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Cátedra Alfonso Reyes Un espacio de encuentro y reflexión con las voces más influyentes del pensamiento humanista contemporáneo.

Participaré en el Diálogo “Mujeres y Poder en América Latina” de la Cátedra Alfonso Reyes, en Monterrey, México. La entrada es libre, espero que los estén por ahí puedan llegar a saludarme.

Diálogo Mujeres y poder en América Latina

oct 7, 2016, 15:00 horas

Con Laura Chinchilla, Gioconda Belli y Sabina Berman

Sala Mayor de Rectoría
Campus Monterrey
*Dentro del Foro Mujeres Líderes de México*

ENTRADA LIBRE

Laura Chinchilla, Gioconda Belli y Sabina Berman

Gioconda Belli

Poeta y narradora nicaragüense. Su primer libro Sobre la Grama (1972) ganó el premio de poesía de la Universidad Nacional de Nicaragua. En 1978 obtuvo el Premio Casa de las Américas (Cuba) por su libro Línea de fuego. En 1988 publicó su primera novela, La mujer habitada, que obtuvo el Premio de la Fundación de Libreros, Bibliotecarios y Editores Alemanes y el Premio Anna Seghers de la Academia de Artes de Alemania. Posteriormente, publicó Sofía de los presagios (1990), El taller de las mariposas (1992) Waslala (1996), El país bajo mi piel (2001, nominado como uno de los mejores libros del año por Los Angeles Times), El pergamino de la seducción (2005); en 2008, su novela El infinito en la palma de la mano ganó en España el Premio Biblioteca Breve y en México el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. En 2010, su novela El país de las mujeres recibió el Premio Hispanoamericano La Otra Orilla. Su obra poética incluye, entre otros títulos: Apogeo (1998), Mi íntima multitud, ganador del Premio Internacional de Poesía Generación del 27 (2002); Fuego soy apartado y espada puesta lejos ganador del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla (2006) y Escándalo de miel (antología 2010). Sus novelas y poemas se han traducido a más de catorce idiomas. Escribe para diversos periódicos nacionales e internacionales y tiene un blog en el periódico nicaragüense El Nuevo Diario y en el diario The Guardian de Londres.

 

Laura Chinchilla

Politóloga experta en las áreas de justicia, policía y seguridad ciudadana, de las que fue ministra. Ganó las elecciones de febrero de 2010 en Costa Rica, convirtiéndose en la primera mujer presidenta de este país, el más desarrollado y estable de Centroamérica, del que ya había sido vicepresidenta por un bienio. Concluyó su mandato en el 2014 y pasó a ser diputada de su país. Chinchilla ejerció como la decimosexta jefa de Estado o de Gobierno de América, la décima presidenta del continente (la sexta elegida en las urnas) y la tercera presidenta centroamericana tras la nicaragüense Violeta Barrios de Chamorro (1990-1997) y la panameña Mireya Moscoso (1999-2004), pero, a diferencia de ambas, no ha tenido por marido a un líder renombrado al que deba su entrada en la política. Egresó de la Universidad de Costa Rica con un título en Ciencias Políticas en 1981. Entre 1986 y 1989 amplió su formación con una beca en la Universidad Georgetown de Washington D. C., prestigiosa casa de estudios que le proporcionó un máster en Ciencias Públicas.

 

Sabina Berman

Dramaturga, narradora, poeta y guionista. Estudió Psicología y Letras Mexicanas en la Universidad Iberoamericana, y dirección teatral en el CADAC y en el Teatro T. Ha sido asistente de dirección de Abraham Oceransky y actriz en varios de sus montajes. Codirigió la película Entre Villa y una mujer desnuda. Es colaboradora de Comunidad, El Zaguán, La Semana de Bellas Artes, Letras Libres y diversos suplementos culturales. Fue becaria del FONCA en teatro. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 1994. Ganó el Ariel de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas en 1979 por el guion de la cinta La tía Alejandra (dirigida por Arturo Ripstein), el Premio de Poesía Pluridimensional Juguete 1974 por Mariposa, el Premio de Poesía Pluridimensional Máscara 1975 por Ocho cuartos igual a dos humores, el Premio de Cuento Latinoamericano 1975 convocado por el Año Internacional de la Mujer, y los Premios Nacionales de Obra de Teatro en 1979, 1981 y 1983 por Bill (posteriormente Yankee), Un buen trabajo de piolet (posteriormente Rompecabezas) y Anatema (posteriormente Herejía), respectivamente.

 

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La rebeldía de una escritora

Martes, 20 de septiembre de 2016

Por Daniela Mohor.

Entrevista / El Mercurio, Chile.

Creció en la “alta sociedad” nicaragüense, pero a los 21 años se sumó a la guerrilla sandinista que derribó la dictadura de los Somoza. Premiada internacionalmente por su obra, Gioconda Belli habla aquí de su participación en la lucha armada en los 70 y del poder transformador de la literatura.
En uno de los mundos imaginarios de Gioconda Belli, hay un país en que las mujeres gobiernan. En ese mundo, la erupción de un volcán provoca una nube tóxica que hace bajar los niveles de testosterona de los hombres. Más dóciles, son ellos entonces quienes que se quedan en la casa y las mujeres aprovechan la oportunidad para modificar la naturaleza del poder: cambian el concepto de “ciudadano” por el de “cuidadano” -de cuidar-, dicen que van a “limpiar” el país, “barrerlo y dejarlo limpio como una casa lavada”. Crean salas cunas en todos los lugares de trabajo, pintan los carros militares de rosado, ponen a los violadores en jaulas y los exponen al público en los parques los fines de semana.

-Eso es lo que menos le gustó a todo el mundo -se ríe Gioconda Belli-. Pero pienso que hay que provocar, provocar la imaginación, porque esta novela, “El país de las mujeres”, lo que hace es decir, “¿por qué tenemos que pensar siempre de la misma manera?”.

Gioconda Belli, una mujer de estatura media, tiene una melena que recuerda la de un león y una mirada felina. Habla con voz pausada y con el acento cantado de su Nicaragua natal. Al verla aquí en Santiago -donde vino a presentarse en la Cátedra Abierta en Homenaje a Roberto Bolaño de la UDP-, sentada ante un vaso de agua, en un café frente al Museo de Bellas Artes, es difícil pensar que esta poeta, que se ha ganado múltiples premios internacionales de literatura y que ha sido condecorada con la Orden de Caballero de las Artes y las Letras de Francia, que esta literata que viaja por el mundo a dar charlas, ha publicado cerca de dos decenas de libros, traducidos a más de 14 idiomas, y es considerada como una de las iniciadoras de la renovación de la poesía en su país, haya sido alguna vez una revolucionaria.

Pero lo fue. Y no cualquiera. Gioconda Belli creyó en la lucha armada, fue miembro del Frente de Liberación Sandinista, tuvo que abandonar a sus hijos y salir huyendo de su país. Estuvo en fiestas con Fidel Castro, tuvo cargos en el gobierno sandinista tras el triunfo de la revolución en 1979. Y finalmente, dejó de lado la política y se fue a vivir a Estados Unidos con su actual marido, norteamericano.

Y si eso no parece hacerles sentido a algunos es solo porque no entienden que, desde su inicio, la historia de Gioconda Belli se ha desarrollado siguiendo un solo hilo conductor: la fidelidad a sus propias convicciones, aunque estas vayan cambiando; el no conformarse con lo que se espera de ella.

-Yo tengo mi filosofía aristotélica -dice-. ¿Cuál es el sentido de la vida? Es la realización de tu potencial. Eso ha sido para mí bien claro.

El fin de un espejismo

De acuerdo con lo que cuenta Gioconda Belli, de 67 años, nada en su infancia tranquila permitió presagiar lo rebelde que sería más tarde. La escritora -segunda de cinco hermanos, hijos de un comerciante de origen italiano y de una mujer muy moderna para su época- recuerda de su infancia los veranos en la playa de Poneloya -no muy lejos de León, la segunda ciudad de Nicaragua- adonde llegaba su abuelo con libros y le hablaba de las estrellas.

-Él nos acostaba en la playa y nos enseñaba todas las constelaciones, todos los equinoccios. Era un tipo enciclopedista, sabía todo.

La influencia de ese abuelo fue esencial en el despertar de la curiosidad de Gioconda Belli. Como lo fue también su madre, una mujer moderna, que fundó el Teatro Experimental de Managua y determinó su esencia de mujer. Una esencia femenina que recorre toda su literatura, en la que muchas veces las protagonistas se rebelan ante el destino que otros trazaron para ellas.

-Ella me afirmó mucho el valor de ser mujer, el celebrar el ser mujer. Y siempre me metió en la cabeza que yo podía hacer lo que quería. Me decía que yo era capaz de dar vida y tenía un cuerpo muy complejo en comparación con el de los hombres. Que eso me daba un poder extraordinario. Entonces, siempre me sentí poderosa.

A los 17 años, Gioconda Belli, tras estudios de periodismo y publicidad en los Estados Unidos, ya trabajaba. Solo tenía 18 años cuando se casó, de blanco y virgen, con un hombre con un esquema de vida más convencional que el suyo.

-Usted ha dicho que su vida antes de entrar al sandinismo era como un espejismo.

-Sí, porque, a pesar de que mi mamá me metió todas estas cosas en la cabeza, yo estaba programada para cumplir ese rol que les asignaban a las mujeres. Me casé muy joven porque quería independizarme y tener mi vida de adulta. Y me rebelé muy joven también, porque no me gustó esa sensación de que esa iba a ser mi vida. Cuando ya me sentí casada, metida en ese patrón de la sociedad nicaragüense muy tradicional, donde en las fiestas las mujeres se ponían de un lado a hablar de la píldora o del servicio doméstico, y los hombres hablaban de política y cosas interesantes, no me gustó la idea de que ahí se acababa.

Esa revelación la llevó a tener conflictos con su primer marido. Ella quería seguir trabajando, él quería una esposa modelo. Hasta que Gioconda Belli, ya madre, conoció en la agencia de publicidad en la que trabajaba a unos sandinistas. Y ella, que venía de una familia que se oponía al régimen de Anastasio Somoza, pero nunca había sido políticamente activa, decidió unirse a su causa.

-Fue muy lindo porque yo empecé a escribir poesía más o menos al mismo tiempo. Me integré al Frente (de Liberación Sandinista) y empecé a escribir en el 70, porque de alguna manera eso me liberó por dentro, me hizo sentir útil, me hizo sentir parte de un sueño, parte de gente que quería cambiar el país. Y me permitió escribir. Me afirmé. Me encontré.

Empezó escribiendo poemas, sensuales y románticos -“pornográficos”, según sus detractores- que despertaron suficiente interés en el mundo editorial como para que en 1972 se publicara su primer libro, “Sobre la Grama”, por el que se ganó el premio de poesía más prestigioso de su país en esa época.

-Siento que (antes) había una mirada de la mujer como objeto sexual, pero yo hablé como sujeto de mi propia sexualidad. Creo que ahí estribó el escándalo también, porque no fue que yo usara palabras fuertes, es una poesía muy llena de símbolos. Y ¡no es pornográfica! Pero hice una profesión de fe de mi propio ser mujer. No hay una posición de víctima, de vergüenza, de modestia, sino afirmativa, asertiva. Lo más importante es eso: pasar de ser objeto a ser sujeto.

-Volviendo a la política, ¿usted sigue creyendo en la lucha armada?

-No, ya no.

-¿Cuándo cambió eso?

-Es que ha cambiado la situación del mundo. Todos los que estuvimos en la revolución también vivimos la realidad de lo que pasa después y te das cuenta de que muchas de las ideas preconcebidas que teníamos no funcionan en la realidad. Por ejemplo, la idea del socialismo, de la dictadura del proletariado, todas esas cosas muy esquemáticas y dogmáticas. Lo que aprendimos fue que la libertad, la democracia, aunque no sea perfecta, es el sistema que mejor se adapta a nuestra mentalidad como seres humanos.

Durante sus años revolucionarios, Gioconda Belli fue “compañera” del actual Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y de su mujer, Rosario Murillo. Hoy sin embargo, la escritora critica al Jefe de Estado que buscará en las elecciones presidenciales de noviembre próximo mantenerse en el poder por un cuarto mandato en Nicaragua, y que ha sido criticado internacionalmente por concentrar el poder entre sus familiares, derogar leyes constitucionales para conseguir mandatos sucesivos y acallar la oposición con violencia policíaca, entre otras cosas. En entrevistas y columnas en medios internacionales, Gioconda Belli ha dicho que Ortega está instaurando un sistema “monárquico”, una nueva “dictadura”. Hoy habla de “desilusión”.

-Es tremenda. Ahorita estoy bien, pero hay un ex compañero (Daniel Ortega) que está volviendo a repetir toda la práctica política del dictador que echamos. Es sumamente desconcertante, doloroso y te da mucha rabia pensar en toda la gente que murió para liberar Nicaragua de este tipo de régimen y que se esté volviendo a instalar uno similar al que derrotamos.

Una doble vida

De su niñez, la escritora recuerda dos episodios específicos. Una muerte violenta y una manifestación.
-Yo desde muy niña había estado consciente de que estábamos en una dictadura que asesinaba a personas y era represiva. Uno veía fotos en los periódicos y a un estudiante lo mataron cerca de mi casa. Esa fue una de las primeras imágenes fuertes que tuve: ver la sangre en la pared y saber… Era un muchacho que jugaba béisbol con mis hermanos en el barrio y de repente lo matan. También recuerdo una manifestación que hubo. Empezaron a disparar y tuvimos que salir corriendo. Corrimos sobre cientos de zapatos. La gente salía corriendo y botaba los zapatos. Ahí murieron como 300 personas. Fue terrible. Fue otro momento en que me di cuenta de que con Somoza no había una salida cívica.

Al unirse al Frente, Gioconda Belli comenzó una vida de secretos. Le asignaron el rol de correo: le tocaba llevar a operativos clandestinos a distintos lugares de Managua o llevar cartas entre los sandinistas. También tuvo que extraer documentos, conseguir fondos, preparar casas de seguridad, organizar distintas acciones armadas, en las que nunca la dejaron participar.

-En esos tiempos ya tenía un perfil como poeta, me habían dado el Premio Casa de las Américas de Cuba, entonces había muchos foros a los que podía ir a hablar de lo que estaba pasando en Nicaragua, y hablaba inglés. Se consideraba que era más útil haciendo esas cosas -dice hoy.

Varias veces, mientras trasladaba a clandestinos tuvo que arrancar de los disparos de la policía somocista. Una vez la descubrieron y después de que negara toda participación en el Frente, una patrulla de seguridad del Estado la siguió durante meses. Vivió con miedo y vio a “compañeros” morir por la represión. El primer riesgo que esquivó, sin embargo, fue más doméstico: que la descubriera su marido.

-Cuando empecé a militar me daban papeles para leer: los estatutos, las medidas de seguridad. Entonces yo me encerraba en el baño, abría uno de los paneles que tenía arriba y escondía los papeles. Cuando me metía al baño me subía arriba del inodoro, los bajaba y los leía. Mi marido no supo que militaba hasta que me tuve que ir al exilio. Tuve que decirle porque tuve que huir de Nicaragua.

-O sea que tenían una relación muy distante.

-Sí y él tenía mucho miedo. No hubiera jamás participado en eso. Cuando tuvimos un problema que yo ya quería dejarlo, le dije “vos sos muy apático, nada te preocupa”. Entonces me dio una pistola para el Frente y dinero. Eso me sirvió enormemente, porque cuando me fui al exilio (primero a México, luego a Costa Rica), él quiso quedarse con mis hijas. Yo le dije “mándame a las niñas”, ya tenía dos, y él me dijo: “no, porque te voy a acusar de abandono del hogar”. Y las niñas ni siquiera las tenía él, se las fue a dejar a mi papá y mi mamá. Yo estaba desesperada, porque para ese tiempo ya me había condenado (en ausencia) un tribunal militar a siete años de cárcel. No podía volver a Nicaragua. Era fugitiva. Entonces se me ocurrió decirle: “Bueno, me voy a regresar y te hago responsable de lo que me pase y además, cuando me agarren y me torturen, les voy a decir que vos me diste un arma y dinero para el Frente Sandinista”. A la semana siguiente tenía a mis hijas en Costa Rica. Ellas tenían cinco y un año. ¡Tremendo! ¡Chiquitas!

En Costa Rica, Gioconda Belli siguió trabajando para el Frente, como miembro de la comisión político-diplomática. En el exilio también se volvió a casar y tuvo a Camilo, su único hijo hombre y el único en vivir hoy en Nicaragua, como ella. La relación no prosperó porque Gioconda Belli se enamoró de otro sandinista, a quien llama Modesto en sus memorias (“El país bajo mi piel”) y quien fue uno de los amores que más la hizo sufrir.

-Tenía la idea de que tenía que ser auténtica y seguir los dictados de mi corazón. Y he aprendido que hay dictados del corazón ¡que no conviene oír! -se ríe Gioconda Belli-. Vivíamos en el filo de la navaja. Decíamos “vivamos que mañana no sabemos”. Era una mentalidad diferente.

-¿Hoy se siente desencantada con la ideología que marcó esa época?

-No. Pienso que vivimos en sociedades muy desiguales y que la idea de un mundo más justo y equitativo no es el problema. El problema es cómo hacerlo. Necesitamos una gran dosis de imaginación para plantearnos cuál es la manera de abordar los problemas. No es un asunto ya de una ideología que derrote a la otra. Hay que ver cómo agarrar lo mejor de los dos sistemas y tratar de hacer un híbrido, una cosa nueva. Lo que encuentro triste es que no hemos podido salir del pensamiento rígido.

Una “freelancer”de la revolución

A mediados de los años 80, en plena guerra civil entre el frente sandinista y los “Contras” apoyados por Estados Unidos, Gioconda Belli conoció a Charles Castaldi, un periodista de la radio estadounidense NPR, quien había trabajado también en cine. Él llegó a entrevistarla cuando ella era vocera del Frente Sandinista en la campaña presidencial de 1984. Y no se separaron más. La relación, sin embargo, les trajo dificultades. Los sandinistas temían que Gioconda le revelara a su novio estadounidense información secreta. Y la escritora ha contado que el Departamento de Estado de Estados Unidos acusó a Castaldi de colaborar con los sandinistas y difundir su propaganda.

-Fue difícil, pero estoy acostumbrada, porque fue difícil empezar a escribir la poesía que escribí también. Y yo nunca le he dado mucha importancia a cómo me juzgan.

Mediados de los 80 también fue la época en que Gioconda Belli le dio un nuevo giro a su vida: decidió privilegiar su rol de escritora por sobre el político. Tenía la inquietud de escribir otra cosa que poesía y se lanzó.

-Fue difícil, porque me preguntaban “¿Qué estás haciendo?”, y yo decía “estoy en mi casa escribiendo”. No se oía muy bien porque estábamos en la revolución. Pero yo seguía haciendo trabajos, decía que era “freelancer de la revolución”.

Así nació su primera novela, “La mujer habitada”.

En 1990, Gioconda Belli y Charles Castaldi se instalaron en Los Angeles, donde él trabajaba en cine. Juntos adoptaron a Adriana. Para Gioconda, fue una maternidad diferente. Esta vez, fuera de la política, se pudo “dedicar a ser mamá”. En 2013, cuando Adriana entró a la universidad, la pareja regresó a Managua, donde Gioconda Belli siempre había querido volver.

-Ese es mi lugar en el mundo -dice.

Hoy trabaja en la redacción de una nueva novela, que ocurre en Francia en 1848 y que la llevó a investigar en archivos de la revolución en París. En su obra hay mujeres que se rebelan contra sus circunstancias (“La mujer habitada”, “El pergamino de la seducción”, “En la avanzada juventud”), hay utopías (“El país de las mujeres”, “Waslala”), hay relatos de amor y de guerra (“El país bajo mi piel”, sus memorias).

-¿Todas sus novelas tienen un trasfondo de reflexión social?

-Sí, porque creo que la literatura es transformadora. La posibilidad de ver otras vidas y cómo se transforman es lo que nos ayuda a reflexionar. Solo somos un nombre, tenemos una vida, un destino y la manera en que uno se multiplica y entiende la multiplicidad es a través del arte, de la literatura, del cine.

-Para usted, ¿ha sido más transformadora la política o la literatura?

-Ambas. Lo que enriqueció mucho mi vida fue participar en ese proceso político. No sería la misma escritora si no hubiera tenido esa experiencia, porque entendí lo que es el esfuerzo colectivo, lo que es realmente que se cumpla un sueño que has tenido. Aunque lo hayas perdido, no es cualquier persona la que cumple un sueño.

“Empecé a escribir poesía al mismo tiempo que me uní al frente Sandinista. Eso me hizo sentir útil, parte de un sueño, parte de gente que quería cambiar el país”.

“Creo que la literatura es transformadora. La posibilidad de ver otras vidas y cómo se transforman es lo que nos ayuda a reflexionar”.

 

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“Mi poesía se convirtió en algo peligroso” (Artículo publicado en Colombia)

La poeta y novelista nicaragüense Gioconda Belli reafirmó la figura de la mujer en su visita a Santiago de Chile para participar como ponente en la charla “La mujer que se revela, se rebela”.

En el marco de la Cátedra abierta en homenaje a Roberto Bolaño, Belli señaló en la charla, celebrada en la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales, que ella escribe “desde la perspectiva gozosa de ser mujer”.

“Las mujeres hemos sido objetos sexuales y cuando comencé a escribir como un sujeto sexual, mi poesía se convirtió en algo peligroso”, indicó la autora de títulos como “Línea de fuego” (1988), “El taller de las mariposas” (1994) o “El intenso calor de la luna” (2014).

Militante del Frente Sandinista entre 1978 y 1994, Belli puso en relevancia al conjunto de artistas, escritores, pintores e intelectuales que participaron en el proceso revolucionario en Nicaragua y lo comparó con la actual contribución en la política. “Ahora los libros son valorados como bienes de consumo y los escritores son considerados celebridades”, criticó la poetisa centroamericana, quien señaló que actualmente “Internet es un dios juguetón que tiró la manzana en la Torre de Babel”, en referencia a la importancia de la web dentro de los procesos políticos.

“Todavía no nos hemos dado cuenta de la capacidad extraordinaria que nos da Internet. No tengo la respuesta a cómo vamos a ocupar esos espacios, pero como creadora puedo dar algunas visiones”, indicó la autora de “La mujer habitada” (1988), título que vendió más de un millón de ejemplares en Alemania.

Belli es ganadora de varios galardones como el Premio “Casa de las Américas” por su libro “Línea de Fuego”, el Premio Pluma de Plata de la Feria del Libro de Bilbao (España) por “El pergamino” (2005), o su último reconocimiento, el Premio Biblioteca Breve de Novela, en 2008, por su libro “El infinito en la palma de la mano”.

Belli, otrora defensora de la Revolución Sandinista, cuestiona que el presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo busquen consolidar un poder absoluto en las elecciones de noviembre, y convertir a su partido en una “corte palaciega”, dijo el 25 de agosto a El Financiero de Costa Rica.

Ortega, quien aspira ganar su tercer mandato consecutivo desde que retornó al poder en 2007, nominó a Murillo como candidata a la vicepresidencia por el Frente Sandinista (FSLN).

Murillo será “una vicepresidenta fuera de lo común” porque “va a tomar el lugar del canciller, va a ir a representar a Nicaragua a los foros internacionales”, además de continuar administrando el gobierno junto con Ortega.

La escritora señaló que “el Frente está convertido en un súbdito. Ya no hay ninguna discusión dentro del FSLN”.

“Hay miedo y no hay alternativa. No ha surgido una fuerza política a la que la gente pueda seguir”, alegó, aunque “no pierdo la esperanza. La dialéctica es tremenda, todo puede cambiar de un día para otro”, subrayó.

Según Belli, los nicaragüenses tienen “una gran capacidad de resistencia”, pero también “un gran sentido de la justicia y de la libertad”, aseguró.

ENTREVISTA Diario La Prensa: Gioconda Belli “Esto va para monarquía”

Ver video de introducción en el siguiente link:

La escritora habla de sus años en el Frente Sandinista, de la inminente cuarta presidencia de Daniel Ortega y de la primera vicepresidencia de su examiga, Rosario Murillo.

Por Fabrice Le Lous

Bajo cielo encapotado, la terraza llena de verdor de la casa de Gioconda Belli, a las afueras de Managua, es el lugar perfecto para escribir. La semana pasada, sin embargo, la poetisa y novelista se escapó a un paisaje insuperable para enfrascarse de lleno en su nueva novela: una isleta de Granada. “Avancé mucho”, dice, y aunque no quiere revelar de qué trata el manuscrito, adelanta que el personaje principal es un ancestro suyo. Belli comenzó a escribir novelas en 1985. En esos años era militante del Frente Sandinista y amiga de Rosario Murillo. Consideraba enemigos a quienes criticaran el partido y pensaba que Nicaragua iba hacia el mejor de los caminos. “Para mí la revolución terminó en 1990”, dice ahora.

 

En esta entrevista, desde la blanca y cómoda sala de su casa, Belli recuerda los tiempos de la revolución y su degradación. Ofrece su punto de vista sobre la Nicaragua actual, con Daniel Ortega todavía presidente y su esposa, Rosario Murillo, candidata a la Vicepresidencia en los comicios de noviembre próximo, y asegura que eso que llamó hace unos años “la dictablanda de Ortega”, ahora no es dictadura, sino “monarquía”. Antes, eso sí, la autora nos cuenta de su actualidad y de su regreso a Nicaragua en 2013, pues vivió por más de 20 años en los Estados Unidos.

 

¿Qué hace hoy Gioconda Belli? ¿Sigue escribiendo?
Estoy trabajando en una novela que se desarrolla en el siglo XIX. Es sobre un ancestro mío que vino de Francia, entonces he tenido que meterme a estudiar bastante, pero no te puedo decir más.

 

¿Ya está viviendo aquí? Porque entiendo que vivió un tiempo en los Estados Unidos…
Sí, de 1990 a 2013 viví en Los Ángeles, pero venía cada tres meses. Nunca me despegué de Nicaragua. Tengo una relación muy profunda con este país. Es bien difícil vivir en un idioma y escribir en otro.

 

¿Por qué se fue a Los Ángeles?
En el 90 me fui con mi esposo (Charles Castaldi) porque yo tenía un trabajo portátil, él ya no quería ser periodista y quería seguir su sueño, que era el cine, y aquí no podía. Él y yo nos conocimos aquí porque yo era vocera del Frente Sandinista en la campaña de 1984, encargada de la publicidad, y él era periodista de NPR (Radio Pública Nacional de los Estados Unidos). Yo atendía mucho a la prensa extranjera y me entrevistó. Nos caímos bien. Me entrevistó de nuevo y nos caímos mejor, y así fue (ríe).

 

¿Cómo encontró a Nicaragua en 2013?
Es que yo quisiera dejar bien claro que jamás sentí que me fui de Nicaragua. Durante todo ese tiempo yo estuve constantemente viniendo a Nicaragua y pasaba la mitad del tiempo allá y la mitad del tiempo aquí, entonces yo no siento que hubo un rompimiento de mi afecto con Nicaragua. Por eso no es como que vine y de repente me encuentro con un país así. Además yo estuve involucrada políticamente con muchas cosas. Trabajé en la campaña de Herty (Lewites) por ejemplo, en 2006. Trabajé en la campaña de 1996 con Sergio Ramírez, del MRS (partido Movimiento Renovador Sandinista).

 

Cuando se fue a los Estados Unidos, ¿ya tenía reconocimiento por sus novelas?
Escribía más poesía. Empecé a escribir novelas en 1985. Después de las elecciones del 84 yo sentía una gran necesidad de escribir algo diferente de la poesía. Entonces decidí tomar medio tiempo en el trabajo, porque me dije: “Lo que escribo nadie más lo puede escribir. El trabajo que hago lo puede hacer otra persona”. Yo estaba en el Sistema Nacional de Publicidad, después de las elecciones. Hacíamos las campañas del Estado, de salud, pero también con la empresa privada. No me gustó el trabajo de administrar, porque yo soy bien creativa. Me gusta el trabajo de la publicidad creativamente. Trabajé mucho en la propaganda del Frente (Sandinista).

 

¿Qué sintió cuando las instrucciones pasaron de hacerle propaganda al Frente a hacérsela a Daniel Ortega?
A mí me parecía que lo original de la revolución era precisamente que no había una persona en la dirección, sino que era una dirección colectiva. Ese fue un aporte de la revolución nicaragüense a la historia de las revoluciones. Entonces en 1984 cuando se plantea que vamos a romper ese esquema y vamos a concentrarnos en una persona de los nueve, yo tuve mis contradicciones, pero después uno hacía lo que se decidía colectivamente.

 

¿Cómo se fue degradando la revolución?
Lo fui sintiendo en diferentes momentos. Por ejemplo cuando empezamos a relacionarnos con los Estados Unidos, yo veía que la actitud de los compañeros era dispuesta a confrontarse con ellos. En ese momento teníamos el apoyo del mundo, porque era una revolución joven, una revolución que se ganó el cariño de muchísima gente, sin embargo empezamos con una actitud confrontativa. Dejamos de estudiar textos de Sociología, hasta de marxismo, que era una de las cosas importantes del Frente durante su etapa de lucha. Cuando triunfó la revolución, al poco tiempo se comenzó a decir: “Ya no estudien eso, ahora vamos a estudiar los discursos de los comandantes”. Entonces, los comités de base pasaron de ser círculos de formación a ser círculos de vigilancia. Quién se estaba portando bien y quién mal. No sabíamos lo que era la democracia, para serte sincera. Habíamos vivido una dictadura de 45 años y para nosotros lo importante era romper con la injusticia social, con la represión. Y el Frente iba a hacer eso. Todo el que entorpecía el camino no tenía derechos.

 

¿Usted llegó a sentir desprecio por aquellos que no pensaban como usted?
Por los Contra sí. Porque ya cuando se armó la guerra era el enemigo. Pero en vez de tener una actitud más madura, Daniel Ortega decía, por ejemplo: “Nosotros no queremos hablar con los perros. Queremos hablar con el dueño de los perros”. Que era Reagan. Al final acabaron hablando pero después que se murió un montón de gente.

 

Los perros eran nicaragüenses, eran hermanos…
Exacto… Y una de las maravillas que yo sentí cuando se terminó la revolución, que para mí fue en 1990, fue la capacidad de conciliación que tuvimos los nicaragüenses. Y yo eso se lo atribuyo a doña Violeta. Yo creo que ella maternizó a los nicaragüenses, fue capaz de lograr con un ejercicio muy femenino del poder, que no nos matáramos entre nosotros. Y creo que Daniel al principio, cuando estaba luchando por volver al poder, trató de mantener ese espíritu, cuando puso a Jaime Morales Carazo de vicepresidente.

 

¿Y ahora?
En términos estrictos, ahorita estamos en un sistema prácticamente monárquico. Porque es un sistema que está ungido. Hasta eso se ha dicho ¿no?, que Dios eligió a los diputados. Está ungido por Dios. Así pasaba en la Europa medieval, donde los reyes pasaban el poder que recibían de Dios a sus hijos, a la reina. Hay una visión de fortalecer el poder, no una visión de país. O sea, está bueno que le den zinc a la gente… El populismo tiene su lado bueno, que venga un gobierno que dé cosas es importante, ¿pero a cambio de qué? Restarle libertades a las personas, concentrar el poder y convertirse ellos en los que deciden lo que está bien y lo que está mal. Y es una sociedad bien extraña. Se recibe el dinero de la empresa privada, se les respeta, pero no se les da voz ni autoridad para que opinen sobre cómo hacer para que el país produzca más.

 

¿Usted piensa que en eso Ortega ha aprendido, que continúa con el populismo pero no descuida la relación con la empresa privada?
Yo pensaba que habían tenido una actitud bastante inteligente, hasta cierto punto. Pero pienso que ya se enredaron. En este momento que estamos viviendo ya vamos para la destrucción.

 

¿Por qué destrucción?
Porque vamos hacia un país con miedo. La gente no va a poder hablar. Ya el poder va a estar tan concentrado que no habrá posibilidad de diálogos. ¿Por qué tuvieron que cancelar a los partidos políticos más importantes? Los han ido cancelando uno por uno, a los que realmente son oposición. ¿Por qué tuvieron que crear esa ficción de oposición? ¿Por qué tuvieron que quitar a los diputados que habían sido elegidos con el 30 por ciento de los votos? Eso a mí me pareció inaceptable como nicaragüense.

Gioconda Belli. LA PRENSA/Jader Flores.

Gioconda Belli. LA PRENSA/Jader Flores.

Esas preguntas son válidas porque incluso en la práctica esos opositores no lograban mucho porque los sandinistas tienen mayoría absoluta en la Asamblea desde hace mucho.
Yo pienso que perfectamente pudieron haber seguido. Y era muy sano para el país tener una oposición real.

 

Que de todos modos no hacía gran cosa…
No importa, porque les fueron quitando lugar. Desde que le quitaron la personería jurídica al MRS en el 2008, ahora le quitan la legalidad, entonces la gente dice: “Es que la oposición es desordenada”, ¡pero en realidad la oposición no ha podido actuar! Yo pienso que esta campaña de la oposición hubiera sido importante para consolidar la oposición. Tal vez por eso los quitaron.

 

Sí, porque miedo a perder las elecciones no hay porque el Consejo Supremo Electoral lo controla el Frente.
Eso es lo que yo no entiendo… Yo pienso que por ejemplo Rosario ha sido en parte víctima de un poder que está basado en la inseguridad y la necesidad de control. Daniel Ortega le debe su poder, en gran medida, a la capacidad de organización que tiene Rosario. Ella ha logrado convocar a los jóvenes, maquillar al país, que eso ha tenido un impacto psicológico bien importante en la gente. Pero yo me pregunto, ¿cómo es posible que este hombre (Ortega) que ya sabía que ella iba a ser vicepresidenta, no la proclamara el 19 de julio? ¿No le diera a ella el gusto de que esa plaza la saludara? Y la llega a inscribir a la última hora del último día que se podía inscribir un vicepresidente. ¿A qué atribuís eso? Yo lo veo como machismo. Como estarle regateando. Y quién sabe cuántas cosas pasaron para que ella pudiera aspirar a ese cargo. Ahora, ese cargo, constitucionalmente, es de decoración. Ella le va a dar otro significado.

 

Sí, porque si pensamos en Halleslevens, casi no se le recuerda en algo importante en los últimos 10 años.
Sí, pero ella legalmente debería renunciar a su puesto de secretaria de Comunicación y Ciudadanía, que es inventado, pero que funciona como un ministerio. Ahora como vicepresidenta va a poder sustituir a Daniel en foros internacionales.

 

Y también lo va a poder sustituir en caso de que le pase algo malo a su salud.
Claro, y eso es algo que se anda diciendo. Que a lo mejor Daniel sabe que le va a pasar algo y le está dejando el poder arreglado.

 

Rosario Murillo será la nueva vicepresidenta, ¿pero no era ya algo así como la presidenta en funciones?
Pues sí. Era como copresidenta. Eso ya lo tiene claro todo el mundo. Yo pienso que mejor ella hubiera sido la candidata a presidenta porque al menos hubiéramos cambiado de cara. Pero es como darle poco, a pesar de que ella ha sido el motor del poder de Daniel Ortega.

 

¿Usted conoció bien a Rosario Murillo?
Yo la conocí desde que estábamos conspirando contra Somoza porque yo llegaba a La Prensa a dejar mis poemas y ella estaba ahí, de secretaria. Y después ella empezó a escribir poesía.

 

¿Llegaron a ser amigas?
Sí, éramos amigas. Incluso cuando ella se fue al exilio en Panamá, que acababa de tener al niño que se llama Tino, que es de Carlos Vicente Ibarra. O sea, Daniel no había aparecido todavía, ella estaba en una situación muy difícil y yo le dije: “Venite para Costa Rica, te hospedás en mi casa y yo te voy a ayudar”. Entonces ella estuvo en mi casa dos meses con Zoilamérica, Rafael y Tino. ¡Así éramos de amigas! (sonríe).

 

¿Cómo era ella entonces?
En ese tiempo Rosario se quería separar del Frente. Quería ir a estudiar cine a París. Ella después cuando ya se va a trabajar a otro lado y se va de mi casa, ahí es cuando se empata con Daniel Ortega. ¡Salió de mi casa y se enredó! (ríe). Rosario es una persona muy complicada, muy personalista, muy de que ella tiene la razón. No es muy democrática en su corazón y cuando los escritores empezamos a plantear asuntos críticos de su gestión y nos opusimos a que transformaran la Unión de Escritores ASTC en una institución gubernamental de un día para otro, ahí tuvimos un enfrentamiento grande los escritores y pintores con Rosario Murillo. Y nos acusaron de estar dividiendo a la revolución, de estar dividiendo al Frente. Así era como se acallaban los conflictos, pero nosotros seguimos hasta que nos amenazaron con expulsarnos del Frente y tuvimos que ceder. Para nosotros en ese momento la militancia era un valor muy importante.

 

Por aquellos años, ¿qué creencias espirituales se le notaban a Rosario Murillo?
Esa es otra cosa bien rara para mí. Ella tiene un lenguaje bien mesiánico y bien complicado. Era una mezcla de supersticiones. Yo no sé qué es ella. Cuando ella empezó a salir en política, ya al lado de Daniel, ella hablaba eso que llaman “New Age”. La era de acuario, la energía y todo eso. Sus primeros discursos no eran religiosos. Y ella escribía artículos de opinión en los periódicos y firmaba como “Luna Llena”, “Luna Cuarto Menguante”. Estaba completamente metida en otra onda. Y de repente se metió en la onda religiosa. No sé si hubo una conversión… Normalmente la gente cuenta su conversión. Yo creo que se dio cuenta que así conectaba con el pueblo pero creo que no tiene mucho fondo.

 

¿Usted ve a Ortega y Murillo como una pareja sentimental o una alianza política?
Yo creo que las dos cosas. La relación de pareja cuando le metés el proyecto político común, ya es más profundo. Es como una argolla que cierra la relación de pareja. Se puede afectar pero los mantiene unidos el proyecto político en común. No sé cuán felices sean pero yo pienso que la felicidad para ellos no es la pareja, es seguir trabajando en ese proyecto político y lograr lo que quieren. Desafortunadamente yo pienso que los dos son muy inseguros. Los dos tienen miedo porque no se puede entender de otra manera, psicológicamente, lo que está pasando ahorita con Nicaragua. Es un miedo que no tenían. Estaban actuando no de manera regia, yo nunca he estado muy feliz con lo que ha pasado, pero por lo menos veía que tenían una actitud más abierta. Pero ahora pienso que perdieron la cordura. ¿Por qué llevar al país a esta situación, cuando lo tenés tan controlado?

 

¿Cree que es un miedo político a ser reemplazados o es un miedo a la muerte?
Yo pienso que es un miedo político porque uno no piensa que se va a morir hasta que te dicen que estás moribundo. Pero tiene que ver con esa visión de que el pueblo no se salva sin ellos. Si te ponés a pensar es triste. ¿Cómo este país en 37 años no ha producido un recambio de liderazgo en el Frente? Ortega cree que nadie puede reemplazarlo. Ni siquiera la Rosario Murillo, que es la persona que más comparte su proyecto político. No ha creído.

 

¿Ortega y Somoza son la misma cosa?
Yo pienso que la similitud tiene que ver con el ejercicio del poder. Con esto que está haciendo Daniel, ahorita, quedarse en una Asamblea con solo partidos aliados de él a los que les paga por estar ahí; haber borrado la no reelección de la Constitución, haber elegido a su esposa como vice. Todo eso tiene que ver con el ejercicio del poder y así era en los tiempos de Somoza. La represión todavía no está al nivel de tiempos de Somoza. Esperemos que no llegue a ese nivel, pero ya ha habido represión. Ocupa INSS, las manifestaciones, las deportaciones… Ya se va pareciendo más. Pero los dos eran poder absoluto. Y el ciudadano se queda sin ningún instrumento para cuestionarlos. Entonces el que está en el poder puede decidir por la vida y la muerte de todos nosotros.

 

¿Ya podemos llamar Nicaragua una dictadura o sigue siendo una palabra fuerte?
Yo hablé de la “dictablanda” pero creo que van para la monarquía. Están dictando lo que va a pasar aquí. ¿Qué tan dura es? Para los que queremos opinar, los que queremos votar por alguien de nuestra elección, está dura.

“Es un sistema ungido. Se ha dicho que Dios eligió a los diputados. Está ungido por Dios. Así pasaba en la Europa medieval, donde los reyes pasaban el poder que recibían de Dios a sus hijos, a la reina”. Gioconda Belli. LA PRENSA/Jader Flores.

“Es un sistema ungido. Se ha dicho que Dios eligió a los diputados. Está ungido por Dios. Así pasaba en la Europa medieval, donde los reyes pasaban el poder que recibían de Dios a sus hijos, a la reina”. Gioconda Belli. LA PRENSA/Jader Flores.

Plano personal

Gioconda María Belli Pereira, de 67 años, se describe con humor como “una mujer en avanzado estado de juventud”.
Su tendencia política es “la izquierda democrática”.
Tiene tres hijas y un hijo de tres matrimonios y su última alianza está por cumplir los 30 años.
En sus ratos libres se divierte leyendo, viendo series como House of Cards o Outlander, haciendo ejercicios, yendo al cine o saliendo a comer con amistades. “Soy fácil para divertirme”, dice.
Entre sus libros preferidos están Los Cuatro Cuartetos, de T.S. Elliot y Rayuela, de Julio Cortázar.
Su comida favorita es el sushi.
No cocina pero asegura que el pollo al curry le queda rico.
Le gusta la frase de Mark Twain: “Dejar de fumar es fácil. Yo ya lo dejé unas cien veces”, y la practica. “Hoy dejé de fumar, de hecho”, dice.

DW entrevista a Gioconda Belli

Gioconda Belli: “Ortega y su esposa mandan absolutamente”

 

¿Quiénes son “los 27” intelectuales y políticos opositores que llaman al “abstencionismo activo” en las elecciones presidenciales de Nicaragua? DW habló con una de ellos, la novelista y poetisa Gioconda Belli.

A Gioconda Belli se le conoce, sobre todo, como poetisa y novelista. Se le recuerda, también, como luchadora antisomocista, exmilitante y exfuncionaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Pero Belli se desligó del “Frente” en 1994, cuando se convenció de que “Daniel Ortega estaba tratando de usurpar el poder para sí mismo”.

Junto a otros prominentes escritores nicaragüenses como Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez, Belli apoyó en lo sucesivo al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y ha criticado abiertamente al Gobierno de Ortega, últimamente, como Cardenal, desde el llamado “Grupo de los 27”.

DW: ¿Qué une a “los 27”, entre los que aparecen nombres como el suyo o el de Cardenal, pero también el de Enrique Zelaya, exjefe de la “contra” que combatió al sandinismo en la década del 80?

Gioconda Belli: El grupo se formó a partir de una memoria que había, de 1974, cuando un grupo de organizaciones se juntaron para sacar un comunicado que decía “¡No hay por quién votar!”, a partir de una elección de (Anastasio) Somoza. Se decidió que había que revivir esa memoria, puesto que estábamos enfrentados con una situación similar, cuando Daniel Ortega cerró las oportunidades para que hubiese una observación electoral independiente y también porque se canceló la personalidad jurídica de la fuerza de oposición más importante del país, el Partido Liberal Independiente (PLI), segundo en las elecciones de 2011.

Igual que otros destacados literatos nicaragüenses como Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal (foto), Gioconda Belli apoyó al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) durante las elecciones de 2006. Igual que otros destacados literatos nicaragüenses como Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal (foto), Gioconda Belli apoyó al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) durante las elecciones de 2006.

En este caso no son organizaciones gremiales. Son personas que han tenido una posición crítica con relación al Gobierno de Ortega. Y sí, hay de todo. Hay gente que estuvo en la “contra”, en la oposición, en el sandinismo. Las cosas han cambiado en Nicaragua y nos encontramos con enemigos del pasado que tienen posiciones similares a las nuestras, que somos gente de izquierda que no estamos satisfechos con la forma en que está procediendo este Gobierno, porque está aboliendo toda la institucionalidad del país.

¿Qué esperan obtener con el “abstencionismo activo” que promueven?

El abstencionismo activo tiene que conducir a llamados a la población. Como no hay observación electoral, nos hemos constituido en un grupo que va a tratar de pronunciarse frente a diferentes atropellos a la libertad que existen en el país en estos momentos. Entre los atropellos está el hecho de haber descalificado a toda la oposición que tenía más posibilidades de sacar un buen número de votos (que sacó más del treinta por ciento en las elecciones pasadas).

Dentro de una maniobra hecha a través de la Corte Suprema de Justicia, le quitaron la personalidad jurídica al PLI, en el que una coalición grande se iba a juntar para poder participar en las elecciones, y lo sustituyeron por unos grupos que no tienen ningún peso ni representatividad política en el país en este momento. Aquí históricamente se les ha dicho “zancudos” a esos grupos, iguales a los que usaba Somoza para hacer parecer que existía una oposición, pero es una oposición totalmente irrelevante, infiltrada, montada y financiada por el Frente Sandinista.

“Los 27” hablan de la “mascarada electoral que ensaya la dictadura”. ¿Cómo describiría usted el estado de la democracia a las puertas de las elecciones en Nicaragua?
El estado de la democracia está muy golpeado por una centralización del poder que ha roto la división Estado-Partido, que ha dominado todas instituciones de poder en Nicaragua: el Consejo Supremo Electoral está controlada por Daniel Ortega, la Corte Suprema de Justicia, el Ejército, la Policía, la Contraloría, todas las instituciones que deberían supervisar al Ejecutivo y crear un control y balance de poder están anuladas.

El resultado es que se está violando la Constitución, que se empezó a violar cuando Daniel Ortega se reeligió por segunda vez, pese a que en la Constitución estaba declinado ese derecho. No se podía acceder a una reelección continua sino que había que esperar un período. Él hizo una demanda y −con este dominio que tiene sobre la Corte Suprema−, como “cualquier ciudadano tiene derecho a elegir y ser electo”, apeló contra la Constitución y la Corte Suprema le dio el derecho a reelegirse, violentó a la propia Constitución del país. Por eso nosotros hablamos de una situación que se parece a la situación que tenía Nicaragua durante el régimen de Somoza.

¿”Los 27″ comparan al Gobierno de Ortega con la dictadura de Somoza?

Yo personalmente pienso que es diferente, que no es la misma cosa en términos de represión, de manejar, por ejemplo, al Ejército contra la propia población. Eso no se ha dado todavía. Ha habido momentos en que ha habido represión de la policía hacia la ciudadanía. Han expulsado del país a varias personas. Yo no lo compararía en términos represivos con el régimen de Somoza, pero en términos institucionales están creando una situación similar.

El grupo habla también de las “pretensiones dinásticas del régimen”…

Sí, este es un Gobierno donde el presidente y su esposa concentran todo el poder y se ha pasado a las bases esta idea de que son ungidos por la Historia y por Dios para estar en el poder. Y en ese sentido es que yo comparo la situación que tenemos ahora con una idea monárquica, de monarquía absoluta, no de una monarquía constitucional, porque están concentrando el poder a un nivel tan intenso que Ortega y su esposa mandan absolutamente en el país… O sea, “el Estado soy yo”, de Luis XIV, es más o menos lo que está pasando aquí.

Ernesto Cardenal ha descrito a Daniel Ortega como “un traidor de los ideales del héroe Augusto César Sandino”. ¿Cómo describe usted hoy a Ortega, el hombre y el político?

Daniel Ortega es una personalidad compleja que pienso que tiene una profunda inseguridad y miedo de que exista una oposición conformada en el país. Nosotros creemos que tiene que ver un poco con su relación con Venezuela, que está viendo lo que pasa cuando hay una oposición con arraigo y posibilidad de optar a cargos públicos. Entonces parece que él decidió que no hubiese oposición en Nicaragua, “cortarla por lo sano”.

En 2008 ya le había quitado la personalidad jurídica al Movimiento Renovador Sandinista, un partido que formamos en 1996 los que nos salimos del Frente Sandinista en 1994. Ese partido se ha tenido que aliar con el Partido Liberal Independiente para tener opción a usar una casilla electoral. Pero ahora al PLI le quitaron su casilla. Le quitaron su casilla al Partido de Acción Ciudadana. Han dejado sin voz y sin voto a la oposición.

¿Cómo se describe usted, a sus 67 años, en esta Nicaragua, frente a este FSLN y este Ortega?
Me defino como una persona que sigue empeñada en lograr lo que queríamos lograr cuando hicimos la revolución: un país democrático, un país progresista, un país que tuviera una Justicia fiel a nuestros principios. Pero también hemos evolucionado, no podemos comparar el sandinismo que triunfó en 1979 con las aspiraciones sandinistas que hemos tenido después.

Después de la derrota electoral (en 1990) hubo un examen de conciencia. Había pasado la perestroika, había caído el Campo Socialista. Un grupo de nosotros planteó una democratización profunda del partido y una adaptación a una izquierda más moderna y más democrática, internamente y hacia afuera.

Ahí ocurrió el gran choque que tuvimos con Daniel Ortega, porque él todavía tiene la ideología de esa izquierda del 60 y 70, que todavía piensa en la “dictadura del proletariado”; aunque ha sido muy hábil en lograr una gran coalición con el sector económico más fuerte (que tiene mucho miedo de hablar porque cree que va a perder los privilegios que Ortega le ha concedido).

¿O sea que Ortega no tiene que temer a lo que Nicolás Maduro llama, en Venezuela, “la guerra económica”?

Depende, porque cuando se cierran todas las avenidas políticas, empieza a crearse un sentimiento de incertidumbre alrededor de qué es lo que la clase política va a hacer, y eso va a afectar sin duda su matrimonio con la clase económica dominante… Puede ser que Ortega se esté preparando también para el cese de la ayuda económica de Venezuela hacia Nicaragua, que eran 3.500 millones de dólares. Eso va a afectar también a la economía del país.

*El último manifiesto del llamado “Grupo de los 27” está firmado por: Ernesto Cardenal, Adolfo Bonilla, Fabio Gadea Mantilla, Gioconda Belli, Carlos Tunnermann Bernheim, José Luis Velásquez Pereira, Frank Lanzas, Enrique Zelaya (Doctor Henry), Edmundo Jarquín, Gabriel Álvarez Arguello, Sofía Montenegro, Sergio Boffelli Acosta, Cirilo Antonio Otero, Julio Icaza Gallard, Edipcia Dubón, Monique Ninette Blanco Sarria, Roger Arteaga, Enrique Sáenz, Azahalea Solís, Carlos Langrand Hernández, Michele Najlis, Alejandra Castillo, Moisés Julián Castillo Soza, José Antonio Peraza Collado, Octavio Ortega, Ana Margarita Abaunza Sedda. En los anteriores firmaba también Vidaluz Meneses, recientemente fallecida.