.

Judy Chicago la famosa artista visual de los años 70, realizó una obra que se llama Dinner Party donde celebra un banquete con 39 mujeres que han forjado el imaginario femenino de las mujeres anglófonas. Sentó allí a personajes como Emily Dickinson, Virginia Woolf y Georgia O´Keefe. ¿Si te pidieran tres nombres para un banquete semejante de mujeres forjadoras del imaginario femenino latinoamericano, que nombres colocarías?

La Malinche, Sor Juana Inés de la Cruz, Frida Kahlo, Rosario Castellanos, Flora Tristán… me haría falta una mesa grande

Literatura “femenina”. ¿Qué reacción te provoca esta frase?

Igual que literatura “erótica” es un intento masculino –muchas veces bien intencionado– de nombrar y clasificar como fenómeno nuevo algo que las mujeres hacemos. Ya no tiene caso, realmente. Me parece bien provinciano seguir hablando de literatura femenina o erótica en la descripción del trabajo de mujeres escritoras.

En la FILGUA hablaste de la ética del cuidado. ¿Podrías explicarnos a qué te refieres con esta propuesta? ¿Es éste el fundamento de tu novela El país de las mujeres?

En El país de las mujeres las protagonistas hacen un manifiesto donde hablan de que los hombres no han sabido cuidar al país y que el país necesita unas mamacitas que lo barran, lo limpien y le saquen brillo, o sea un enfoque político donde quienes ejerzan el poder “cuiden” amorosamente el país y sus ciudadanos y se preocupen por las “pequeñas cosas”, por la vida privada tanto como la pública, que piensen que la felicidad de la población y no tanto el crecimiento del Producto Interno Bruto tendría que ser la aspiración de los que gobiernan. A esa filosofía le llamo: “felicismo” en la novela y se dice que los ciudadanos son ciudadanos, o sea que la función de la ciudadanía es cuidar ese país que les pertenece. Creo que es una idea importante ésta de una ética más femenina en la política. Ese es el libro más divertido pero también el más serio que he escrito.

El pergamino de la seducción es una novela histórica que pretende hacer un comentario crítico sobre la “historia oficial” que disminuye e invisibiliza a mujeres con poder. ¿Qué te llevó a escribir esta historia? ¿Por qué la fascinación con Juana La loca?

No fue una voluntad premeditada la que me hizo escribir esa novela. Creí que escribiría una novela ambientada en el internado en Madrid donde hice la secundaria. Era un lugar muy lúgubre, un buen escenario. En los tanteos iniciales recordé haber ido con mi madre al Escorial y oír la historia de Juana de Castilla. Empecé a investigar la historia de Juana y me fascinó el personaje y la enorme injusticia cometida contra ella por su familia y por la historia. Fue como que el destino me la puso en el camino. Revelar quién fue, lo que le pasó me pareció una reivindicación de tantas otras mujeres…

Con frecuencia se dice que las mujeres que escribimos nos dedicamos a la petite histoire, pero estamos marginadas de escribir acerca de la Historia (con mayúsculas) pues es un territorio masculino. ¿Qué aporta la mirada femenina sobre la Historia (con mayúsculas)?

No estoy de acuerdo con eso. Mirá a Antonia Fraser y sus biografías de María Estuardo y de María Antonieta; Hilary Mantel que ha ganado el Booker con sus fabulosas novelas sobre Thomas Cromwell, Stacy Schiff ha escrito una biografía de Cleopatra que es espectacular; Elena Poniatowska sobre la Masacre de Tlatelolco. A la mirada de la mujer no se le escapa, pienso, la íntima relación entre los eventos públicos y los privados.

En la FILGUA mencionaste que el compromiso político es una decisión personal de cada escritor o escritora. Es conocida tu participación política en el proceso revolucionario en Nicaragua. Pero, en tu quehacer literario, ¿qué papel juega el compromiso político?

Es parte de quien soy; una suerte de “marca” de la que no huyo.

¿Qué importancia tiene una feria del libro para los escritores que participan?

Fue una sorpresa gratísima encontrarme con que me leen tantas personas en Guatemala. Estas ferias en Centroamérica han cumplido una función clave en acercarnos a los escritores de la región y en ponernos en contacto con una realidad cultural que se parece en cada país. Me he sentido, a raíz de participar en la feria del Salvador y ahora en la de Guatemala, mucho más conectada con Centroamérica. He tomado conciencia de lo importante que puede ser la cultura para crear esos puentes que necesitamos hacer entre nuestros países.

¿Qué podemos esperar en el futuro próximo de Gioconda Belli?

Tengo una nueva novela que sale en estos meses. Se llama El Intenso Calor de la Luna. Es muy provocadora porque es la historia de una mujer mayor que se enamora de un hombre más joven. Ese es otro tabú que cargamos: mientras en el hombre se valora la experiencia, en la mujer lo que se valora es la belleza que es pasajera por naturaleza. Mi protagonista es bella aunque ya no sea jovencita. Ya vivió su vida de esposa fiel por más de veinticinco años y está empezando a sentir que la vida se le va y que, una vez idos los hijos, ya no tiene nada por qué vivir, pero como verán quienes lean la novela, su vida toma un giro muy interesante.

Entrevista publicada en Plaza Pública

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Un poema del “Club del Abanico”:)

download

 

 

 

FOGONAZOS

(Lectura con sonido de sirenas de bomberos)

Se me incendia el pecho

Se me incendiiiiiia

el estómago sigue

el esternón en llamas

toda la piel del torso

está que arde

y yo aquí me abanico, me seco, me remuevo

incapaz de extinguir

la furia de este fuego.

Fogonazos de luz.

La juventud se despide con juegos pirotécnicos,

mis entrañas consumen en su hoguera

las fotos de pasados amantes.

Hormonas vengativas

arman su rebelión contra el sosiego

e inventan trópicos o desiertos quemantes

en la tibia, desprevenida carne.

Una angustia innombrable y absurda

se acumula en mi pecho

hurga mi corazón como un barreno.

No sé por qué siento este deseo de

esconderme

de no dejarme ver

de refugiarme en sábanas templadas.

¿Qué pasará conmigo cuando termine la hoguera

de calcinar carbones rojos,

fuegos fatuos

en mis pezones encendidos?

Aquí estaré sin duda

Le sacaré la lengua a la vejez

Inventaré hormonas con la viva memoria

de tantas revolcadas.

¿Para qué la imaginación

si no para desafiar

las ínfulas del Tiempo

 machista

y engreído?

Gioconda Belli

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Gira de presentación en España de El intenso calor de la luna

Con alegría les comparto las fechas de las presentaciones que haré en España de mi nueva novela El intenso calor de la luna.

Los espero.

PresentacionesGiocondaBelli

 

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Recital para apoyar a Fe y Alegría

Les dejo la invitación para que me acompañen al recital que haré en apoyo de Fe y Alegría

Los espero.

invitación recital FEAlegria240914

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Presentación oficial en Nicaragua de la Giocoteca

La colección Giocoteca reúne los ocho libros completos de mi obra poética y la presentaré oficialmente en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra el próximo jueves 4 de septiembre. Allí conversaré con el escritor Sergio Ramírez sobre poesía y realizaré un recital, los espero.

FP8

 

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Gioconda Belli en la Feria Internacional del Libro de Costa Rica

Les dejo mi agenda en la Feria Internacional del Libro de Costa Rica, para que quienes puedan me acompañen. Aquí presentaré la Giocoteca a mis lectores costarricenses.

Viernes 22 de agosto Sábado 23 de agosto Domingo 24 de agosto
Conferencia de prensaHotel Balmoral

10:00 a.m.

 

Recital de poesía y lanzamiento de GiocotecaCasa del Cuño/FILCR

3:00 p.m.

Encuentro con escritores costarricensesPor la mañana

FILCR

Firma de librosCasa del Cuño/FILCR

4:30 p.m.

FP4

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LEA AQUI UN FRAGMENTO DE “El Intenso Calor de la Luna”

Al borde de cambios en su cuerpo que le hacen temer que su vida de mujer guapa y seductora está llegando a su fin, un accidente hace que Emma se tope con una situación que le hará descubrir que el placer y la realización personal pueden llegar cuando menos se esperan.

 

CAPITULO  1

 

De un momento a otro puede cambiarle a uno la vida. Es algo sabido  que preferimos ignorar. Suficiente lidiar con las incertidumbres cotidianas. Si encima nos mortificáramos con la idea de cuánto puede suceder de forma inusitada, viviríamos titubeando. Sin embargo algo de embriaguez tiene la noción de que todo lo que nos parece seguro y sólido puede desaparecer en un instante. Se vive a ras de esa percepción leve que aletea como pequeño insecto en la conciencia. Uno prefiere la engañosa certidumbre con que la vida dispensa mañanas y noches iguales; prefiere creer que la existencia es un manso y predecible río. Cuando oímos las historias de súbitos sobresaltos nos anclamos en la fe de que a nosotros no nos sucederá lo mismo, pero ¿quiénes somos para estar seguros?

Tomemos el caso de Emma. Va conduciendo su coche. Lleva gafas oscuras grandes, de moda. Luce absorta en la carretera. Las manos que aferran el volante son finas y cuidadas. En la izquierda lleva anillo de matrimonio haciendo juego con el de diamante de compromiso. Su mirada fija nos engaña. Parece mirar el camino, pero va mirándose por dentro. Desde hace cuatro días espera que le baje la regla, y ésta no llega. Emma es una mujer exacta. Su regla suele llegar puntual a los treinta días del mes. Porque conoce perfectamente las costumbres de su cuerpo, en la fecha precisa ella se inserta en las bragas una toalla sanitaria después de bañarse. Hacia las doce o la una, sin fallar, siente la humedad y sonríe para sus adentros. La exactitud de su ciclo y su manera de adivinarlo, le complacen enormemente.  Contraria a muchas de sus amigas que soportan estoicas esos días, sufriendo a menudo de dolores y malestares de espalda, Emma experimenta un sentimiento de ligereza y alivio que la pone de buen humor. Ella jamás, ni siquiera en su adolescencia, ha sufrido de los signos que a otras afligen.  El presagio de su ciclo no le produce granitos en la cara, hinchazón en los pies o irritabilidad.  Lo que ella siente en los días precedentes al acontecimiento, es una sensación de energía acumulada, una intensa subida de voltaje. Cuando toca la ropa de nylon, a pesar de vivir en el trópico, se electriza igual que sucede en los inviernos de los países fríos. No se explica el fenómeno de que su cuerpo produzca electricidad estática, pero que le pasa, le pasa. Se ríe de que a su marido se le alcen los vellos del brazo al acercarse y siempre le advierte que mejor se mantenga alejado para evitar terminar como pararrayos celeste. Después de varios días de sacudidas eléctricas al abrir el refrigerador o la puerta de su coche y de verse obligada a usar gel en el pelo para bajarse el friz, el rumor de alambre de alta tensión empieza a zumbarle en los oídos afectando su concentración. Es mucha la electricidad que Emma carga y cuando la puntual humedad por fin hace su aparición antes o después de almuerzo de la fecha señalada, ella cumple el ritual de encerrarse en el baño, cerciorarse del hecho y dejar que la embargue la deliciosa distensión que experimenta cuando músculo por músculo su cuerpo, como si al fin hiciese polo a tierra, se descarga de su magnética energía.

Los últimos cuatro días de esperar sin resultado que su cuerpo haga lo suyo la han alterado sobremanera. Recién cumplió cuarenta y ocho pero la madurez no ha hecho más que acentuar su aire juvenil de mujer hermosa a quien no arredran las pocas libritas de más que bien disimula destacando sus mejores atributos: el cuello largo, los brazos bien torneados, el escote que revela los pechos tersos. El rostro es dulce, ovalado con ojos más bien pequeños de largas pestañas, nariz mediana y una boca larga, sensual con un arco de cupido atrevidamente delineado con lápiz rosa oscuro. El cabello es abundante, liso, y le cae un poco por debajo de la oreja. El gusto que exuda por estar en el mundo le hace emanar una fuerza sensual, muy femenina. La idea de la vejez la espanta, pero su espanto está dirigido a la vejez lejana de los ancianos arterioescleróticos, olvidadizos, temblorosos, dependientes y ajados. Nunca antes ha pensado en cómo empieza aquello, en cómo se llega de la juventud a ese estado de ruina. Se ha sentido capaz de controlar alguno que otro dolor o rigidez en la espalda, pero esta vez no encuentra remedio. Este asunto de su regla es diferente. Conoce teóricamente que existe algo llamado menopausia, pero no quiere pensar que sea eso.  Sin embargo, su mente –ese camino por el que viaja su imaginación, mientras circula por el barrio quieto en su coche- la lleva por una senda oscura llena de señales de alerta, de grandes rótulos iluminados encendiéndose intermitentes que anuncian MENOPAUSIA, el fin de su feminidad.

Ernesto Arrola tampoco mira por donde va. Ha salido a buscar a un colega carpintero para pedirle prestada la cola para madera que requiere para terminar un par de sillas que fabrica por encargo. Está corto de dinero y él y el amigo se ayudan en situaciones similares. Encuentra el taller del otro cerrado y va de regreso pensando en la clienta que llegará mañana. Imagina lo que le dirá cuando, a pesar de lo prometido, él no pueda cumplir a tiempo. No lo intimidan sus clientes, en general, pero esta doña en particular es especialmente altanera y sabe cómo hacerlo sentir pequeño, incapaz. Le recuerda a su madre. Le saca el niño malcriado que lleva dentro. Tendrá que soportar su diatriba y se pregunta si podrá hacerlo sin que la propia arrogancia lo lleve a pedirle que jamás vuelva a poner pie en su taller, lo cual sería una lástima pues es una buena clienta a pesar de todo y él la necesita, necesita que ella le pague las sillas. Fibroso, delgado, alto, lleva dos o tres días de barba sobre una cara precisa de escultura clásica; los rasgos estilizados, la nariz larga y recta, los pómulos altos y la piel  como azúcar quemada. Confiado de sí, cómodo en su cuerpo, transmite en su andar una cierta desfachatez, un aire despreocupado. No sonríe pero se adivina que lo hace con facilidad por el trasfondo de ironía con que miran sus ojos. Del pelo oscuro abundante le cae un mechón sobre la frente.  Sólo las manos inquietas, los brazos tensos revelan un carácter acostumbrado a enfrentar con determinación cualquier cosa que le sirva la vida. Recién nota que dejó el taller sin cambiarse los zapatos y que calza las sandalias de cuero viejo que un cliente italiano dejó olvidadas dentro de un baúl antiguo que llevó a reparar pero que nunca recogió. Ernesto no posee mucho pero es pulcro. No le gusta salir desarrapado. En fin, se consuela, es poca la gente que se fija en los pies de los demás, pocos son los que tienen miradas entrenadas como la suya. Los pies de la gente lo llaman como magnetos, los de las mujeres sobre todo. No podría vivir con una mujer de pies feos, por muy linda que fuera. En cambio, los pies lindos lo excitan. Más de un domingo va al muelle del lago a ver pasar los pies de las paseantes. Le basta que pase un par hermoso para tener sus fantasías eróticas cubiertas para la semana. En su barrio sólo hay una mujer de pies bonitos. Se pregunta si estará de turno en la farmacia. Piensa que pasará a verla antes de regresar a su casa. Se encamina hacia el semáforo para cruzar la calle, pero decide que no vale la pena, más rápido cruzar allí mismo.

Margarita de los pies bonitos está atendiendo a un cliente cuando mira a Ernesto al otro lado de la acera. Encuentras sus ojos. Él le sonríe y enrumba hacia ella.

(-Yo vi el accidente –declarará ella después al policía- El venía para la farmacia. Me saludó y cruzó, pero apenas había puesto el pie en la calle cuando la camioneta lo levantó por los aires, lo atropelló y Ernesto salió volando sobre el capó y fue a dar detrás del coche, al pavimento (aquí la muchacha empezará a llorar)

A Emma le gusta conducir a buen paso cuando no a alta velocidad. Toma impulso para subir la cuesta y baja por la pendiente acelerada. El hombre surge frente a ella como saltan los payasos de la cajas de juguete. No tiene tiempo de reaccionar. Lo embiste mientras atina a empujar el freno hasta el fondo. La sensación de golpear huesos y piel, la instantánea de piernas y chancletas sobre el vidrio delantero, el grito despavorido de la chica de la farmacia, el impacto sordo del cuerpo cayendo detrás del vehículo, se encadenan como anillos de boa constrictor atenazándola toda. Se detiene bruscamente. Las manos rígidas sobre el timón no le responden, no quieren soltar la rueda. De golpe  el atardecer que apenas empieza a suavizar las líneas ásperas de aquel barrio de casas modestas, zapaterías, vulcanizadoras, tiendas de abarrotes, aceras irregulares, sale de su impávida melancolía; se llena de rostros, de gritos, de gente corriendo. Emma intenta controlar los espasmos de sus piernas que empiezan a temblar. No atina a abrir la puerta. No cree que podrá caminar.

Un hombre se asoma al vidrio de la ventana. La llama “señora, señora” con una voz de día del juicio, instándola a responder por sus pecados. Lo mira y él sin duda nota la confusión, la parálisis de ella y hace intento de abrir la puerta. Emma al fin logra tocar el botón del seguro y sale apoyada en él, resbalándose hacia el suelo hasta tocar con los tacones el pavimento. Un grupo de gente la rodea, los demás están todos alrededor del hombre que yace más allá, ella no sabe si muerto o vivo. No quiere ni preguntar. Siente la onda de condena de los curiosos condensarse sobre su traje de lino verde claro, el saco holgado. La miran surgir indemne del vehículo. Perfecta, sin un rasguño. Ella vacila. Lleva zapatos de tacón de cinco pulgadas. Se siente como una gigante. No se le ocurre nada más que descalzarse con un gesto penitente. Tira los zapatos dentro del carro y avanza un poco tambaleante hacia su víctima. Mientras camina va poco a poco recuperando sus facultades. Se pregunta si alguien llamaría una ambulancia. Mete la mano en su bolso, tantea dentro buscando el celular. La ambulancia, dice, ¿llamaron a la ambulancia? Todavía no, dice alguien. Ella marca el número. La operadora pregunta la dirección. Ella le pasa el teléfono al hombre que la lleva del brazo. Dele la dirección por favor. Y ahora ya está en el círculo que se abre para que ella vea al hombre que gime y sangra de la cabeza, que está descalzo; un hombre joven, le calcula treinta o treinta y cinco años.. No está muerto, pero el brazo derecho está torcido en un ángulo imposible, totalmente dislocado. Emma se pone la mano sobre la boca. Ay Dios, exclama.

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